«La nostalgia es imposible de eludir»

Nostálgica, divertida y fresca. Las olas, tercer largometraje de ficción de Adrián Biniez, propone una narrativa distinta para ahondar en la vida de este personaje que tiene el don de volver a sus vacaciones del pasado. El punto de quiebre, las olas, y a la orilla del mar todos los momentos que marcaron su vida. Desde el punto de vista de este viajero del tiempo, interpretado por Alfonso Tort (25 Watts), el espectador podrá rememorar el pasado desde un extrañamiento alucinado y sensible. Las olas llega a Mar del Plata para recordarnos que somos el resultado de todos los veranos de nuestras vidas.


¿Cómo surge la idea de este extraño y hermoso viaje por el tiempo?

No recuerdo el momento exacto en que nació la idea, pero sí que llevo un cuaderno en el que anoto todo lo que se me ocurre, aunque después sea una idea horrible para hacer algo con ella. La base de Las olas estaba allí, pero se titulaba Las Playas -como se verá, no soy muy bueno poniendo títulos-. Lo que sé es que me agarraron muchas ganas de hacerla luego de terminar El 5 de Talleres, porque  estaba en las antípodas de la anterior y eso me permitía explorar y experimentar con otras cosas que me fascinan, pero que no había hecho hasta ahora. Explorar una narración con sus propias reglas, con cambio de tonos abruptos, antinaturalista y episódica.

 
 
Es muy interesante el extrañamiento que se logra al tener un actor adulto interpretando en algunas etapas de la película a un niño ¿Cómo trabajaste ese aspecto con Alfonso Tort?

Escribí Las olas para Alfonso, que es amigo mío desde hace muchos años. Siempre estuve seguro de que podía hacer esos cambios de registro y tono de una manera simple y sutil porque es un gran actor. Más que esos cambios de registro no obedecían a determinados episodios, sino que se daban por momentos: en una misma escena él participaba con distanciamiento, y al minuto siguiente se incluía en la lógica que los demás le adjudicaban, y luego volvía a salir. Generamos un código muy simple con Alfonso y después se fue dando en el rodaje.

La nostalgia parece ser unos de los motores de tu película. ¿Qué tanto de autobiográfica es?

Es poco autobiográfica pero me reconozco en muchas partes. Hay elementos aquí y allá, pero casi todo es ficción. Lo de la nostalgia es imposible de eludir, pero no creo que sea un motor sino una especie de zona donde llega uno cuando empieza a jugar con el pasado y los saltos temporales, lo que hace que por momentos la película se convierta en una de fantasmas en traje de baño.

El mar funciona como elemento narrativo que unifica y a la vez marca los saltos del tiempo cronológico. Y elegiste filmar sin artilugios como iluminación artificial, y casi en su totalidad en exteriores. ¿Qué desafíos se presentaron a la hora de hacer de la playa tu locación inicial?

El mayor desafío era vencer la tentación de largar todo y tirarse al sol y a nadar. Por suerte lo vencimos, en parte. Después estaba el hecho de que el clima no nos jugara una mala pasada, pero por otro lado estábamos dispuestos a rodar con el tiempo que nos tocara, salvo las pocas escenas que tenían continuidad. Siempre quise filmar una película con luz natural- o con gran parte de ella-  y esta era la ideal. Tal es así que salvo dos escenas, hemos filmado todo de día, con la idea de hacer las noches en “noche americana”.

Luego de haber ganado como mejor director de largometraje argentino con El 5 de Talleres en la 29° edición, ¿cuáles son tus expectativas sobre la presentación de Las olas en la Competencia Latinoamericana del Festival?

Mis expectativas son muy simples: que la película se vea, que vaya encontrando su público, y poder disfrutar de estar seleccionado junto a otras películas latinoamericanas. Es más, estar en la misma sección junto a Raúl Ruiz, cuando este fue una de las grandes inspiraciones de Las olas, me llena de felicidad.
 
Agustina Salvador
 
Proyecciones
Hoy, mié 22, 13.15, CIN 2
Hoy, mié 22, 21.40, CIN 2
Jue 23, 16.00, CIN 2

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