“La clásica historia de amor del tipo te odio, no, esperá, me gustás, mi hermano es sordo, bajemos por la calle montados en un colchón.” Así, con este slogan desconcertante, se anuncia el pequeño y sensible debut con destino de culto de los hermanos Lewis. Que, lo que no tiene de clásico en su tratamiento, lo tiene en su tema: el amor y sus contrariedades, sus obstáculos, sus asimetrías. El amor de Archie por su hermano sordo Billy lo lleva a prácticamente secuestrarlo, robárselo a su hermana y tutora para proveerle un día de libertad y diversión, y fabular un absurdo intento de cura para su discapacidad que consiste en atarle un micrófono de juguete a la cabeza. Y el amor de Archie por Sophie, su amiga, compañera, confidente y quizá –no se sabe, hay ahí una ambigüedad que no tiene por qué resolverse– también su novia. El tiempo se va entre bromas infantiles, pequeñas competencias y juegos que pueden consistir en imitar el acento inglés o –a veces las cosas se ponen más escatológicas− escupirse a la cara y abofetearse. O en deslizarse por la ciudad a bordo de un colchón con rueditas. Esas pequeñas pavadas cotidianas en las que a veces invertimos nuestros sentimientos más genuinos. |