Fernando Guzzoni – «’Jesús’ es un trabajo sobre el cuerpo desnudo, violentado, erotizado»

Fernando Guzzoni presenta su última producción en Competencia Latinoamericana

Jesús, la segunda película de ficción de Fernando Guzzoni es un cross a la mandíbula, un drama intimista basado en la relación de un padre con su hijo, en el marco del crimen de odio de Daniel Zamudio que conmocionó a la sociedad chilena en 2012. Las relaciones que se construyen en esta parábola oscura y desgarradora logran reflejar desde un punto de vista cercano y lúcido, las entrañas de una sociedad que colabora cotidianamente con el origen de odios, fobias y resentimientos. Una producción que bucea en los intersticios sociales para buscar y mostrar el germen de la violencia humana, con maestría visual, sensibles actuaciones, y un guion que desnuda articuladamente los entretelones del miedo a lo diferente.

¿Cómo surge tu interés por el tema de tu largometraje?

La película es una reflexión sobre la relación fracturada entre un padre y un hijo. Me interesaba arquetípica y antropológicamente esa relación, creo que es un paradigma ineludible. Fui instintivamente entrando en ese imaginario, y consumiendo, desde diversos soportes, elementos relativos al vínculo entre padre e hijo. Desde relatos bíblicos, literatura relativa a eso, hasta elementos cinematográficos, ensayos, etc. Cuando estaba en el proceso de escritura, en marzo de 2012, ocurrió en Chile un hecho eclipsante y muy mediatizado. Un chico fue brutalmente asesinado por cuatro jóvenes en una plaza, en el centro de la ciudad. La muerte de Daniel Zamudio fue el tipo de cosas que te inquietan, que te emplazan. Y por curiosidad, empecé a interiorizarme en el caso y me di cuenta que tenía elementos que dialogaban con lo que yo buscaba. Tanto la víctima como los asesinos eran jóvenes con figuras paternas difusas o ausentes, y todos eran de la misma extracción social; sin embargo, había un muerto entre ellos. Y eso me incomodó, básicamente porque había una reducción de la prensa hacia el caso, diciendo que los asesinos eran neonazis y eso no era real. La idea de esa muerte representaba para mí el fracaso del pueblo, no se trataba de un crimen por venganza, de lucha de clases que uno pudiese entender como revancha, sino que había una erupción súbita de violencia que respondía a cosas más subterráneas y complejas que los medios invisibilizan. De todas formas para mí en ningún caso se trata de una película oficial sobre Daniel Zamudio, eso no me interesa. Es mi propia reflexión sobre una relación padre-hijo que toma elementos de forma arbitraria del caso para construir una reflexión nueva.

En Jesús, hay una impronta y una marca de tu pasado documentalista, por la cercanía a los personajes ¿Cómo trabajaste ese aspecto de tu película?

Fue hacer un diálogo con lo real, lograr una compenetración más profunda. Parte del trabajo fue entender que los espacios públicos, como el parque por ejemplo, es la nueva polis donde se baila, se conversa, se toma, se tiene sexo. Y en ese desborde se entra en estados de exceso que pueden perfectamente conducir a algo terrible, sin ser criminales necesariamente, sin esa etiqueta. La muerte en este contexto puede ser producto de un juego que termina mal. En ningún caso quería construir un discurso sobre lo "lumpen” o estigmatizador. La realidad es mucho más compleja que eso. Pero trabajé durante un año con jóvenes que bailan Korean pop, con tribus urbanas y los invité a participar de la película. No quería abordar el tema juvenil desde un exotismo, no quería parecer un turista al interior de mi propia película, por eso me preocupé mucho de que todo fuera muy verosímil. El propio tratamiento audiovisual iba en esa dirección, de generar un relato vivencial para el espectador.

Se muestra la adolescencia desde las entrañas; desde sus problemáticas, deseos, y también ese no lugar que ocupan, ¿Cómo fue el trabajo de acercamiento a ese mundo particular?

Entendía que el mundo juvenil tiene códigos, maneras de vincularse muy particulares y había que ser riguroso con eso, pasé mucho tiempo de observación y trabajo junto a ellos y combiné actores no profesionales con actores que fueron dando verdad a la película de forma orgánica.

¿Qué elementos tuviste en cuenta a la hora de componer la mirada sobre este caso tan emblemático?

Ninguno. Hice lo que hice y siempre me lo planteé así. Creo que es la maravillosa facultad del cine de poder construir tu propia mirada que dialoga con la realidad. Desde ese lugar, hice mi propia investigación, saqué mis propias conclusiones y luego tomé aleatoriamente lo que quería y lo que no. No me gustan las historias oficiales y las películas con afanes pedagógicos, periodísticos o históricos. Lo mío era hacer mi propia exégesis de todo.

Siempre es difícil observar una problemática de la que somos parte, mirarse a uno como fuente de la violencia social latente ¿Cómo fue la experiencia de la recepción de la película y cuáles son tus expectativas para la presentación y la recepción del público en el Festival Internacional de Cine de Mar del Plata?

La película ha tenido muy buena acogida y crítica desde su estreno en Toronto y San Sebastián. Es una historia bastante universal. Lo coyuntural del caso pasa a segundo plano, hay un retrato de la relación padre-hijo fracturada que atraviesa fronteras y generaciones. La búsqueda de la identidad también es un relato global. Ha pasado ya por bastantes festivales en estos pocos meses desde su estreno, y el público ha hecho una lectura muy inteligente y sensible de la película. Estoy muy contento de poder mostrarla acá en un país con tanta tradición cinematográfica y con una audiencia exigente y cinéfila. Me interesa mucho el feedback de la gente en Mar del Plata.

Un párrafo aparte merecen las interpretaciones. ¿Cómo fue el trabajo de dirección de actores?

En el set, el guion era un mapa de ruta. Fue muy móvil y le dio libertad a los actores para poder jugar, desarrollar sus personajes, de la mejor manera posible, o sea la más natural. Yo mismo me desapegué del guion en sus detalles. Daba directrices claras, pero luego los dejaba extraviarse, no quería cortar las emociones. Tuve tomas de 14 o de 15 minutos en donde los actores se compenetraban mucho con lo que estaba pasando. Al mismo tiempo, esto tiene como efecto el que no existen tomas iguales entre sí. La toma uno era totalmente distinta de la toma dos y así iba construyendo las secuencias con pequeñas elipsis. La película fue filmada de manera muy naturalista. No quería que se viera la costura, el artificio. Quería recoger toda la verdad de los estados físicos, quería sentir ese riesgo. La película al final es un trabajo sobre el cuerpo, hay distintos niveles en juego: el cuerpo desnudo, violentado, erotizado, llevado al límite de la muerte. Quería retratar ese vértigo. Tuve la suerte de trabajar con actores generosos y muy valientes, que entendían que lo que buscaba como resultado no era un capricho y creyeron. Y llegaron hasta el límite.

Agustina Salvador

 

 

Proyecciones: 
Hoy, jue 24, 10.20 - CIN 1
Jue 24, 18.50 - CIN 1
Vie 25, 18.50 - CIN 1

 

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