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Trent Harris: «De qué sirve el arte si no puede causar una revolución»

 

 

Siempre da gusto escuchar a personas que tienen algo interesante para decir. Si además lo hacen de manera espontánea y divertida estamos hechos. Trent Harris cumple, con creces, los dos postulados y lo demostró en la charla que mantuvo ayer con el público. Acompañado genialmente por Pablo Conde, Programador del Festival y primer responsable de contar con la presencia del estadounidense, el encuentro buceó en la historia del director de Rubin and Ed.

A lo largo de una hora y media, conocimos desde su concepción del cine, sus inspiraciones y su trayectoria, hasta su forma de vida: "No tengo mujer, no tengo hijos, tengo un auto que tiene 25 años, vivo en una casa pequeña, pero me encanta hacer películas. Así que hago una tras otra”, contó Harris hacedor de una filmografía de más de 200 títulos entre documentales, largos y cortometrajes, muchos de los cuales "los he visto yo solo”.

Dibujante, fotógrafo, escritor, músico y cineasta, la relación de Trent con el séptimo arte comenzó en el Museo de Art Brut en Lausanne, Suiza, donde antes funcionaba un manicomio. La obra de los internos fue lo que lo inspiró, ya que ahí "podía ver que su arte provenía de la voz original de cada uno”, que lo hacían para ellos mismos sin ningún miedo a equivocarse o sin querer agradar a nadie o, mucho menos, conseguir un beneficio económico. Eso mismo se puede ver en la obra del director de Beaver Trilogy.

En palabras de Pablo Conde, la filmografía de Trent "no deja de decir: ¡Autor, Autor, Autor!”. Realiza películas porque es, por un lado, lo que lo hace feliz y, por otro, su "forma de aportar algo nuevo al mundo”. En este sentido, el director señaló como "una mala idea intentar conquistar a un público” y dijo que siempre hay que "arriesgar, porque es la parte más importante para crear”. De hecho, si nos basáramos en lo que la crítica ha dicho de sus películas posiblemente ni siquiera lo tendríamos en cuenta. ¡Y de lo que nos perderíamos!

Harris contó que forjó su "carrera gracias a la mala publicidad”. A modo de ejemplo, el director narró una anécdota tan graciosa como incomprensible: En 1992 estrenó su película Rubin and Ed; recibió elogios como "la peor película de la década” y otro que sugería "sacarle el registro de conducir al director” que hicieron que, tras una semana, bajara de cartel. Sin embargo, la productora puso el film a la venta en videos, que, misteriosamente, fueron robados de todos lados hasta que "la película se desvaneció”. Años después, Harris contó que se enteró que el hurto "lo habían hecho los fans, que se encargaron de pasarla de mano en mano hasta que se convirtió en algo verdaderamente grande”. "Ahí fue cuando empecé a piratear mis propias películas y a venderlas por internet”, declaró entre risas. 

Suerte similar corrió Beaver Trilogy, en cuanto a que se volvió un irrefrenable fenómeno de culto. El documental retrata a un joven, llamado Groovin' Gary, que realiza glamorosas performances -hasta una vestido de Olivia Newton John- en un "pequeño pueblo de Utah en donde vestirse de mujer no estaba bien visto”, según narró Pablo Conde. Fue filmado en 1979, pero en 1981 y 1984 Harris realizó remakes protagonizadas por Sean Penn y Crispin Glover -respectivamente-. El hecho de volver a filmar un documental incorporando cambios menores habla, por un lado, de la lealtad del director para satisfacer el pedido de Gary de no mostrar el material, pero por el otro "de un hombre con una inquietud muy grande que se cuestiona todo, todo el tiempo”, como destacó Conde.

Esta trilogía de documentales permaneció sin ver la luz durante años, hasta que en 2000 se proyectó en un pequeño museo. El encargado del lugar recomendó el material para ser exhibido en el Lincoln Center. La muestra se realizó, y desde ahí jamás paró de crecer en popularidad. Harris recibe llamadas diarias de diferentes partes de mundo que piden, aún hoy, contar con Beaver Trilogy entre sus proyecciones.

La vigencia del mensaje de este material pudo verse en la reacción del público de nuestro Festival que, tras la proyección, se sumió en un reflexivo silencio. "Señal de que el mensaje les quedó procesando y les quedará por varios días”, dijo Pablo Conde. Es que Harris tiene mucho para decir sobre la realidad y, en esa línea, está enmarcada su próxima película en la que hay un texto que reza: "De qué sirve el arte si no puede causar una revolución. Al menos una revolución en nuestra mente”.

Eso es Trent Harris. Un artista que, desde la independencia más absoluta, crea y crea sin parar y sin importar los juicios que la crítica mainstream tenga sobre su obra. De hecho, cuanto peor la crítica "más ganas me dan de ver el material”, sentenció.

Cristian Cimminelli


 

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