«Todos los festivales necesitan del ayer»

 

Sus credenciales son interminables. Historiador, crítico de cine, productor, director y programador de algunos de los festivales más importantes del mundo, Marco Müller es lo que podemos definir como "multitasking”, un artista versátil que le brinda su pasión y conocimiento al cine desde diversos ángulos. Ayer brindó una charla con maestros en el Espacio Aldrey, un diálogo ameno y relajado con el público, en el que habló, principalmente, de la gran tarea y responsabilidad de programar un festival de cine.

Según Müller, "los festivales son un antídoto contra la censura del estado y sirven para agregar diversidad a la realidad”.

Sin embargo, explicaba Müller, esta diversidad no está en directa sintonía con la visibilidad que se les da a los directores de las películas ya que, en general, cada país suele programar al mismo grupo de directores. "En los festivales no hay democracia absoluta; no son copias de la geopolítica del mundo, si bien deberían ser lugares sin control de pasaporte, en los que se rechace la denominación de origen controlada”.

Para velar por ello están los programadores, a quienes Marco se refiere como "fabricantes, armadores, inventores, guardianes culturales”, individuos "con un sismógrafo, que marcan lo que va a venir”. Con una vasta experiencia internacional en la materia, Marco afirma que "programar festivales se hace primero con la panza y después con el corazón y el intelecto”.

Y esos inventores, para armar la programación que van a ofrecer en un Festival, tienen en mente un público, si bien no existe tal cosa como un público general, sino grupos de individuos, de "espectadores sensibles”. El programador allana el camino y los espectadores caminan solos a través de esa variedad de propuestas. Para Müller, no existe algo así como el gusto del público, lo que existe es "la posibilidad de sensibilizar a los espectadores con cosas que no se parezcan a otras hechas anteriormente”.


 

 

Con respecto a las premiaciones de las películas de competencia, Marco explica que, en cuanto a público, pueden ser un arma de doble filo. Así como los laudos son a veces un sello de confianza para una película o un realizador, de la misma forma hay personas que no miran películas premiadas en ciertos festivales, por no estar de acuerdo con el criterio de premiación habitual o no sentirse atraídas por las propuestas ofrecidas.

Y ahí vuelve a entrar el rol del programador, que tiene la capacidad –y el corazón- para convocar películas que atraigan, que generan preguntas pero no den respuestas, que interpelen al potencial público. A Müller no le gustan los festivales gueto, por ejemplo, un festival de documentales, un festival de cortos, un festival de género. Müller cree, por sobre todas las cosas, en la diversidad, para llegar a un mayor público, para nutrirse de diversas nacionalidades y estilos.

Y en esa diversidad no solo entran latitudes sino también tiempos. Para Müller es muy importante el ida y vuelta con el cine del pasado, a propósito de su experiencia en el estreno restaurado de Los Cuatro Jinetes del Apocalipsis en esta edición del Festival. "Pero si la película se restaura y se la proyecta en 4k y no en fílmico, algo de ese espíritu original se pierde. Todos los festivales de cine necesitan del ayer”, agregó Müller .

Porque programar Festivales, acercar lo más que se pueda del mundo presente y pasado al público es una responsabilidad, una pasión y un arte. Y Marco Müller es un verdadero artista en esto de conectar mundos y realidades. 

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