La familia real

Con un título de extraña fonética y ambiguo significado, Sieranevada lleva adelante un tour de force actoral para demostrar las relaciones humanas desde la mirada siempre vigente de uno de los directores más importantes del Nuevo cine rumano. 

Más de doce personas reunidas en un pequeño departamento para celebrar en memoria de la muerte del padre de familia. Esta oración no se pretende ni un argumento, ni un resumen, ni siquiera un panorama fugaz sobre el argumento central del nuevo film de Cristi Puiu. Es sólo un estado de situación, porque lo que el director rumano aborda -como en gran parte de su filmografía- es, en realidad, la historia política de su país, el rol de las instituciones, el choque generacional y la sociedad entera. Todo esto a través de diálogos y de acciones que se suceden durante un solo día entre los miembros de una familia reunida para cenar y recordar los días pasados. Y, como buen maestro del manejo de las conversaciones, Puiu se lanza a un viaje de tres horas de duración donde es prácticamente imposible omitir oraciones y contenidos. Lo que sucede frente a la cámara es vida, casi en el sentido que se aplica cuando se habla de relatos documentales.
 
Esos personajes existen, son familia, charlan mientras comen, y esos son sus pensamientos reales. Claro, esta es la sensación producida de ese efecto de verdad, donde el nivel de realismo alcanza esa magia que el director obtiene de su dirección de actores. 

En Sieranevada, la cámara precisa registra cada acción y reacción, cada gesto en respuesta al diálogo, cada mensaje subliminal que se desarrolla mientras el ojo óptico se mueve en un vaivén desde diversos puntos fijos. Y la duración de cada uno de los planos ejerce un magnetismo tal que uno se siente parte de ese espacio, percibe la claustrofobia del departamento y la necesidad de participar de los debates familiares. 
 
Es potente cómo Puiu establece ciertos puntos que rondan cada historia y cada modo de pensar de sus personajes –la acción se sitúa tres días después del atentado contra Charlie Hebdo en París, se alude al atentado del 11/9-, lo cual produce una mirada nihilista sobre la vida, sobre la religión, sobre el verdadero sentido de las relaciones humanas.  Así es como el director expresa su punto de vista, no sólo desde el contenido mismo sino por decidir omitir todo tipo de intervención técnica o alguna notoriedad artificial en la escena. El dispositivo es un mero testigo, y la neutralidad general de los recursos posibilita una lectura cómica o trágica de los acontecimientos según cuál sea el modo de ver del mismísimo espectador. Y Puiu utiliza dos recursos que refuerzan esta idea: poner a la cámara a la altura de los ojos de sus personajes, y utilizar el paneo como el movimiento de una cabeza que no quiere perderse nada -es decir, verlo todo como si el público fuera un integrante más de esa familia disfuncional.  
 


Este caos contenido entre cuatro paredes, con un afuera imposible casi al modo de El ángel exterminador, es la próxima candidata a los premios Oscar en representación de Rumania. Y no es un dato de color imaginarse, por un momento, a Cristi Puiu parado en la alfombra roja, con una punzante crítica a la política internacional y al imperio a punto de brotarle de los labios frente al micrófono norteamericano. 
 
 
Ezequiel Vega
 
Proyecciones:
Hoy, Lun 21 nov -  18.00 - CIN 2
Mar 22 nov - 16.20 - CIN 2

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