Ocho de oro

 

 

El Festival sigue jugándose una carta fuerte con el Super8, dando lugar en su programación a cineastas recién llegados al formato como a quienes ya sellaron su compromiso durante años. Alta gama de registros, narraciones y experimentaciones con toda la postencia íntima del Super8, que, a su manera, le alarga la vida audiovisual al celuloide, que está amenazado por el avance de la cultura digital. El Diario también propaga la voz de los y las superochistas.

 

¿Cuáles son las propiedades –estéticas, narrativas y/o conceptuales– que lo hicieron acercarse al Super8?

 

Mario Bocchicchio: La materialidad del Super8 me resulta cercana a la intimidad con la que quiero expresarme en este grupo específico de trabajos. Su flexibilidad, su acotada amplitud de recursos, así como su relativo bajo costo, me ayudaron a elegir éste formato para éstas películas.

 

Montserrat Callao Escalada: Me acerqué al Super8 por sus propiedades estéticas. Me gusta el resultado de este formato, los colores, la proyección, la calidad de la imagen. Tiene cierta gracia tener que esperar al revelado para saber cómo quedó lo que hiciste. Con Alicia fue la primera vez que agarré una cámara (usé una pocket) y como yo no estaba demasiado preparada ni la cámara me permitía jugar demasiado, el resultado fue una secuencia de imágenes que quise filmar. Ya en Enero sobreimprimí la película dos veces y pensé un poco más lo que estaba filmando, qué había antes y qué venía después. Pero en ambos casos, estaba igual de ansiosa por verla cuando la mandé a revelar. También mi acercamiento al Super8 surgió a través de los viajes; quería tener un recuerdo de esos lugares que no fuera ni una foto ni un video, algo nuevo para mí.

 

Magdalena Jitrik: Descubrí el formato a raíz de un regalo, una cámara, me dio tentación usarla. Luego me terminó fascinando y la idea del cine amateur es la que me sedujo, los frame to frame, la ingenuidad de la cinematografía. La emergencia del Super8 en los sesentas tenía como atractivo la masificación de tecnología de primera calidad al alcance de las personas, y por ello al ser un formato de relativa complejidad, tuvo su correlato educativo, acercó la posibilidad de realizar obras artísticas, cine experimental y todo tipo de usos que hoy el video ha sustituido. Pero los saltos de calidad entre las cámaras comunes y las profesionales es mucho mayor. Un manual de cámara Super8 de alguna manera te invita a la creación.

 

Maximiliano Sans: Elijo trabajar con Super8 por la cantidad de posibilidades que ofrece como soporte. Es accesible en todo sentido y conserva casi las mismas propiedades que el resto de los formatos cinematográficos.

 

Sebastián Tolosa: Mi acercamiento al cine fue desde la curiosidad técnica, cuando era niño. Mi papá era mecánico y me enseñó los principios de funcionamiento de las cosas. Me gustaba desarmar los aparatos para ver su funcionamiento. Cuando murió un familiar aficionado al cine llegaron a mis manos su proyector y cámara de Super8. Los desarmé, por supuesto, y quedé fascinado: suponía un nivel de complejidad muy superior al del tocadiscos, que ya había desarmado y vuelto a armar a escondidas de mi vieja. Luego me entretuve proyectando una y otra vez las pocas películas que había. En esa época el Super8 había caído en desuso por lo que no podía filmar, pero jugaba con la cámara a que filmaba. Aprendí a filmar años más tarde, con video analógico que es lo que había, y luego en la escuela de cine conocí película de 16mm, y el recién llegado digital. Luego, profesionalmente el 35mm y digital 3D y, por último, Super8, gracias a su resurgimiento. Se podría decir que el Super8 fue mi primer y último contacto con el cine.

 

Jeff Zorrilla: Empecé a filmar en Super8 hace seis años en Estados Unidos solo por cuestiones estéticas. Filmaba muchos rollos y los mandaba para el revelado y el transfer a digital, nunca tocaba la película en sí. No fue hasta que llegué a Buenos Aires y tomé un taller con Ernesto Baca hace tres años que empecé a trabajar con la película como material. Ahora filmo, revelo, edito y proyecto mis películas yo mismo. En cada uno de estos pasos el Super8 ofrece posibilidades para la intervención artística, o, en mi caso, la posibilidad de error. El Super8 me ofrece la posibilidad de sumar todos los errores de cada paso de mi proceso artístico, y finalmente es en estos errores que empiezo a reconocer mi voz artística.

 

¿Reconocés en el auge del Super8 una resistencia al formato video como hegemónico?

 

Montserrat Callao Escalada: En primer lugar, no creo que surja como una resistencia al formato video; pienso que la elección de un formato u otro tiene que ver con las características y posibilidades que cada uno tiene. Supongo que una persona que tiene la intención de hacer una película va a basarse en lo que quiere hacer y en el resultado que espera obtener para pensar en qué formato usar. Eso define todo, no los considero formatos rivales ni tampoco defendería uno sobre el otro.

