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Dignidad: técnica y subtexto

El director de la impactante The Stairs comparte las experiencias de haber documentado la vida y el trabajo de las personas en Regent Park, un complejo habitacional de Toronto en el que se aplican políticas de reducción de daños para el consumo de drogas y el trabajo sexual.

¿Cómo te acercaste a Regent Park y cómo elegiste este tema para tu primer largometraje? ¿Tu visión del vecindario cambió después de este proceso?

The Stairs es mi debut en el largometraje como director, y mi segundo como productor, habiendo hecho antes Un lugar llamado Los Pereyra, sobre la vida en un pequeño pueblo de Chaco (se proyectó en el BAFICI, durante la última vez que estuve en Argentina, y es un placer estar de vuelta). Después de Los Pereyra, podría decirse que estaba buscando algo que estuviera más cerca de mi hogar que es Toronto.

El nacimiento de The Stairs fue en 2011: yo dirigí dos películas educativas comisionadas por las agencias sin fines de lucro de Regent Park (que se ven en The Stairs), sobre sus programas de reducción de daños para trabajadores sexuales y consumidores de sustancias. Se formaron lazos fuertes con muchos clientes, y los proyectos se volvieron mucho más personales de lo que pude haber imaginado. Los proyectos se enfocaron en las voces de los clientes y sus experiencias personales, sin filtros ni ensayos. Inspirado por cómo se preocupaban por el otro, mientras combatían valientemente la discriminación y los demonios personales, también fui testigo de primera mano de algunas de sus dificultades. Juntos, los participantes y yo fuimos rápidamente obligados a ir más lejos, sin inhibiciones. Esas películas fueron un éxito en la comunidad y me abrieron las puertas. Los lazos que formé, junto a mi acercamiento sin juzgamientos, me dieron un acceso íntimo.

Mientas iba conociendo a Marty, Roxanne, Greg (los sujetos principales del documental) y otros en su comunidad, sentí que difícilmente hubiera visto sus experiencias en una película, y que difícilmente hubiera visto algo que capturara la esencia de sus personalidades: graciosa, cálida, sin complejos, enfocada en la familia y su comunidad.

En una gran comunidad de individuos carecientes de servicios, muchos anhelan una manera de expresarse. Juntos vimos que la película era un modo de capturar la honestidad de sus experiencias, revelando sus perspectivas. Yo quería ver, entender y sentir las historias que no suelen ser noticia.

El vecindario de Regent Park cambió dramáticamente en el curso de cinco años, que es el tiempo que tomó la película en hacerse. Los personajes cambiaron un poco, y yo también, porque tuve mis ojos abiertos a ciertas realidades. Esto me motivó con la película para humanizar cosas que habían sido deshumanizadas.

Muchas reseñas dicen que esta película evita cualquier punto de vista condescendiente, o golpe bajo. ¿Cómo lo lograste?

Desde 2011, tuve un gran acceso a estilos de vida ampliamente incomprendidos, o mal representados. Hay muchas películas sobre la pobreza, el consumo de drogas y el trabajo sexual, pero muy pocas le permitieron a sus sujetos tomar el control de sus historias, usando a la película como conductora de su propia expresión.

Una manera en la que hice esto fue explorar las memorias de la gente a través de las locaciones, invitando a los sujetos a elegir un espacio con un significado particular y creando las escenas alrededor de él. Esto podía implicar hacer una entrevista, compartir una experiencia, recitar poesía. Las locaciones variaban: esquinas, parques, departamentos – la elección era enteramente de ellos, permitiendo a los participantes adueñarse de sus historias, compartiéndolas de maneras significativas para ellos, dejándolos hablar a través de mi cámara. Les dije que quería ser sorprendido: mostrame algo nuevo, algo sobre tu vida que nadie entienda. Las respuestas variaron ampliamente, llevándome a obsesiones actuales y pasadas (por ejemplo, el espacio escondido de un consumidor que se llama "El campo de los sueños”). Roxanne me mostró su vieja esquina. Marty quería mostrar su colección de remeras (compradas con "plata de la droga”, plata que él hubiera gastado en drogas).

El título de The Stairs proviene de un poema escrito por Marty, que él recita en la película. Él lo escribió antes de que el rodaje comenzara en 2011, y me sorprendió al recitarlo. En el poema, Marty recuerda los días y noches que pasó viviendo en descansos de escaleras.

Momentos como ese fueron posibles por nuestra mutua confianza, y porque me mantuve con la mente abierta, sin juzgar, y los involucré en el proceso. Terminé adoptando los principios de la reducción de daños en el proceso de filmación. La reducción de daños se mantiene desconocida para muchos norteamericanos, a pesar de que afecta a millones. Me pregunto si será lo mismo en otros países como Argentina. Como los sujetos de la película, el acercamiento sin juzgamiento al cuidado de la salud fue frecuentemente ignorado, u oculto a la vista. Un elemento crucial de la reducción de daños es la dignidad. En mi película, cada personaje busca alcanzarla o recuperarla, y es rutinariamente negado. Mi acercamiento artístico también es integral. Los sujetos hablan por sí mismos y lucé por capturar apropiadamente sus historias. Entender sus perspectivas y darles una vos es significativo, teniendo en cuenta la discriminación y estigmatización desenfrenadas de la comunidad. La dignidad fue parte de la técnica, como también del subtexto.

