Más negro que la noche

Fritz Lang explora la faceta más oscura del prolífico director alemán, para mostrar no sólo el genio detrás de la persona sino también sus perversiones y deseos como motor de su imaginación cinematográfica. 

Difícil tarea la de llevar la historia de vida de un personaje real a la pantalla grande; deben elegirse cuidadosamente aquel o aquellos eventos particulares que engloben y definan al protagonista en general, guiados por un tema mayor. Y esta labor se torna aún más complicada cuando ese personaje es un reconocido director de fama internacional que cuenta con más de cuarenta títulos en su filmografía. La persona en cuestión es, ni más ni menos, Fritz Lang, y el momento que guiará la historia es el proceso que llevó a la creación de M, una de sus obras maestras. 
Gordian Maugg analiza y reconstruye la personalidad del director alemán sin loas ni halagos gratuitos sino a través de la expresión de un personaje oscuro, violento y con un fuerte grado de perversión. Un hombre acechado por diversos fantasmas –su pasado, sus adicciones, sus temores- que encuentra la inspiración para su primer largometraje sonoro en las noticias sobre el caso del asesino serial Peter Kürten. 
 


Rodada en un riguroso blanco y negro, el director recurre a material fílmico de películas de los años `30 para anclar la época histórica y para que -en combinación con la ficción- se genere un cierto efecto de verdad. Por momentos, incluso, anticipa imágenes del verdadero film de Lang, a través de sobreimpresiones que expresan las futuras ideas de puesta en escena sobre el material de archivo policial y sobre los avances de la investigación. 

Con ciertas reminiscencias al Capote de Bennett Miller, Fritz Lang transita por lugares incómodos, impactantes, no sólo en lo referente al camino del asesino, sino a la obsesión que siente el protagonista por esos mismos asesinatos y por la imagen de Kürten.
 
A través de un juego entre realidad e imaginación, Maugg revela el potencial creativo de Lang y lo posiciona como un antihéroe, como un personaje marginal salido de un policial oscuro como los que el director alemán realizaría años más tarde. 
 
Su relación con su primer mujer, la decadencia de su relación con Thea Von Harbou -su segunda mujer y guionista de muchas de sus películas-, sus jóvenes años como teniente en la Primera Guerra Mundial y, sobre todo, la noticia que lo lleva a la idea madre de M son algunos de los hechos que le sirven a Maugg para desentrañar la verdadera alma de Lang. 

En ese reflejo delictual, en ese intentar vislumbrar el proceder del asesino e incluso imitarlo -al menos desde el deseo- es que Fritz Lang se diferencia del común de las biopics. No hay gloria más allá de la grandeza como autor, o al menos ese es el recorte histórico elegido por Maugg, quien pareciera haberse apropiado del aforismo nietzscheano para la representación de su personaje: «(…)cuando miras largo tiempo a un abismo, el abismo también mira dentro tuyo».
 
Ezequiel Vega
 

Proyecciones:
Hoy, Vie 18 nov -  20.40 - AMB 2
Sáb 19 nov - 23.20 - AMB 2

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