Una comedia romántica de otro tipo, V.O.S. podría ser definida como una cruza catalana entre Eric Rohmer, el Woody Allen más autoreflexivo (el de Recuerdos y no tanto el de La rosa púrpura del Cairo) y la contemporánea Synecdoche, New York, del norteamericano Charlie Kaufman. Cuatro personajes cuarentones –dos mujeres y dos hombres– conversan todo el tiempo sobre sus miedos y ambiciones; en la calle, en el auto, en la mesa. Y en el medio de sus historias y conflictos, la presencia de las cámaras, de un escenario, del maquillaje y del público. Dónde termina una cosa y comienza la otra ya no importa, lo atractivo pasa a ser, precisamente, cómo ambos mundos (de un lado y otro de la pantalla) se retroalimentan y potencian una misma historia. Para su quinto largometraje de ficción, Cesc Gay continúa expandiendo las fronteras de su universo audiovisual, poniendo en crisis los procedimientos narrativos tradicionales y la idea de un cine basado en hechos reales. Evidenciando, como muchos otros grandes cineastas antes que él, que el procedimiento transparente de presentarse como “real” es el mayor artificio jamás creado por el cine. |