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El lenguaje universal

La sección Mar de Chicos expone una diversidad de cortometrajes animados en competencia que -a través de diferentes temáticas- apela a historias asombrosas y alude a cuestiones interesantes y trascendentales para todas las edades. 

En las primeras páginas del Primer Manifiesto del surrealismo, André Bretón asignaba a los niños la cualidad única de ser libres, de manifestarse puramente, sin restricciones de ningún tipo, con acciones y reacciones cuasi-irracionales. Y en esa libertad pueden escoger aquello que se les antoje, que les interese, que les despierte sensaciones particulares a tal grado que genere que detengan su atención. En la competencia de cortometrajes de la sección Mar de Chicos, el contenido es -en relación a esta línea infantil- prácticamente irresistible para todos los sentidos.

Cortos animados de Argentina, Bélgica, España, Francia, Irlanda -realizados a través de las técnicas más diversas- despliegan universos oníricos con personajes capaces de realizar lo imposible de un modo completamente natural. Desde dibujos realizados artesanalmente con grafito sobre hojas blancas -Cats & dogs-, trabajos con computadoras y tecnología CGI -Alike, Little thing, Alas de piedra-, stop motion en maquetas reales -El criptozoólogo- y la utilización de materiales naturales como tierra, algodón y piedras -Le renard minuscule, Au revoir Balthazar- para aportar texturas y relieves a un imaginario que -a medida que adquiere movimiento- se convierte en una realidad posible para el niño espectador. Vale agregar que todas las historias se apoyan en relatos de índole universal, en la construcción y respeto de valores tales como la solidaridad, la compañía, el amor incondicional y la libertad. Todos poseen estructuras claras, con conflictos definidos, que posibilitan una lectura evidente sobre aquello que sus directores eligen contar. Estas narrativas se caracterizan, en general, por realizarse puramente en acciones, sin diálogos, con un uso sencillo y eficaz del sonido y de la música para generar todo tipo de sensaciones. Y esta sencillez torna comprensible a los cortometrajes no sólo para los niños sino también para los adultos, con parábolas y enseñanzas que los chicos pueden entender, pero que todo adulto necesita recordar. 
 
Este es uno de los puntos fuertes que plantea esta sección, una programación de historias profundas, con capas de lecturas, con personajes en la lucha por lo imposible, y con una interpelación no sólo al público infantil, sino al niño que cada mayor lleva en su interior. 
«Todos los mayores han sido niños, pero pocos lo recuerdan», le dice El principito al aviador en la famosa novela de Antoine de Saint-Exupéry. Quizás esta sea la oportunidad para que los acompañantes adultos busquen reencontrarse nuevamente en historias conmovedoras e inquietantes y pasar así un agradable momento en familia. 
 
 
Ezequiel Vega

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