«Duchamp era un surfista de la realidad»

Mariano Galperín y Román Podolsky presentan su película en Competencia Argentina.
 
En la vida de Marcel Duchamp, Buenos Aires fue un paréntesis demasiado europeo y machista. Todo lo que veo es mío desanda con lucidez y originalidad el paso del artista francés por Argentina a comienzos del siglo pasado. En un orgánico blanco y negro, la dupla Galperín-Podolsky despliega una narración poética y estética que logra despertar en cada plano el universo interior y artístico de Duchamp. Su paso por una ciudad ajena y su extrañeza frente a las costumbres porteñas se amalgaman con su espíritu genial y reticente a los convencionalismos. En Todo lo que veo es mío, la forma es el mensaje, y con hipnótica narrativa logra deconstruir el mundo desde el punto de vista del padre del arte conceptual.

¿Cómo surge la idea de Todo lo que veo es mío?

Es una idea original de Mariano Galperin. En agosto de 2015 me convocó para escribir y dirigir juntos un guion en relación con la estadía de Marcel Duchamp en Buenos Aires, a comienzos del siglo XX. La importancia que tiene Duchamp en la historia del arte contemporáneo, sumado al deseo de hacer una película de época que investigara sobre la misteriosa estadía del artista, fueron los estímulos que pusieron en marcha y sostuvieron el proyecto.
 

¿Cómo se acercaron al universo de Marcel Duchamp para lograr retratarlo desde tan marcada potencia visual?

Las cartas que Duchamp envió desde Buenos Aires fueron fundamentales. En esos meses mantuvo una correspondencia regular con miembros de su familia, amigos y mecenas a quienes les iba detallando aspectos de su viaje y estadía. El material es variado: hay impresiones acerca de la ciudad y su gente, opiniones sobre el arte, referencias a estados de ánimo e inquietud por la suerte de sus familiares y amigos. Por supuesto, la investigación nos llevó también a revisar la gran cantidad de biografías que hay sobre Duchamp, la infinidad de entrevistas -publicadas y online-, sus textos teóricos, el análisis crítico de su obra, etc. Pero a la hora de encontrar referencias visuales, el concepto duchampiano de Infraleve nos resultó muy inspirador, pues nos permitió prestarle atención a pequeños detalles -“frágiles acontecimientos extraídos de la experiencia cotidiana”- que en una narración convencional pueden pasarse por alto, pero que desde la perspectiva de Duchamp revelan su particular modo de percibir la realidad. Por último, no debería quedar de lado otro de los conceptos propios de Duchamp, mucho más conocido: el de ready-made. Tal vez el mismo título de la película haga alusión a esta forma tan personal del artista francés de apropiarse de cualquier objeto que llamara su atención y elevarlo a la condición de obra de arte.

Es muy interesante la narración, que tiene como eje las relaciones hiperestéticas, en la que cada plano corresponde de alguna manera a la mirada u obra del artista retratado. ¿Qué desafíos tuvieron a la hora de encarar este acercamiento?

Duchamp era un surfista de la realidad. Su desenfado, su libertad, su desapego, pero sobre todo su inagotable humor, fueron aspectos que tuvimos en cuenta en cada etapa del proyecto. El gran peligro era transformarlo en una especie de prócer de cartón, volverlo solemne. Pensamos que la mejor forma de respetarlo era faltándole el respeto, inventando sobre sus invenciones. De algún modo, él nos empujaba a ser más libres a cada momento en nuestras decisiones.

Hay un puntillismo estético fascinante, que acompaña la narración como un metalenguaje muy marcado. ¿Qué elementos tuvieron en cuenta desde lo técnico?

Hay un uso deliberado de los planos detalle y de la cámara lenta con el objetivo de captar el detalle. Hay una intención de no agregar nada de más, confiando en el vacío y en el silencio de una Buenos Aires de principios del siglo XX, un lugar al que Duchamp acudió para tomar distancia del ruido de la guerra y de las vanguardias de la época. Debe destacarse también la elección del blanco y negro, para distanciarnos de la realidad contemporánea. Y en relación con la duración de ciertos planos, la idea era transmitir de ese modo el gusto de Duchamp por la pereza y el pensamiento, en ese orden.

Las actuaciones son otro punto a remarcar. Hay una cadencia hipnótica en cada pequeño gesto o movimiento. ¿Cómo fue el trabajo de dirección de actores?

Más que hacer algo, los actores debieron dejar de hacer. Marcel Duchamp y su amiga Yvonne Chastel son extranjeros en la ciudad. Queríamos que su percepción y sus impresiones acerca de una realidad tan diferente a la suya tuvieran un lugar preponderante en su actuación. Más que ser los protagonistas de una acción, lo que deseábamos era que ellos nos mostraran las reacciones provenientes de los sucesivos contactos con diversos miembros y situaciones de la sociedad porteña de la época. Fue clave para los actores Michel Noher y Malena Sánchez decir sus parlamentos en francés, lo que les permitió abordar con una distancia justa sus personajes.
 
Agustina Salvador
 
Proyecciones
Hoy, mié 22, 13.40, ALD 3
Hoy, mié 22, 19.10, ALD 3
Jue 23, 14.50, ALD 3

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