«El Diablo nunca está muy lejos del vagabundo»

Christopher Gude presenta su película en Competencia Latinoamericana.
Sobre los paisajes de una tierra desolada, un hombre misterioso deambula entre actos criminales y conversaciones con lugareños que actúan en la frontera -simbólica y real- entre Colombia y Venezuela. La última película de Chris Gude, director de Mambo Cool -Competencia Latinoamericana en el 28° Festival- indaga en la política y la geografía de la Guajira, con personajes que se mueven por carreteras sinuosas como si fueran embarcaciones a la deriva.
 
¿Cuál es el juego que se establece entre la arquitectura de la ciudad y la historia en Mariana?

El pueblo donde filmamos fue un centro de contrabando en la Alta Guajira colombiana. En los años ´50, por fenómenos naturales, económicos y políticos, el pueblo fue abandonado y los vientos arenosos del desierto invadieron las casas. Cuando visité este lugar por primera vez sentí que la locación era excusa suficiente para hacer la película. Más allá de la riqueza histórica y las cualidades estéticas, me di cuenta de que esas ruinas proporcionaban un cierto paradigma simbólico para todo el proyecto. Creo que esas ruinas son un modelo estructural apropiado en un lugar como el Caribe, cuya historia está llena de saqueos, y más para este retrato de nómades, quienes todo lo vuelven una sucesión de destrucción y reconstrucción.
 

Cada escena de Mariana dialoga con el espectador no sólo respecto de aquello que reside en el plano sino con un contexto -político, simbólico- muy particular. ¿Cómo fue llevar esos distintos niveles al universo cinematográfico?

Los niveles políticos y simbólicos se fueron elaborando y manifestando, en conjunto, de una manera particular y abstracta. Mientras más exploraba lo existencial, más busqué un simbolismo histórico, y mientras más examinaba lo histórico y lo político, más descubría un discurso personal e interior. Esto pasa, por ejemplo, con la figura de Simón Bolívar, que se contrasta en la película con los vagabundos y contrabandistas que protagonizan la narrativa. Bolívar encarna la rebelión política, mientras que la rebelión vagabunda y espiritual de nuestros personajes se presenta en disconformidad a la unidad de una revolución política.
 
La película respira un aire de destrucción, angustia y desesperanza en cada plano. ¿Qué te llevó a contar una historia de estas características? ¿Cómo surgió esa idea?

Las primeras ideas nacieron de un encuentro en un bar en Maracaibo, con un viejo vagabundo surafricano. Me contó una curiosa historia de cómo llegó a Venezuela buscando trabajo, cómo se quedó sin papeles de identificación ni patria, y cómo estaba buscando salir del país clandestinamente. Todos los rebeldes son condenados a errar, y el Diablo nunca está muy lejos del vagabundo. La destrucción y la angustia es algo que siempre existe en esos caminos que transitan.

¿Cómo fue el trabajo con los actores para lograr que lo ficcional y lo documental sea tan difuso entre sí?
 
La mezcla entre documental y ficción es la cualidad del cine que más me atrae, y contribuye a mantener el tenue equilibrio que asume Mariana entre lo abstracto y lo particular, entre lo que se esconde y lo que se revela. El trabajo con los actores es un proceso que desarrollo desde la misma escritura. Empiezo con sólo un actor, Jorge Gaviria, principal colaborador en mis proyectos. Musa, compañero de viaje y protagonista, funciona como ancla en el momento de trabajar con otros actores menos experimentados, ayudando a enlazar un tono entre todos. También escribo  en base a los otros actores que vamos escogiendo, y que ya encarnan las características que queremos plasmar ficcionalmente. La mayoría de los diálogos e interacciones de los personajes existen, de una manera u otra, en la vida de esos actores.

Si bien continúas en la senda que marcaste con Mambo Cool, tu cine se relaciona de algún modo con la obra de directores como Pedro Costa y Werner Herzog. ¿Cuáles son tus referencias al momento de encarar tus proyectos audiovisuales?

En Mambo Cool estaba la influencia de Costa, definitivamente. Y en la medida en que Mariana sale de esa otra película, la referencia perdura pero de manera residual. Herzog es un guía espiritual en la actitud de llevar a cabo un proyecto con tales condiciones de producción, y por su romanticismo frente a lo primordial de la naturaleza. Como él, intento imbuir una sensibilidad que re-encanta a la naturaleza, pero de manera más sutil, más indirecta. La relación con el paisaje también tiene sus referentes en el género del western, en el que paisajes salvajes habilitan las acciones de sus protagonistas y estos encuentran el poder de subvertir las leyes, el estado y la sociedad. Pero mis referencias más importantes son las obras poéticas del argentino Roberto Juarroz y el colombiano Álvaro Mutis. Sus rastros se pueden hallar no sólo en los diálogos sino en la aproximación al espacio. La “poesía vertical” de Juarroz impregna una sensibilidad metafísica en cada lugar y objeto; y las imágenes de ruinas y mecanización oxidada de Mutis me influyeron tanto en los aspectos visuales como en el sonido.

Ezequiel Vega

 

 

Proyecciones
Hoy, mar 21, 14.45, CIN 1
Hoy, mar 21, 22.40, CIN 1
Mié 22, 17.20, CIN 1

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