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«Es la historia de los Goiburú, pero también, la de la humanidad»

 Paz Encina presenta Ejercicios de memoria en Competencia Latinoamericana 

La mirada lúcida de la directora Paz Encina nos ofrece una película de belleza y poética inigualable, construida sobre los cimientos del inenarrable horror. Ejercicios de memoria juega con los planos visuales y sonoros para rever la cruenta dictadura paraguaya que duró 35 grises años. Presa ella también en su niñez y adolescencia de la represión, plantea un ejercicio cinematográfico para revisionar el pasado dictatorial, y por qué no, el presente de una joven democracia.

¿Cómo fue tu acercamiento al tema de Ejercicios de memoria?

Siempre sentí que Ejercicios de memoria era la primera película que quería hacer. Yo nazco en dictadura, y vivo una infancia y adolescencia en dictadura. Mi padre fue opositor, estuvo exiliado en dos oportunidades, y preso varias veces. También vivimos controlados. Y aunque en 35 años todo ese horror se vuelve cotidiano, casi diría que después de la dictadura entendí la magnitud de todo. Nací con todo eso. Entonces, una redada era algo cotidiano, o tener que avisar a la comisaría del barrio que iba a festejarse mi cumpleañitos, fue también algo cotidiano. Y así, miles de cosas. Sabía que era porque mi padre era opositor. Mi casa paterna estaba a cuadras de los dos mayores centros de detención, los timbres a la madrugada eran terroríficos. Madres pidiendo ayuda y lo que llamábamos "la caperuza roja”, que era la camioneta con la que te buscaban cuando te iban a meter preso. También tuve miedo, un miedo infantil además, pero como me tocó vivir todo eso, es algo que me viene dando vueltas hace tiempo. De hecho, la primera entrevista que hice a la mujer de Agustín Goiburú fue en 1998. Hace tiempo que vengo trabajando en esto.

¿Qué elementos tuviste en cuenta para tratar un tema tan sensible y para lograr esa mirada tan particular de los espacios como lugares vacíos que hablan, a través de la memoria orgánica?

Trabajé temas que vengo tocando hace tiempo en varios cortometrajes, y también en mi primer largo, que son la ausencia y el tiempo. También pienso que hablar del pasado es hablar del presente. No es algo que haya dejado de pasar. Tenemos menos años de democracia que los que tuvimos de dictadura. Hay una estructura que sigue, por eso, quería hacer una puesta en escena, la que me cuente cómo fue todo a partir de los testimonios, pero que también muestre que es algo que siguen viviendo otros. Es la historia de los Goiburú, pero también, es la historia de la humanidad. Es una puesta en escena bastante caótica, porque siento que la Memoria es caótica. Intenté imaginar sus recuerdos, presentar al tiempo, bucear en él, mostrar que es un relato desde la infancia y para la infancia, pero cuando uno trabaja la memoria aparece de todo. Y entre eso, aparecieron las fotografías familiares de los Goiburú, pero también las fotografías de ellos tomada por el sistema de control de la dictadura. Ahí me di cuenta que si bien había vivido la dictadura, también la tenía que estudiar. Quería saber todo y pasé mucho tiempo en lo que nosotros llamamos los "Archivos del terror” que es el Archivo para la Memoria y los Derechos Humanos. Son los archivos de la policía que aparecieron tirados un día en una comisaría. Estudié esos archivos enteros, y ahí, con un par de amigos, encontramos la delación que va en Ejercicios, y también encontramos interrogatorios, con los que hice mi trilogía Tristezas de la lucha. Encontramos de todo, músicas, actos partidarios, conversaciones telefónicas. Hice también tres instalaciones que se llaman Notas de memoria, y ahí fue la primera vez que esos sonidos salieron a la luz. Ahí también encontré fotos de Agustín y su familia. Las fotos desde el control, y decido usar eso en la película, porque siento que al tener esos documentos, lo que tenemos en realidad es la historia contada desde el lugar del represor. Ya no hay nada más que negar, ya no hay nada más que decir. El horror desde el horror, y sentí que era necesario usar entonces esos archivos. Y como último elemento o decisión, la belleza. Hubo algo que fue hermoso, hubo algo que fue bello, y eso también lo quería mostrar.

¿Cómo fue la selección de imágenes de archivos y las decisiones de puesta de cámara que logran esa intimidad tan poética?

La selección fue un proceso minucioso que hicimos con María Astraukas, la montajista, que editó la película con una fineza que adoro, y con una tenacidad que agradezco, porque montamos la película sin guion. Ella hizo un montaje según el guion, pero la estructura que tiene la película se encontró en el montaje, y esa intimidad, es algo que trabajamos mucho con el enorme Matías Mesa. Tiene una cámara que yo pienso que es una "cámara de autor”. Que solamente la puede hacer él, y además, tiene un gusto exquisito, encuadra muy bien. No es fácil trabajar con niños y con 45º de calor, pero nada de eso se nota. Fue una película que estudié mucho. Hice muchas pruebas. El primer proceso que tuvo esta película fue el de un "rodaje sonoro”. Hicimos un rodaje solamente para grabar los testimonios. Fuimos con los hijos de Agustín a todos, absolutamente a todos los lugares en los que estuvieron durante el exilio, y si bien llevamos cámara, porque uno sabe que va a registrar algo que tiene un valor histórico, lo que nos importaba era el sonido. Sabía de antemano que la puesta de sonido iba a estar separada de la puesta de imágenes.

Es muy interesante la decisión de rever la dictadura y sus atroces consecuencias desde la mirada de los hijos, que vivieron las ausencias, la muerte y la perdida de una niñez temprana. ¿Cómo fue la tarea de investigación y la búsqueda de los testimonios de los hijos de Agustín Goiburú?

¡Ardua! Hicimos primero el rodaje sonoro, pero luego, estuve como dos años más haciendo entrevistas personales a los hijos y también a Elín, la mujer de Agustín. Esa intimidad se construye a través de la confianza, y eso lleva tiempo, y además, yo necesitaba tener la banda sonora para poder hacer el guion. Habré hecho como cinco versiones distintas. Y al llegar al rodaje con Matías, y Emiliano Torres, que fue el asistente de dirección, con la premisa de intentar hacer todo con la mayor libertad posible. Hubo muchas cosas que se decidieron ahí, en el momento y lugar, muchas puestas en escena también se fueron develando solas. Agarramos lo que teníamos disponible, y con eso decidimos todo paso a paso.

¿Qué significa para vos presentar tu película en la Competencia Latinoamericana del Festival Internacional de Cine de Mar del Plata?

No puedo creer que esté ahí….Me da mucha emoción...Es tan grande...tan lindo...

Agustina Salvador

Proyecciones:
Hoy, vier 25, 12.10 - CIN 2
Vier 25, 19.50 - CIN 2
Sáb 26, 14.30 - CIN 2

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