 

Mario Bocchicchio: No se si existe o no tal resistencia o yo por lo menos no pienso en eso. Me parece raro poner en discusión formatos en términos antagónicos, en todo caso habría que ver el uso que se les da. No tengo un entusiasmo heroico por la salvación del fílmico y no le doy un valor al fílmico en si mismo por sobre el criterio general de trabajo o por sobre el video. Para mi el fílmico será siempre el mas bello y misterioso de los formatos de proyección, pero no por eso voy a declarar que lo que hago o lo que alguien hace tiene algún valor por el solo hecho de estar hecho en fílmico, o en este caso, en Super8. Hay obras bellísimas y horribles tanto en video como en fílmico y no creo que el auge de uno tenga que ver con una posición de resistencia con respecto al otro. En todo caso, sí con una moda. No se si ver una tira de fílmico en un muro de Facebook basta para declarar su valor o levantar una bandera de resistencia. Cada cual creo yo tiene una responsabilidad y un compromiso con los materiales y los temas con los que trabaja y el por qué de la elección de ese material y no otro, se debe resolver honestamente.

 

Magdalena Jitrik: Totalmente, la calidad y carácter de la imagen del Super8 es irrepetible, y el límite concreto en la manipulación en post producción le agrega una cualidad de verdad, de momento verdadero que el video no tiene. No se trata de estar en contra del video sino de proteger el Super8 como formato particular diferente de los otros.

 

Maximiliano Sanz: Desconozco si hay un auge del Super8 y, si es así y representa una forma de resistir una supuesta hegemonía del los formatos digitales, considero que es parte de un epifenómeno y como tal excede por completo mi trabajo. Intento mantenerme concentrado en lo que hago. Trato de  no extraviarme demasiado de lo que considero esencial. Por otro lado, no estoy de acuerdo con que un recurso formal, o material en este caso, deba primar por sobre una idea o concepto. Pienso que el material y/o técnica tiene que funcionar como vehículo, no ser un fin en sí. En el desarrollo de mi obra utilizo muchos materiales, recursos y herramientas: todos cumplen una función específica, ninguno cobra mayor importancia de la que tiene, y menos aun es objeto de culto.

 

Sebastián Tolosa: No, no lo creo. En el mundo artístico real no hay hegemonías, cada cual puede elegir lo que quiera dentro de lo disponible, por ejemplo el Super8 mientras lo sigan fabricando. La hegemonía del digital existe en el uso industrial, que repercute en la industria a gran escala. En todo caso si los grandes estudios deciden filmar en 35mm, la fabricación de película a gran escala podría sobrevivir. El Super8, el VHS y el miniDV, son formatos menores de sus respectivos hermanos mayores, el 35mm, el Betacam y el 4K. La resistencia la deben librar los Tarantinos, Nolans y Spielbergs, que pueden llegar a inclinar la balanza, y espero que lo hagan ya que me gusta mucho filmar con película. La mayoría elige lo más práctico y lo más barato, por eso es natural que prospere el digital, que no requiere grandes esfuerzos de aprendizaje.

 

Jeff Zorrilla:Creo que el la hegemonía del cine digital viene del consumismo, un deseo por una imagen limpia, y por una liberación de las restricciones. 

No es nueva la idea de que para hacer una buena película necesitás la cámara mas cara y mas nueva. Elegir una cámara de Super8 es una decisión consciente de salir de ese circuito interminable donde tu obra de arte se puede medir por la cantidad de dinero que cuestan tus materiales. También existe la idea de que esta tecnología nos trae una belleza que antes no pudimos lograr. Pero, para mí, la limpieza de la imagen digital es sumamente aséptica.  Yo elijo el Super8 porque mi visión del mundo tiene que pasar por el registro de luz que es capturado en la materialidad de la plata en el celuloide.  Cuando llego a una imagen linda a través del registro digital, no puedo dejar de pensar que esa imagen también esta compuesta por todas las líneas de código escritas por equipos de gente y después incorporadas en las cameras digitales y los programas de edición.  Cuando yo filmo, revelo y edito mis películas, sé que tengo toda la responsabilidad de mi obra, para bien o para mal. Finalmente creo que muchos eligen lo digital porque da la sensación de que podés hacer todo lo que surge en tu imaginación: sí querés que tu personaje vuele, hay un filtro por eso; si querés que una flor se transforme en una mujer, podés animarlo digitalmente. El problema de esto para mí es que significa que la imagen fotográfica se vuelve nada más que un referente dentro del arte de la animación.  Creo es un acto de resistencia decir que yo voy a forzar mis sueños a pasar a la realidad a través del proceso fotoquímico, y gracias a esta restricción voy a tener que usar mi imaginación para pensar cómo adaptar mis sueños a este mundo sucio y real.

 

Versión extendida de la entrevista colectiva publicada en el Diario oficial del Festival: de cine de Mar del Plata.

NEWSLETTER

Recibe todas las noticias del festival