Greg dijo desde el principio: "Simplemente mostrale la verdad a la gente”. Para bien o para mal, pero sin estigma.

¿Pudiste seguir el progreso de la gente que fue a Regent Park por ayuda? ¿Cuál fue el caso más notorio que viste?

Creo que cada participante es notorio, aunque tal vez de diferentes maneras. Cada uno de ellos ha sobrevivido a décadas de vida en la calle, violencia y discriminación. Su resiliencia y su sentido de comunidad es increíble e inspirador.

Cada personaje en The Stairs lleva una vida volátil, en la que el progreso puede ser difícil de medir. Definir la dirección que toman en sus propias narrativas puede ser engañoso. Las escaleras, son también un lugar muy real: para usar, trabajar, dormir e incluso morir.

Durante una reunión grupal inicial con los sujetos para discutir el documental, uno de ellos preguntó "¿Cómo sabés si la película va a tener un final feliz?”. Antes de que pudiera responder, alguien inmediatamente intercedió, "Eso depende de nosotros, ¿no?”. Ese momento inmediatamente se distinguió y se mantuvo en mi cabeza. La persona que lo dijo, Lisa, estaba destinada a ser un personaje principal. Poco después murió repentinamente, antes de que comenzara el rodaje. Tristemente, varios de los participantes murieron durante el rodaje.

En un período dramático y transicional de Toronto, las complejas luchas de estos personajes se continúan intensificando. Dada la cambiante legislación canadiense respecto a las políticas de drogas y trabajo sexual, y los debates en curso sobre la violencia contra las mujeres, el material nunca fue más relevante. Si bien la locación de la película es específica, creo que las historias son universales. El encuentro de Greg con la policía es un ejemplo. Los mismos conflictos con la salud pública, vivienda y el crimen suceden en todos lados: hay un Regent Park en muchas ciudades.

¿Qué aprendiste del trabajo de estas tres personas en Regent Park que creas que debería ser aplicado a las políticas sobre drogas en tu país? ¿Hubo algún avance de las políticas de reducción de daños desde que esta película se empezó a proyectar en Toronto?

La política de reducción de daños se reduce a la evidencia. Hay muchas investigaciones y hechos que demuestran que la reducción de daños es una manera efectiva de prevenir la expansión de enfermedades (como el VIH y la hepatitis) y la muerte (por sobredosis, por ejemplo). Pero por culpa de los estigmas alrededor del involucramiento en la calle (incluyendo la criminalización), esa evidencia es frecuentemente ignorada o suprimida.

Afortunadamente, creo que las cosas han estado cambiando – al menos en Canadá y los Estados Unidos (bajo la gestión de Obama) – y las aproximaciones basadas en evidencia están siendo adoptadas más que nunca. Ahora muchos países ofrecen lugares de inyección supervisada (incluyendo Portugal, Francia, Irlanda, Alemania, Suiza, Australia), y muchos más están investigando (Inglaterra, Estados Unidos). Se ha progresado, gracias a los esfuerzos de grupos bien organizados y altamente motivados en los espacios de salud pública y justicia social. Recientemente proyecté The Stairs en Toronto, y conduje un panel en el que consejeros municipales asistieron y debatieron las cuestiones de la película. Una discusión tan abierta habría sido difícil en 2011. Ahora la marihuana fue legalizada, desde Uruguay a partes de los Estados Unidos, y lo será también en Canadá. Pero los daños de la criminalización afectan a muchas personas que consumen drogas, o que realizan trabajo sexual. Y ha contribuido a miles de muertes no calculadas.

El trabajo hecho por la gente en The Stairs está considerado entre los más importantes aspectos de la reducción de daños: emplear a gente con experiencia de vida. Y aún así está entre los menos subvencionados. Los empleos están amenazados. La lucha continúa. A través de la educación, el diálogo y la empatía, ojalá las cosas progresen.

Andrés Landau, uno de los editores de esta película. Nació en Argentina. ¿Te dió su punto de vista sobre cuestiones como el control de drogas y el trabajo sexual y la situación en nuestro país?

Andrés nació y creció en Buenos Aires, y vive en Canadá desde aproximadamente diez años. Trabajamos de manera muy cercana en The Stairs durante dos años.

Él mismo puede responder:

"El proceso de edición para esta película fue muy desafiante, pero realmente disfruté de atravesarlo con el director Hugh Gibson y el co-editor Ryan J. Noth. Los tres hemos trabajado juntos por algunos años en varios proyectos, y viajamos a festivales alrededor del mundo incluyendo Argentina, que siempre está presente en nuestras conversaciones cotidianas.

No hubo ninguna referencia en particular a la situación argentina con el control de drogas, la reducción de daños o el trabajo sexual, pero estuvimos al tanto con la actual y delicada situación en el país. Siempre ayuda estar informado y saber cómo funcionan otras sociedades. Y estar al tanto de los programas que existen o no para ayudar a la gente necesitada.

Para mí, Argentina está siempre presente cuando contamos historias desde la sala de edición, y The Stairs no es la excepción”.

 

*Versión completa de la entrevista realizada por el Diario del Festival.

 

Proyección

Hoy, lunes 21, 16.50 - ALD 2

 

 

 

 

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