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«El cine me salvó la vida»

En la sala Dauphine del Gran Hotel Provincial, el director francés cautivó el corazón de todo el público presente y analizó el rol del cine en su historia personal, su ética como realizador y sus 60 años de carrera. Con un auditorio repleto, Lelouch demostró por qué sigue siendo una de las leyendas del cine mundial y un maestro con muchísimas lecciones para enseñar.
 
 
Con una retrospectiva de tres títulos bajo el brazo, y un largometraje recién terminado -la maravillosa Chacun sa vie- el director Claude Lelouch arribó a la 32° Edición y brindó la primera de las Charlas con Maestros, del tradicional ciclo del Festival. Presentado por el periodista Pablo de Vita, la pasión y el talento de Lelouch se expresaron a lo largo de toda la conversación, que se inició con sus razones sobre su amor cinematográfico.
 
“El cine es la gran historia de mi vida”, expresó. “Mi madre me escondía en las salas de cine, escapando de la Gestapo. El cine me salvó la vida”, confesó a sus fanáticos y seguidores. El anhelo por querer iniciar sus experimentaciones artísticas lo hicieron enfrentar el fracaso en el mundo escolar. Lelouch estaba decidido, y su familia lo intuía. “Me escapaba de las clases para ir al cine. Mi padre dijo: 'Si fracasa, le compraré una cámara. A ver cómo le va con eso'. Hice todo lo posible para que me vaya mal”
 
Así fue que, después de un primer viaje decepcionante a Estados Unidos en busca de imágenes, terminó en la Unión Soviética sin dinero en los bolsillos, pero con la bendita cámara en la mano. Ese periplo lo llevó hasta las puertas de un estudio de filmación donde el soviético Mijail Kalatozov rodaba Pasaron las grullas, que se convirtió en su película de formación. Y su vida cambiaría para siempre.
 
Amante de la verdad y de la improvisación, Lelouch alentó a las jóvenes generaciones a actuar con libertad, ya que es allí “donde radica el perfume de la verdad”. Los sucesos del Mayo Francés modificaron su modo de ver y pensar el cine, y fue así que se permitió otros modos de encarar el trabajo de puesta en escena. “Yo no sabía cómo iba a terminar Un hombre y una mujer, lo fui sabiendo cuando la filmaba. Así es la vida, ese es el actor invisible”, comentó. Y, en honor a su metodología de lo espontáneo, agregó: “El azar es la persona que me ha dado los mejores consejos. Me condujo por esos lugares donde mi inteligencia tenía miedo de ir”.
 
Con 60 años de carrera y más de 47 películas en su haber, Lelouch es una marca indeleble en el cine francés. Su presencia en esta edición fue festejada por un público cautivado no sólo por su pura cinefilia sino por su calidez y su honestidad. Sus recuerdos sobre su primer premio en la historia de su vida -para Una chica y los fusiles, obtenido, ni más ni menos, que en el Festival Internacional de Cine de Mar del Plata en 1965- cargaron de emoción a todos los presentes. “Yo era un director joven, desconocido, tenía 25 años. 50 años más tarde, aquí me tienen de nuevo, para recordar ese premio que me hizo tan feliz”.
 
 
Ezequiel Vega

 

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