El hombre que sabía

 

 


Buen cine es lo que podemos creer, y mal cine es lo que no podemos creer

A.K.

 

 

 

Abbas Kiarostami, uno de los directores de cine más influyentes del mundo, murió esta semana a los 76 años, en París. Responsable de posicionar a Irán en el mapa cinematográfico mundial, revolucionó la forma de testimoniar la realidad, con una sordidez extrema y una implacable poesía.

 

No soñaba con hacer cine. Jamás se imaginó que su obra abriera de tal manera las puertas del cine iraní hacia el mundo. Nunca dejó de producir cine a pesar de la resistencia de un gobierno, de la censura, aludiendo que para filmar "siempre se encuentra una solución”.

Icono indiscutido de la renombrada nueva ola del cine iraní, el director Abbas Kiarostami conmocionó la manera de pensar, de percibir y de hacer cine. Su legado es inconmensurable; además de su prolífica filmografía, fue poeta, pintor, fotógrafo y artista; todo un hombre renacentista que exploró las nuevas vías para el cine contemporáneo, y abrió camino para retratar nuevas geografías, y teñir de humanismo y voluntad testimonial al séptimo arte.

Un año después de su consagración definitiva con El sabor de la cereza (1997) -Palma de Oro en Cannes-, Abbas Kiarostami honró a nuestro Festival al presidir el Jurado Oficial​ de la 14º edición, única visita al país. La llegada de su cine a Argentina se consolidó además con los 130.000 espectadores y 20 semanas en cartel de su película ícono. También se estrenaron comercialmente Close-Up/Primer Plano -1990-, la trilogía de Koker: ¿Dónde está la casa de mi amigo? -1987-, Y la vida continúa -1991-, A través de los olivos -1994-, además de El viento nos llevará -1999- y Copia certificada -2010-. El resto de su filmografía pudo verse gracias a la labor y a las pantallas de festivales, tanto del BAFICI, como del nuestro.

Kiarostami abordó los grandes temas de la existencia, a partir de hermosas alegorías, una sólida poesía visual y un estilo lindante con el documental. Historias corrientes y pequeñas, bajo la lupa de un anatomista exquisito.

Enfrentó y resistió a la censura de su país hasta el comienzo de esta década. "Un hombre en el exilio es un árbol trasplantado, logrará sobrevivir en su nuevo hábitat, pero no dará frutos de la misma calidad”. Recién en 2010, con un régimen endurecido, se fue a Italia para filmar Copia certificada, y en Japón, dirigió Like Someone in Love -2012-, su última producción.

Queda, para hacerle frente a lo inmutable de la muerte, el abanico inmenso de su obra, y el aporte de un hombre que percibió el cine como un organismo vivo y esencial para testimoniar lo universal del hombre.

 

 

 

 

 

 

 

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