«Hacedor de buenas películas y también un caballero»

 

Hoy tenés una oportunidad única para poder disfrutar Pobres habrá siempre, de Carlos Borcosque, a las 19.50 en Del Paseo 2

Carlos Borcosque fue uno de los directores más prestigiosos de la historia del cine nacional.. El Presidente del Festival José Martínez Suárez fue su amigo, trabajó con él, y nos cuenta una anécdota a su lado:


Cuando era joven -unos pocos años luego de Nabucodonosor- yo esperaba con impaciencia el día sábado. El día sábado era el determinado por la DAC para efectuar las reuniones de Comisión Directiva con la presencia de socios. Y por más que fuera sábado a la mañana tipo 10:30, siempre éramos entre quince y veinte.

Las reuniones eran amenas y divertidas porque siempre se trataban cuestiones en forma amigable. Creo que presidía Demare, Don Mario Soffici de vice, el inefable Antonito Ber Ciani, Fernando Ayala, Carlitos Rinaldi, Leopoldo Torre Nilsson, Enrique Dawi, Viñoly Barreto, Daniel Tinayre y, puntual, Don Carlos Borcosque, quien había sido director de diálogos de la Metro en Hollywood para películas en idioma castellano, lo que ocasionaba mi alegría al ver que estaba con nosotros.

¿Y a qué se debía mi alegría?

Pues porque a la salida y ya como un ritual nos íbamos a tomar un café a la confitería del Rex; muy cerca, pues DAC tenía las oficinas facilitadas gratuitamente por la Sociedad de Empresarios Teatrales en Tucumán 829, primer piso, y la confitería estaba en Av. Corrientes al 800, vereda impar.

Bueno. Entre que terminaba la reunión, que nos saludábamos, que nos despedíamos, que nos juramentábamos para comer alguna "noche de estas”, yo lo tomaba afectuosamente del brazo a Don Carlos y bajábamos por el destartalado ascensor para dirigirnos a realizar nuestro semanal encuentro personal. Llegábamos al bar, buscábamos una mesa con poca gente alrededor, y allí comenzaba el deleite.

A mí me gustaba preguntar y a él, responder.

Yo: - ¿Y a Greta Garbo?

- ¡Ah la Garbo, Josesito! Creo que fue en el '29 y la película se llamaba El Beso, la dirigía Jacques Feyder y el protagonista masculino era un actor muy buen mozo llamado Conrad Nagel. La escena mostraba a ellos sentados en un vis a vis flirteando. En un momento ella se levanta caminando garbosamente y se sienta en un amplio sillón. Le hace una seña a su asistente personal, le susurra algo al oído, ésta va a verlo a Feyder y Feyder, megáfono en mano, dice en voz alta: "Señores, desalojemos el set por veinte minutos. Yo daré la orden de reingreso". Todo el mundo hizo la evacuación excepto la pareja de actores, ya en el amplio sillón. Cuando el equipo volvió a los veinte minutos, la filmación continuó luego de que la peinadora le retocara el cabello a Greta Garbo.

Lo que no sabía Don Carlos es que nos habíamos conocido veinte años antes.

Fue durante el rodaje de una película que él dirigió para Sono: La casa de los cuervos. La película era histórica basada en un libro de Hugo Wast y en el reparto figuraba en un papel de cierta importancia una de mis hermanas.

En un momento ella fue citada para un rodaje nocturno y yo la acompañé.

La secuencia a filmar trataba de grupos de paisanos que se enfrentaban cien años antes en una batalla a cuchillo, garrote, lazo y alguna que otra arma primitiva. La noche era más que fresca y el escenario era en los patios traseros del estudio con ochenta personajes vestidos a la usanza de la época. Poco antes de comenzar el rodaje, me crucé en un pasillo con Orlando Zumpano, calificado asistente de dirección quien, imprevistamente pues casi no nos conocíamos, me dice:

- ¿Qué andás haciendo, pibe?

Y yo: - Nada, acompañando a mi hermana.

Mirá - me dice -: me faltaron algunos extras, ¿te querés ganar cinco pesos?

- Claro! ¿qué tengo que hacer?

- Bueno, andá a aquella puerta de vestuario y pedí que te den una boina, una camisa y una bombacha bataraza.

¡No podría creerlo! ¡Iba a actuar en una película!

A los pocos minutos nos llevaron a todos al exterior.

Don Carlos, desde una tarima con sus asistentes, y Merayo, director de fotografía, tenían ya la cámara preparada.

- Señores, gracias por haber venido. Vamos a simular una batalla de las tantas que sucedían en la Argentina hace casi un siglo. Los que están de este lado -y señaló hacia el medio del grupo- córranse a la derecha. Los de la izquierda, más a la izquierda. No vamos a hacer ensayo para evitar cualquier lastimadura o accidente. Nadie debe golpear a nadie pero sí simularlo. Esto no es un match de box. Es cine.

Se encendieron las luces correspondientes, Don Carlos levantó su megáfono y ordenó:

- ¡Acción!

Así que me lancé contra mis "enemigos" y simulamos pelea. La toma era larga y en algún momento me fui acercando para estar cerca de la cámara, cuando escucho una orden perentoria: "Corten, corten", gritada por Don Carlos por su megáfono. Y, ante mi asombro y vergüenza, lo escucho continuar:

-Ese chico, ése de boina y camisa a cuadro.

Yo me toqué el pecho individualizándome y Don Carlos:

- Sí, vos... ya van tres veces que pasás frente a la cámara y abrís los brazos haciendo como que te morís. ¿No te parece que es demasiado?

Me mandaron al fondo donde la toma se hizo correctamente.

Esa fue la noche que morí tres veces y no me dejaron llegar a la cuarta.

En la confitería se lo conté a Don Carlos una mañana y no podía dejar de reírse.

-¡Eras vos! Sabés cómo nos divertimos en el montaje pasando los tres momentos en que te morís-. Y me puso la mano sobre el brazo. Yo, avergonzado otra vez, le dije:

- ¿Se enojó mucho Don Carlos? Porque lo que si fue es que pasé una vergüenza bárbara. Me escondí en el camarín de mi hermana hasta que ella llegó.

- ¿Y los cinco pesos?

- No los cobré nunca.

- Bueno, hagamos una cosa. Hoy te tocaba pagar a vos. Pero pago yo en compensación.

Y, volviéndose, llamó:

- ¡Mozo!

Don Carlos no sólo hacía muy buenas películas; también era un caballero de la vieja escuela.

La boina la tengo guardada en casa.

Un día de estos la mando al museo del cine con una nota diciendo que esa boina intervino en una película de Don Carlos Borcosque hace casi 75 años porque nadie está muerto mientras alguien lo recuerde". 

 José Martínez Suárez, Presidente del Festival 

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