La realidad como mito o el mito como realidad


¿Qué harías si descubrís que tu vecino es una leyenda del Rock and Roll, que tuvo su época de esplendor, pero desapareció varios años de la luz pública, hasta que un día lo encontrás en el umbral de tu puerta? Pedro Otero dirigió El mago de los vagos, que la presenta hoy en Hora Cero.

"A fines de 2010, me mudé a un primer piso de un PH. En uno de los departamentos de abajo, vivía un viejo que sólo conocía por sus ataques de tos”, recuerda Otero. "Un día me tocó el timbre. Se le había cortado la luz. Tratamos de arreglarlo pero no pudimos, así que le tiré un alargue por el balcón. Al rato, me tocó el timbre de nuevo. Tenía dos CD en la mano y quería regalarlos como agradecimiento. Pensé que iba a escuchar a un viejo delirante carraspeando unos blues mal entonados, pero me quedé muy sorprendido. Llamé a un amigo y le pregunté si lo conocía. Me contestó: Es uno de los inventores del rock argentino”.

El mago de los vagos es un retrato de los últimos años de Alberto Ramón Pajarito Zaguri García, ex miembro de Los Beatniks, Los Náufragos y La Barra de Chocolate, así como cocreador del tema Rebelde, himno de toda una generación. Una cámara oculta registra la entrevista de Otero con Pajarito como si fuese el backstage del documental, generando un material íntimo y descontracturado.

 "La intención fue hacer una película que no canonizara a un personaje que nunca quiso ser canonizado. Queríamos hacer un trabajo tan entretenido como él.
"El documental hubo que rearmarlo trabajando la idea defound footage”, declara el director. "Si bien es muy distinto al primer guión, el espíritu es casi idéntico. Creo que si me mostraban esta película hace cinco años, cuando empezamos, me habría identificado con ella”.

Al principio, Otero admite que tampoco conocía a Pajarito y su obra: "No tenía ni la menor idea de quién era y eso influyó en la forma de encarar el trabajo. El tipo que grabó el primer disco del rock argentino ahora era un completo desconocido, al menos para el público masivo, un atorrante tan indomable y atrevido a los setenta como a los veinte años. Quería hacer un documental que transitara esa contradicción, tan representativa de su personalidad, y que creo tiene mucho que ver con la crueldad y el cinismo de la cultura del éxito y la fama. Pajarito eligió un camino extraño, marginal, divagante y rebelde toda su vida. Y me parece que eso implica mucha valentía.

Sin embargo, a mitad de la realización de la película, Pajarito Zaguri se convirtió en mito. "Habría que pensar si la realidad es mito o el mito, realidad”, reflexiona Otero. "La idea de poner en escena la muerte de Pajarito es algo que tuve en la cabeza desde el primer minuto. Es muy común que los medios transformen en estrella a las personas cuando dejan de dar luz. Se me ocurrió meter un poco de púa ahí, tratar de hacer algo que problematizara esa forma de construir mitos que es tan común en los medios, que piensan en el arte o los artistas como mercancía. Cuando le conté la idea a Pajarito, no sólo le encantó, sino que hizo su aporte para hacerla un poco más picante”.

La originalidad de El mago de los vagos no radica solamente en su formato, estética y sentido del humor. El director también apela a diversas estéticas para reconstruir la vida de su protagonista, incluido, un segmento animado: "Un día encontré una revista virtual de rock de San Francisco, que incluía una canción de Pajarito entre las diez más psicodélicas de la historia. Me pareció muy hermosa y representativa de él. Se llama Proyectos de un ladrón prisionero y cuenta la historia de un preso que mira por la ventana de su celda, y ve pasar a un pájaro volando al que le empieza a hablar y a cantar. Ahí surge la idea de hacer un dibujito animado del tema como si fuera un video clip”, afirma el realizador.

Además de Zaguri, El mago de los vagos contó con los testimonios de amigos, familiares, músicos, fanáticos y recorre los sitios que frecuentaba el protagonista. "Me parecía interesante hacer una especie de encuesta sobre su popularidad”, dice Otero. "Se me ocurrió mezclar los testimonios de la gente en la calle con los de algunos personajes famosos. Con Capusotto, por ejemplo, se conocieron en la tribuna de Racing. Pajarito estaba parado en el entretiempo, solo, y se le acerca alguien que empieza a cantarle al oído un tema suyo. Se da vuelta y era Diego, que como amante del rock, lo reconoció al toque. Por otro lado, a mediados de los noventa, Pajarito sacó un disco que venía dentro de una caja de pizza real, de cartón, con un piolín a modo de cierre. Se organizó la presentación en Las Cuartetas. Cuentan las malas lenguas que la sala estaba repleta pero él nunca apareció”.

El mago de los vagos 
podría encasillarse como un documental más sobre un músico nacional, pero no lo es. La calidez que le imprime Pedro Otero al relato, lo encuadra como un trabajo acerca de una persona muy cercana y más íntima, incluso que un simple vecino. "Si lo tengo que definir a él, diría que es un tipo atrevido, sin freno y con pie pesado para el acelerador. Pero ante todo, un amigo. Armamos un vínculo súper estrecho, con mucho tiempo compartido, más allá de la película. Sin idilios, con contradicciones. Nos peleamos, reconciliamos, nos aburrimos del otro y volvimos a encontrar.
 
Proyecciones:
Hoy, Dom 20 de nov - 22.00 - ALD 4
Lun 21 de nov . 13.10 - ALD 4
 

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