De perros amores

 
 
Vida de perros describe la particular relación entre un grupo de diversos personajes y sus canes, para revelar no sólo aquello que hacen las mascotas cuando escapan al ojo de sus amos sino también las insólitas confesiones y emociones que los dueños proyectan en ellas.
 
«Alegre, alegre, alegre,
como los perros saben ser felices,
sin nada más, con el absolutismo
de la naturaleza descarada». 
Pablo Neruda 
 

No resulta sorpresivo afirmar que el mundo animal está supeditado a la supremacía del género humano. Tampoco lo es reconocer que dentro de esta relación de control hay animales a los que se suele domesticar para la convivencia hogareña y la compañía. Lo que sí resulta llamativo es cuando el individuo humaniza a su mascota, asignándole cualidades y roles, lo que genera una suerte de «nueva especie», en la que lo puesto en juego supera con creces a la existencia del animal mismo.

Los directores Fernando Arditi y Mariano Vega parten de esta idea y seleccionan, filman y entrevistan a un grupo de particulares personajes que conviven con sus respectivos perros. Canes de diversas razas, colores, tamaños, cuyo denominador común no es su especie en sí sino el verdadero deseo subyacente de sus amos. Y esto es lo que convierte a Vida de perros en un documental único y revelador.

Los personajes cuentan su cotidianeidad, sus trabajos, sus rutinas, y entre todas esas líneas revelan sus ausencias, sus fracasos personales, sus miedos y sus angustias. Y esta suerte de terapia ocurre casi exclusivamente cuando hablan sobre sus mascotas.
 
Vale aclarar: este no es un documental existencialista. Si bien el film posee algunos puntos de contacto con Heart of a dog de Laurie Anderson, estrenado en el 30 Festival Internacional de Cine de Mar del Plata en la sección Autores, no busca una equivalencia en el lenguaje poético y en la puesta en escena new age de Anderson sino todo lo contrario: los personajes hablan de un modo directo, claro, sin vueltas, e incluso cuando callan se evidencian las verdades, a través del montaje y de la mirada atenta de los directores. La confianza y distensión que profesan estos personajes de Buenos Aires posibilita confesiones asombrosas que realizan en esos momentos en los que bajan la guardia. 

Arditi recurre a una infinidad de recursos, como ya supo utilizar en Una película de gente que mira películas (2012) y que aquí vuelve a repetir como huella de su estilo, junto a su co-director. Desde el uso de lentes angulares rabiosos o falsas subjetivas de mirada perruna hasta la ubicación de la cámara en lugares imposibles que generan humor sin dejar de contar algo interesante sobre el universo de estas personas. Y estos recursos son aún más importantes cuando retratan la ausencia, ese dolor que posee cada uno de los protagonistas, a través de una presencia que se detecta en otros detalles: muebles mordisqueados, almohadones arañados, pelos esparcidos por el parquet, huellas que ocupan los espacios y son capturados por la cámara, lo que genera la sensación de que, a fin de cuentas, estos individuos jamás estarán solos.  
 

Ezequiel Vega
 
 
 
Proyecciones:
Hoy, Jue 24 nov -  22.50 - ALD 1
Vie 25 Nov - 17.10 - ALD 1

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