«Es una película que no ofrece respuestas. Hace preguntas»


Benjamín Naishtat presenta su película El movimiento en Competencia Argentina; un relato original de revisionismo histórico, de crítica social, con actuaciones brillantes y un guion sin fallas. Interesante visión de la historia argentina, en la que la utilización de la luz, los claroscuros y los primeros planos son los protagonistas. El movimiento nos invita a reflexionar sobre nuestro pasado, nuestro presente, y las increíbles formas narrativas que nos proporciona el cine.

¿Cómo surge la idea de El movimiento?

Vengo trabajando temáticas históricas en varias producciones. En 2011 hice un video experimental, Historia del Mal, donde hice una recreación de la Conquista del Desierto de 1879, en la ciudad de General Roca, Río Negro), luego entrevistando a los extras del lugar para saber qué pensaban sobre la historia de la distribución de tierras. El Movimiento surge cuando desarrollo un interés por la época de la Mazorca o Sociedad Restauradora, es decir cierta fuerza de choque político que surge en un período de crisis del Rosismo, hacia mediados de la época del 30. Luego, la película es libre de cualquier referencia concreta y tiene mucho de alegórico, intentando no atarse a personajes o hechos puntuales de la Historia.

  

 

Realmente parece un desafío marcar climas con primeros planos y solo iluminación, claroscuros. Vos lo lográs de manera increíble. ¿Cuáles fueron las decisiones a nivel técnico para lograrlo?

Se trabajó con poquísima iluminación eléctrica, se usó mucho fuego, se intentó no hacer puestas puntuales. Dicho eso, algunos contratiempos, como el viento, hicieron abandonar ideas iniciales de bolas de luz y nos limitaron un poco. Pero al filmar gran parte de la película en planos cerrados pudimos controlar bastante bien el look que buscábamos junto con la fotógrafa Soledad Rodríguez.

¿Cómo fue el trabajo de investigación histórica y cómo se fue volcando en el guion?

Trabajé asesorado por una historiadora, Milena Acosta, valiéndome de mucha bibliografía de diversa índole, también visitando el Centro de Estudios Juan Manuel de Rosas, y lugares como el Museo del Círculo Militar para cuestiones técnicas como el uso de los cañones de guerra en aquel tiempo. El guion se alimentó entonces de diversas fuentes, sin perder nunca un deseo de tener matices absurdos y conectados con el presente.

Más allá que está anclado en la Argentina, en 1835, época de la Confederación, lo que se plantea, podría haber ocurrido en otro tiempo, en otro lugar. ¿De qué manera trabajaste esa particularidad en tu película?

La película tiene quizás un halo atemporal pero esto no es mérito de la misma sino de la propia Historia Argentina, terriblemente cíclica y enfrascada en los mismos debates desde la Revolución de Mayo en adelante. Queda en el espectador establecer esas relaciones y sacar sus conclusiones. Es una película que hace preguntas, no viene a ofrecer respuestas.

Hay una fuerza en las interpretaciones, los primeros planos, los gestos sutiles y extremadamente elocuentes. ¿Cómo trabajaste ese aspecto con los actores?

Tuvimos un tiempo limitado de ensayos, pero se trabajó con actores de primera línea, encabezados por el enorme Pablo Cedrón. Primero tuvimos discusiones sobre Historia, repasamos el contexto, luego ensayamos las escenas con un énfasis en lo técnico, es decir en el habla, en los gestos, en las cabalgatas, buscando realismo para esos aspectos de época. También hubo un gran aporte de los extras del pueblo de Carhué, muy dedicados, y algunos incluso con enormes aptitudes para la actuación frente a cámara, como un joven que aparece en el último tercio de la película.

 

 

 

DO 1, 10.20, ALD 5
DO 1, 21.40, ALD 5
LU 2, 16.00, ALD 5

 

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