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«El hogar es donde uno vive»

Pierre Léon y Matías Piñeiro dialogaron sobre su filmografía y unieron anécdotas sobre la experiencia de hacer películas lejos de su tierra natal.


Matías Piñeiro, el notable y galardonado director de Todos mienten, Viola y La princesa de Francia, tuvo que emigrar hace 5 años a Nueva York. El cambio de ciudad dio como resultado Hermia y Helena que se presenta en la Competencia Internacional del Festival.

Pierre Léon se fue a los 15 años de Rusia y desde entonces reside en París. Allá construyó una filmografía personal, tanto como actor y realizador. Sus películas se proyectan en la sección Visiones de esta edición.

Con la coordinación de la revista Las Naves, y la presencia de sus editores, Edgardo Dieleke y Julieta Mortati, Léon y Piñeiro intercambiaron opiniones de cómo es vivir en dos tierras completamente distintas, adaptarse a una nueva cultura, ideología e idioma. Pero sobretodo, cómo es filmar lejos de casa.

"Donde vivo es mi hogar”, opinó Léon. "Al principio, ni bien me mudé, me negaba a hablar en ruso. Detestaba la nostalgia. No fue hasta que empecé a filmar que se me vinieron pasajes de mi vida en Rusia. Hay que tener en cuenta, además, que yo me crié en los tiempos de la Unión Soviética. Volví a conectar con mis raíces cuando hice Tío Vania, de Chejov, en 1997”.


Piñeiro sintió el cambio de ciudad como el camino del anti éxito. "Uno piensa que si se muda a Estados Unidos es porque quiere ser exitoso. Yo sufrí el camino inverso. Me iba muy bien con mis películas acá y cuando me mudé allá fue comenzar de cero. Pero en Nueva York descubrí mis propias contradicciones”.

Ambos realizadores señalaron que tuvieron que empezar a pensar en otro idioma y eso influyó en sus trabajos. "Por suerte tuve ayuda de muchos amigos y colegas pero, a la hora de crear los diálogos, se pierde la velocidad y el timing humorístico que podría generar con los mismos intérpretes en español”, añade Piñeiro sobre la experiencia bilingüe de Hermia y Helena.

Una característica común de ambos directores es su pasión por la literatura y la reinterpretación de los clásicos. Léon vió la necesidad de "modernizar” a Chejov en Vania, mientras que Piñeiro hace varios años viene trasladando a Shakespeare a su propia estética y traduce su prosa al español, adaptándolo al contexto argentino contemporáneo. 

Más allá de las idas y vueltas, y la naturalización de dos idiomas, el estilo audiovisual no pierde su identidad. Pierre Léon y Matías Piñeiro exponen con sus obras, que más allá de las fronteras, se puede seguir haciendo cine porque la pasión es única y el lenguaje cinematográfico, universal.


R.G. Weisskirch 

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