«La muerte como entrada a la grandeza»

 

 

Algunos lo ven como una disciplina artística, para otros es un deporte brutal y sangriento. El hombre contra la naturaleza. Las corridas de toros siguen siendo una tradición popular de la cultura española y mexicana. El documentalista Ido Mizrahy dirige Gored –programada en Ventana Documental-; una película que retrata la última corrida de Antonio Barrera, el torero más corneado de los últimos años -23 veces estoqueado por los toros-, poniendo el foco en los temores de su familia y su propia perseverancia para desafiar a la muerte.

 

"Conocí a Antonio Barrera de forma muy inesperada”, recuerda Mizrahy. "Mi escritor y socio productor, Geoff Gray, tenía una historia escrita sobre Antonio para la revista Sports Illustrated en 2011 y estaba en contacto con él. Cuando se enteró que Antonio se retiraba me preguntó si yo quería filmar su última corrida de toros”.

 "Las corridas son un intento arrogante e imposible de los hombres por controlar a la naturaleza”

Mizrahy admite no saber sobre el tema previo al documental, y en sus propias palabras, lo encontró brutal: "un intento arrogante e imposible de esos hombres por controlar a la naturaleza y matar a un animal poderoso por la satisfacción de la audiencia”.

Pero fue justamente eso, lo que le parecía tan interesante acerca de Antonio Barrera: "Si hubiese sido un torero famoso y admirado, me habría interesado muy poco. Era el hecho de que, en cierta forma, no pertenecía al mundo de los toreros y que había sido relegado y poco querido por los fanáticos, lo que me parecía atractivo. Sus interminables y mortales intentos de llegar a la gloria, que nunca parecía concretarse, me resultaron fascinantes y, sorprendentemente, simpáticos”.

"El toreo tiene mucho que ver con la pintura, pero la historia es acerca de un hombre implacable que desde muy joven fue preparado para ser algo que no podía cumplir. El miedo de no ser lo suficientemente bueno en algo, lo perseguimos todos en algún momento de nuestras vidas” –reflexiona Mizrahy- "A Antonio nunca le permitieron reconsiderar su sueño impuesto por su padre a los 7 años. Mientras que nunca pudo superar el nivel que se esperaba de él, descubrió que era muy bueno para otra cosa: volver de la muerte. Él estaba enamorado de la muerte. Algunos de los más grandes ídolos toreros murieron en las corridas de toros, y Antonio comenzó a ver la muerte como una entrada a la grandeza. Eso fue lo que me interesó: el mundo en que nació y se crió, un mundo que solo podía conquistar o escapar con su muerte”.

¿Cómo se llega a establecer un vínculo tan cercano al personaje y su familia para que estos les confiesen sus temores y las contradicciones del Torero?

Fuimos muy afortunados en ganarnos la confianza de Antonio y su familia. Presentamos la historia de forma honesta y literal, y gracias a eso se abrieron a nosotros. Por supuesto, ayudó que todos se estaban preparando para este momento mortal, su última actuación. La tensión y el miedo que sentían, provocó que nos volviéramos prácticamente invisibles. Era casi como si supieran que su última actuación podría ser un evento trágico y querían documentarlo. La cámara se convirtió en una herramienta importante para que expresen miedos y emociones que tenían reprimidos durante muchos años.

¿Cómo vio durante el rodaje la pasión que genera la tauromaquia en la actualidad en México y en España?

La corrida de toros es un espectáculo ancestral con raíces que no tienen cientos, sino miles de años. Es demasiado brutal y sangriento para agradar a la mayoría de las personas hoy en día. No vemos más matar animales como entretenimiento y por buenas razones. Y aun así sigue habiendo fanáticos, que se han vuelto más protectores de su amado espectáculo; sintiendo la presión de la mayor parte de la sociedad que cree en los derechos de los animales, o que al menos no aprecia la tortura de animales, los fanáticos luchan para preservar su tradición.

 "Sus intentos mortales por conseguir la gloria, me parecían fascinantes, e incluso, simpáticos”

El realizador concluye que Barrera es difícilmente la elección que un fanático de las corridas haría: "No es precisamente el muchacho de los posters. Por eso me encanta y por eso pude hacer una película acerca de este mundo. Su forma de torturarse repetidamente por los toros y su negación de frenar con las corridas fue la mejor manera de mostrar el contraste entre la pasión y la tradición, la obsesión e inutilidad de este espectáculo”.

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