«Bepo», la búsqueda de la libertad

Marcelo Gálvez presenta hoy Bepo, basada en el libro Bepo: vida secreta de un linyera, en Panorama argentino.


Argentina, 1935. Mussolini y Hitler avanzaban en Europa. El régimen de Agustín P. Justo perseguía a los anarquistas. En medio del campo, los crotos fueron íconos de la búsqueda de la libertad. La película de Marcelo Gálvez retrata a Bepo Ghezzi, el linyera de Tandil, y sus aventuras a lo largo y ancho el país. Un viaje reflexivo acerca de la utopía de vivir sin trabajar y sin posesiones, que se puede analizar como un retrato de las diferencias ideológicas y sociales de la década del ´30 en todo el mundo.
"Después de terminar la película sobre los inicios del peronismo Cipriano, yo hice el 17 de Octubre, tenía ganas de profundizar la investigación. Había leído sobre un viaje al mundo de los crotos y buscaba hacer algo cinematográfico que rescatara ese espíritu aventurero, ligado a la ideología anarquista”, recuerda Gálvez. "Mientras pensaba estrategias para escribir el guión me di cuenta que faltaban descripciones para imaginar los detalles cotidianos de esa forma de vida. Un día encontré el libro Bepo: vida secreta de un linyera. El relato construía una mirada sobre los crotos y linyeras, de tono antropológico, abundante en detalles, con algunos personajes misteriosos, muy particulares y rigurosas descripciones del contexto. Era lo que buscaba”.
Para el realizador platense fue la oportunidad de trabajar el rigor histórico y los tonos poéticos. "El cine posibilita reencontramos con la historia, aporta la ilusión de traer al presente algo que ya pasó, y me parece valioso poder trabajar en la reconstrucción de estos mundos, en volver a dar vida a algunos acontecimientos que el proceso evolutivo fue haciendo desaparecer”. 
Si bien Bepo se cruza con varios personajes en su camino, los verdaderos coprotagonistas son los paisajes y lugares que atraviesa. "Como no contábamos con presupuesto, por ser una película independiente y autogestionada, salimos a buscar lugares naturales”, relata Gálvez. "Durante un año recorrimos distintos pueblos de la provincia de Buenos Aires, tratando de encontrar locaciones para cada escena. Había que recrear esa forma de vida con muy poco recursos económicos, y regresarla al presente. Necesitábamos registrar las cuatro estaciones y casi todas las escenas se filmaron con luz natural. Planteamos un registro casi documental, con una puesta en escena bastante espontánea. Estas vivencias fueron inolvidables, porque nos permitieron imaginar y sentir los ritmos de los personajes”.


Para interpretar al protagonista, Gálvez contó con Luciano Gugliemino -protagonista de Cipriano- y recuerda como fue el trabajo para construir al personaje de esta película. "Para componer a Bepo ‘personaje’ estudiamos al Bepo "real” en la película documental ¡Que vivan los crotos!, de Ana Poliak. Con esos registros Luciano se nutrió, descubrió su forma de andar, el tono de voz,  los gestos. En poco tiempo aprendió a manejar con precisión el mono, la bagayera, los cacharros y las utensillos. Luego este trabajo lo compartió con los otros actores. En la previa de las escenas hablábamos mucho sobre Bepo. Siempre intentábamos encontrar explicaciones y respuestas lógicas ante cada situación planteada en el guion. Nos preguntábamos una y otra vez porque Bepo hacía lo que hacía. Con el tiempo las charlas filosóficas, los atardeceres compartidos, la ‘croteada’ del rodaje lo encontraron a Luciano con el personaje, a punto tal que según dice: casi no tenía que actuar.”
El director reflexiona sobre el rol de los crotos hoy en día: "Creo que ya no existen crotos. Hay cuestiones materiales que representaban esa forma de vida que desaparecieron. Lo que no desapareció es la búsqueda de la libertad del hombre. Y ahí sí, Bepo cobra vida para indagarnos en nuestra cotidianeidad. ¿Cómo hacemos para sentirnos libres hoy? Él viajaba escapando de un dolor familiar muy grande, que no podía resolver”. Gálvez se identifica con su espíritu aventurero, con su decisión de buscar la libertad. "En ese sentido para dirigir varias escenas de la película acudí a mis recuerdos, a mis viajes en los que solo me importaba la libertad de andar, una frase que Bepo repetía casi hasta el cansancio. Por eso aquel contexto tan lejano de crotos y linyeras puede resultarnos familiar.  Y a partir de ahí es inevitable trazar analogías y buscar contradicciones sobre el estado de las cosas hoy,  en un mundo capitalista dominado por las comunicaciones y el consumo exacerbado, en que las libertades ¿crecen o se degradan?”
El espíritu de Bepo trasciende las barreras diegéticas y se transmite, no solamente en el resultado final del film, sino también en la forma en que Marcelo encara sus producciones: "Es bastante recurrente que nos pregunten cómo hacemos estas películas de manera independiente. No hay secretos. Somos un equipo de trabajo compacto, solidario,  comprometido con los temas sociales que tratamos. Filmamos apasionadamente. Lo hacemos sin grandes subsidios, y proyectamos en el marco de lo posible. Elegimos trabajar libremente, sin condicionamientos y a pesar de algunos contratiempos económicos. Hacemos cine por amor al cine. Con seriedad y entre amigos. Pensando en la gente. Para mí todo eso no tiene precio”.
 
R.G. Weisskirch
 
Proyecciones:
Hoy, Sáb 19 de nov - 22.30 - Pas 2
Dom 20 de nov - 12.20 - Pas 2

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