Solo contra todos

«Blanco o negro» se proyecta hoy a las 00:30 hs. narra la cacería por venganza de un protagonista dispuesto a cualquier cosa, para mostrar la dualidad del hombre en situaciones límite y preguntarse -permanentemente- si el fin justifica los medios. La película contará con la presencia del director y la productora. 

En el mundo del cine, las películas de venganza poseen una historia extensa, diversa, que va desde la búsqueda de justicia de un hombre con armónica, hasta la de una mujer de traje amarillo que despliega su sable con una maestría inigualable. Y muchas de ellas -se diría, la gran mayoría- encarnan la llama del ser amado, de quien ya no está físicamente pero sí en el deseo y consumación de la violencia. En Blanco o negro hay sangre, sadismo y -sobre todas las cosas- mucha oscuridad. 
Adrián -interpretado por el mismo Matías Rispau, quien además hace cámara en distintas escenas- vuelve a Buenos Aires luego de un largo exilio, para buscar a los culpables de la muerte de su novia Elisa. Claro, el refugio en el sur no buscaba atenuar el dolor sino sólo encapsularlo, entenderlo, condensarlo hasta volverse una llaga y poder así resurgir desde el fuego. El protagonista vuelve convertido en una locomotora imparable sin nada que perder.
 
          
A través de las cavilaciones de Adrián -materializadas en una voice over-, conocemos no sólo aquellos pensamientos que oculta a los demás, sino también la bestia salvaje que anida en su interior. Un psicótico enjaulado -literal- que pretende convencer al espectador de que la salida más «razonable» es la de dejarlo escapar, dejarlo arrasar con todo, para poder así canalizar el dolor.  Y es que, en su esencia, Adrián es un extremista, es blanco o negro, aún cuando en su interior haya una lucha dual sobre su sed de venganza. 
 
Con guiños a películas como Kill Bill, Rocky, referencias a la saga Pusher y a Bronson de Winding Refn, y una notable influencia de Old boy y del cine coreano, Rispau aborda cuestiones visuales que resumen ideas de un modo pocas veces visto en la cinematografía local. Porque Blanco o negro es eso, una película distinta, en todos los sentidos posibles.
 
El sinnúmero de locaciones -desde San Martín de los Andes hasta Wilde-, las coreografías en las escenas de acción, la caracterización de personajes y las variadas puestas de cámara convierten a este largometraje en el resultado de la creación de un cinéfilo empedernido.
 
Rispau conoce el lenguaje del cine y lo explota al máximo, con una ambición total. La variedad de géneros -de repente es un thriller, luego es un drama, por momentos una comedia- produce tal entretenimiento, que los 137 minutos de duración se vuelven poco. Y es que en la acumulación interna del personaje y el envión resultante de su liberación, todo espectador corre con el protagonista. Y en el dilema no hay lugar para la reflexión; Adrián sabe lo que quiere y cómo llevarlo a cabo a la perfección. Porque, como dice el proverbio que tan bien aprovechó Tarantino, «la venganza es un plato que se sirve frío». 
 
Ezequiel Vega
 

Proyecciones:
Hoy, vie 18 nov -  00.30 - CIN 1
Sáb. 19 nov - 21.20 - CIN 1

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