En el «Kombit» está la fuerza


La historia del saqueo de América Latina tiene capítulos que datan desde hace más de 500 años y otros que se suceden ahora mismo. La particularidad de los más nuevos es que se visten con el traje de la paz democrática para asistir a la fiesta de disfraces de la atrocidad. Kombit es la mano que desenmascara a los impostores y que, con bellos paisajes y testimonios profundos, le da voz a aquellos que solo tienen el silencio de sus campos de arroz y la quietud de sus noches sin luz.

La obra de Aníbal Garisto narra estas penurias con el ojo de quien las padece

En 2004, tras un clímax de inestabilidad social y política, el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas decide establecer la Misión de Estabilización de las Naciones Unidas en Haití (MINUSTAH). En la resolución 1542, el Organismo Internacional aboga por "preservar la soberanía, la independencia, la integridad territorial y la unidad de Haití". No es difícil suponer que lo que se proponía esta Misión -planteada por 6 meses- no sucede. 11 años después es vista como la principal causante de la infinidad de problemas que tiene el país.

La obra de Aníbal Garisto narra estas penurias con el ojo de quien las padece, como si fuera un campesino haitiano más, que sufre las vejaciones impulsadas por Estados Unidos -casualmente el país coordinador de la ONU-. En cada plano se expresa la injusticia sufrida y la certeza de no bajar los brazos. A través de los propios oprimidos logra transmitir -en poco menos de una hora- el espíritu del kombit, esa forma noble de organización de los más débiles, que ven en la unión la única forma de luchar contra la injusticia irrefrenable.

Kombit es, también, una puerta que se abre hacia un lugar del que muchos sabemos muy poco. Tras unos pocos minutos de película uno se siente identificado con los habitantes del Valle del Artibonite. La sucesión de planos del paisaje natural -con una excelente fotografía-, el foco en el trabajo artesanal y los testimonios fundamentados de los propios haitianos pensándose a sí mismos, son verdaderamente conmovedores. Dan ganas de gritar contra ese Estado que no valora los granos de arroz que crecen en sus suelos y prefiere los de las empresas estadounidenses instaladas en su territorio, con máquinas manejadas por campesinos del arroz vueltos obreros del arroz, por menos de un dólar por día.

La película impulsa una sensible identificación con esos hermanos que están tan lejos y tan silenciados. 

El mecanismo es macabro y conocido. Pero a esta aniquilación paulatina se le suma la "ocupación imperialista": los protagonistas de la película definen de este modo a la MINUSTAH. De manera artísticamente sensible, la película muestra que esta misión "estabilizadora" se ha dejado de preocupar por garantizar la paz social y ha pasando a defender militarmente la ganancia que las empresas estadounidenses multiplican a costa de la vida de los haitianos.

Pero la luz siempre termina por quebrar los muros de oscuridad. Debe ser así, tiene que ser así. Es visto con esta creencia que Kombit se transforma en una inyección de esperanza. Así, además de una investigación eficiente, con un combo de sutiles caricias y datos demoledores, la película impulsa una sensible identificación con esos hermanos que están tan lejos y tan silenciados.

 

SA 31, 16.40, ALD 6
DO 1, 11.00, ALD 6
LU 2, 13.50, ALD 6

 Cristian Cimminelli


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