Federico Godfrid: «Filmar es asumir una revolución personal»


 

Pinamar se presenta hoy en Competencia Argentina. 

 

Federico Godfrid eligió para su primer largometraje en solitario empezar por casa. Y la casa entendida como infancia, aquellos recuerdos que nos acercan siempre a ese lugar fiel y cálido del hogar. Pinamar es una historia construida sobre las relaciones filiales frente a ese momento de dolor, ese preciso instante en el que la vida cambia y nos quedamos sin refugio. Con hermosa fotografía, un guion naturalmente articulado y actuaciones orgánicas y frescas, Pinamar despliega una historia franca construida con maestría sobre las relaciones personales y el amor que todo lo salva.

 

¿Cómo surge la idea de Pinamar?

Al igual que en mi película anterior La Tigra, Chaco, la idea nace a partir del encuentro del espacio como disparador ficcional: ir a Pinamar, transitar el lugar y desde allí empezar a escribir. La locación donde transcurre gran parte de la película es el departamento de mi familia dónde pasé muchos veranos. Por lo tanto, si bien no diría que es una película autobiográfica, hay un "aire” de lugar familiar de mi infancia que se respira en Pinamar.
El segundo gran disparador nace a partir del trabajo vincular. Una pregunta que nos interesaba transitar con la guionista Lucía Möller era cómo funciona el vínculo de hermandad cuando ya no hay padres que fomenten esa unión, para reunirte en los cumpleaños, en los fines de año, para ir al cine, ¿existe un vínculo verdadero llamado hermanos? A partir de esas premisas iniciamos el camino de escritura de la película.

¿Cómo fue la experiencia de rodaje de tu primera película en solitario?

En solitario o en compañía, filmar es asumir una revolución personal. Muchas cosas cambian en la vida antes y después de filmar. Uno se expone, transita sus miedos, pone en riesgo los lugares de seguridad y se entrega. Rodar Pinamar fue una gran experiencia de vida; con momentos de muchísima felicidad y otros de terrible angustia. Hay treinta personas que están junto a vos acompañándote en un viaje, que como director se supone que tenés que saber siempre para donde girar el timón. Y muchas veces, por más practicado, diseñado e investigado que esté, sencillamente no tenés idea de qué es lo que querés hacer. Por eso es fundamental el equipo de gente que te acompaña. Esta película la dirigí solo, pero tenía un increíble equipo de dirección, conformado por Dieguillo Fernández y Hernán Weisz, acompañándome todo el tiempo, ayudándome a crear.

Pero la película nace decididamente en la etapa de montaje. Cuando parece que ya está todo hecho, uno descubre que recién está empezando. Valeria Othegu, montajista de la película, es una de las grandes responsables de Pinamar. Es la dueña del tiempo, y el tiempo es el cine. Nos tomamos un año para montar, para ir reflexionando sobre cada armado y volver a él; hasta que la película encontrara su forma. Cuando se dice que el cine es un trabajo en equipo, sinceramente no es una metáfora. Cada uno de ellos es parte de la película. Nunca hice una película en solitario.

Las actuaciones es uno de los aspectos que llama mucho la atención; la naturalidad frente a las cámaras, los pequeños gestos tan elocuentes, ¿Cómo fue el trabajo de dirección de actores?

El trabajo con actores es mi pasión. Me encanta sumergirme en el mar de las emociones junto con ellos y disfrutar del trabajo. Hubo mucho trabajo; mucho estar juntos, vincularnos, crear un "entre” todos nosotros. Conocernos más allá de los personajes y la película, para que ese universo que se formó "entre” nosotros ingresará en el film sin pedir permiso. Fue durante la preproducción que se forjó el verdadero vínculo. Hicimos dos viajes con los actores y Hernán Weisz, el primero de dirección. Nosotros cinco estuvimos conviviendo en Pinamar por más de diez días antes de que llegara el resto del equipo. En esos diez días ensayábamos algunas escenas pero principalmente "vivimos” Pinamar. Convivimos, nos conocimos, nos cocinamos, nos divertimos. Construimos ese "entre” los actores y director, que luego se filtró "entre” los personajes. Resultó fundamental para que Pinamar sea Pinamar; no se puede mentir un vínculo porque la cámara siempre lo va a notar; hay que construirlo y eso lleva un principal gran ingrediente: tiempo juntos.

EnPinamar se advierte un cuidado estético extremo. ¿Qué decisiones tomaste desde lo técnico para lograrlo?

La respuesta parece repetida, pero fue trabajo en equipo. Junto con Fernando Lockett, el director de fotografía, pensamos en trabajar con una cámara muy presente sobre el rostro de los personajes, utilizando las fuentes de luz en cuadro como puntos hexagonales. En casi toda la película, la cámara está sobre los rostros de nuestros protagonistas o sobre el espacio. Primeros Planos y Grandes Planos Generales, en los valores de plano intermedios casi no nos detuvimos. Con Lucila Presa, la directora de arte, pensamos mucho en los colores de cada personaje y su relación con el espacio. Miguel, diseñado entre los marrones y los verdes, se encuentra más amalgamado con el departamento, el espacio de la madre. Pablo, dentro de los azules, está más cerca de Laura, y el naranja de la campera es el elemento extranjero, y por ende, siempre presente. Son detalles que tal vez algún espectador perciba y otro no, pero respecto al cuidado extremo sostengo que siempre todas estas decisiones son válidas mientras no atenten contra el acontecimiento en el momento que está capturando la cámara. A veces, un hermoso movimiento de cámara o una bella puesta de luces puede resultar un atentado al trabajo con el actor; si eso sucede, prefiero dejar la escena fuera de foco, pero viva.

La ciudad se convierte también en protagonista, como un lugar al cual volver, el hogar. Esta característica se vislumbra no solo en el título sino también en una importancia que se le da a los espacios, los lugares, desde lo visual. ¿Cómo trabajaste este elemento desde el guion?

La película se escribió en Pinamar, nació del lugar. Esta es una premisa importante en mi forma de trabajar. No escribimos una historia y vamos a buscar a dónde se puede ir a filmar; la historia surge del lugar y de sus personas. En ese sentido el acercamiento es muy sincero. No es una película sobre Pinamar, pero Pinamar está en la película.

Las relaciones son el alma de tu película. ¿Cómo se fue construyendo ese crescendo narrativo tan sensible y a la vez tan honesto?

El adentro y el afuera de la película están hermanados. Cuando filmábamos la escena del auto, de la que no daré detalles para no spoilear ni un segundo a los que aún no la vieron, el vínculo de los personajes y el de los actores tenían muchos puntos en común. El rodaje se terminaba, y había una película en cada uno de nosotros, por haber estado compartiendo cuatro semanas haciéndola. Si hay honestidad y sensibilidad dentro de la narración es porque también la había por fuera de ella. Tenemos mucho respeto por lo que hicimos. Lo que sucedió, nos sucedió a todos. Fue una gran experiencia que nos unió y nos hizo hermanos más allá de la ficción de la película. Los actores la vivieron así, no como si estuvieran haciendo un trabajo más, sino entregando el cuerpo y las emociones por trabajar de lo que amamos; y eso es lo que quisimos compartir frente a la cámara, amor por el hacer. Porque el cine es hermoso, pero el cine con amigos es superior.

Agustina Salvador
 

Proyecciones:
Hoy, dom 20, 10.20 - ALD 5
Dom 20, 18.50 - ALD 5
Mar 22, 16.20 - ALD 4 


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