El Pop no puede perder

Hermosos Perdedores Pop recorre la historia de una de las bandas icónicas del underground argentino de la década del noventa

 

 

 

La melodía sin estribillo retumbaba en la cabeza de los adolescentes que en los noventa se acercaban a ver a esa bandita de Temperley que prometía. "Gente en las revistas, gente en autopistas, caras con abejas, caras con avispas, el sorteo de un auto, el sorteo de un fax, el sorteo de un video para poderse filmar. Yo esto lo conozco pero quiero algo mejor, y si ellos son ganadores prefiero ser perdedor”. Eran tiempos de ricos y famosos, de concursos telefónicos millonarios, de presidentes en Ferraris y viajes a Miami. Mientras Beck cantaba Loser desde la pantalla de MTV, en Buenos Aires, la generación X tenía su versión vernácula dentro de lo que la prensa llamó "nuevo rock nacional”. Inventores del concepto Low Fi y cultores del cualquierismo, el indie argentino le debe mucho a los Perdedores Pop, la banda que tras un fugaz pero intenso paso se convirtió en leyenda del under. 
Con material de filmaciones caseras y entrevistas a los protagonistas de aquella movida musical, Hermosos Perdedores Pop construye un relato que despierta la nostalgia incluso en quienes jamás escucharon hablar de la banda. Las reminiscencias al registro estético del VHS, el recuerdo del histórico 5 a 0 con Colombia, y el testimonio vivo de la vuelta del grupo, a 20 años de su separación, tienen mucho que ver con eso. Es por esto que quisimos dialogar con su director, Agustín Arévalo.
 
¿Por qué los que no conocen a la banda deberían ver la película?
AA: Creo que la película funciona más allá del retrato del grupo en sí. Buscamos alejarnos de la mirada del fan y mostrar la vida de Perdedores Pop como un lugar en donde convergen diferentes líneas culturales: el periodismo, el fútbol de los 90, la escena musical de esos años… No hace falta conocer a los hermanos Rial de antemano, creo que la película los convierte en personajes de una ficción, y las canciones son la banda sonora de su historia.
 
¿Cómo surgió la idea de hacer la película?
AA: Hace 11 años, hablando con un amigo sobre los mejores grupos de rock de Argentina, me pasó el único disco de los Perdedores Pop, grabado y editado en 1995. A partir de ahí no pude olvidarme más las canciones de los hermanos Santiago y Esteban Rial. Me gustaba su mezcla de inocencia, acidez y humor. Casualmente, un día conocí a Santi en un bar y nos hicimos amigos. Eso completó la otra parte de la historia de la banda: la escena de rock en la que ellos surgieron. Ahí fue cuando apareció la idea de retratar ese momento del rock de los ‘90, que hasta ese momento -año 2005- era muy reciente y no se la veía como historia. Había un vacío que todavía no se había empezado a contar. A través de distintos materiales de archivo y mi propio registro pudimos armar una posible versión de la época.
 
¿Por qué crees que la banda suena tan actual?
AA: Creo que Perdedores Pop fue, de las bandas de los noventas, la que más influyó a las actuales bandas de zona sur de Buenos Aires y también de La Plata. Puedo ver una conexión estética, temática y también de independencia y autogestión muy fuerte entre los Perdedores Pop y bandas como Los Reyes del Falsete o 107 Faunos. El grupo persiste a lo largo del tiempo, llegando compartir fechas con estas nuevas bandas. Y al mismo tiempo va mutando, dependiendo de cuándo los hermanos deciden juntarse o separarse.
 
¿Qué significa Perdedores Pop para vos?
AA: A esta altura, para mí Perdedores Pop es un modo de ver y vivir la vida.
Es una especie de burla intelectual hacia las exigencias del éxito que se imponen socialmente.
Recién en estos últimos años, se comienza a pensar la cultura de los noventa, y es a la distancia que se pueden identificar las problemáticas de aquella generación en nuestro país, y qué impresión dejó en la música
 
 
 


 

Proyecciones:
Hoy, Mie. 23 nov - 20.00 - ALD 1
Jue. 24 nov -  17.10 - ALD 1




 

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