En 1964, Henri-Georges Clouzot –le mystére Clouzot– comenzó a filmar uno de sus proyectos más ambiciosos. La película en cuestión iba a llamarse L’Enfer. Y sólo “iba a”, porque la deserción de su protagonista masculino y las dudas (además de un ataque al corazón) de Clouzot, entre otros motivos, hicieron que nunca se terminase. Exactamente 40 años después, la viuda del director facilitó las 185 latas de película sobrevivientes del proyecto a Bromberg y Medrea, quienes se encargaron de seleccionar imágenes del film, pruebas de cámara incluidas, y de sumar recreaciones de escenas del guión original nunca rodadas (representadas por Bérénice Bejo y Jacques Gamblin) y entrevistas al equipo de la película: Costa-Gavras, William Lubtchansky, entre otros. Y, sobre todo, de rescatar una serie de experimentos y ensayos visuales realizados por Clouzot en los que todo parecía estar permitido y todo era llevado al límite: el uso del color, las luces y las sombras, las lentes, el maquillaje, los decorados; todo para dar una imagen del mundo visto a través de la paranoia celosa del personaje de Serge Reggiani, interpretando al marido de una bellísima y joven Romy Schneider. |