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Guilty of Romance
Culpable de romance / Koi no tsumi
Hay algo que siempre llama la atención en las películas japonesas: no importa su grado de bucolismo, siempre hay una pulsión a punto de estallar -y de modo violento, terrible, absoluto. Es lo que pasa en esta película que es al mismo tiempo cruel y humana. O, digámoslo mejor, que es cruel porque es humana. Una mujer reprimida comienza a ingresar en el mundo de la perversión sexual. Hay telenovelas al respecto, es cierto. Pero Sion Sono hace que el cuerpo humano sea como el paisaje en el melodrama: el campo donde los estallidos se vuelven gráficos. Con una mano segura, trabajando con las sorpresas en esos tres momentos que narra la película, el realizador pone en tela de juicio nuestros lugares comunes morales. Pero su film no es, en modo alguno, una celebración del “todo es posible” del cine. No es, en efecto, algo como El juego del miedo, donde el horror y el desmembramiento son sólo una especie de demostración de lo que puede la tecnología en la violación del cuerpo y su integridad (no solo física). Aquí se trata más bien de un extremo posible (pero no obligatorio, y el film se encarga muy bien de dejar sentadas las posibilidades) de lo erótico. ¿Qué es el deseo, a dónde lleva, en qué medida lo que deseamos choca contra los límites morales, qué sucede cuando se traspasan? Esas son algunas de las preguntas; la fundamental es ¿dejamos de ser humanos cuando llevamos las pulsiones al extremo? ¿No es paradójico que algo que nos pertenece por naturaleza nos desnaturalice socialmente? Como en todo policial -y en algún sentido un poco amorfo Guilty of Romance lo es- hay un misterio a develar. Sólo que aquí el único que se resuelve es el que el film utiliza como bastidor. Las otras preguntas, que incluyen cuestionarnos qué nos excita y qué nos causa repulsión, se responden mirando la película. Que sí, es una experiencia extrema, pero que también -y por eso mismo- forma parte de la poesía. Leonardo M. D´Espósito
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