«Nuestro motor inicial fue difundir la música de Los Abalos»

Abalos, una historia de cinco hermanos, el documental de Josefina Zavalía Abalos y Pablo Noé, se acerca a esa agrupación fundamental para la música argentina que fue Los Hermanos Ábalos. Centrada en “Vitillo” Abalos, la película es un manifiesto sentimental y un sentido homenaje a este particular personaje de la cultura. 
 
¿Cómo comenzó a gestarse Abalos, una historia de cinco hermanos?
 
Empezó a gestarse después de un largo viaje en que afloraron recuerdos de infancia ligados a esta historia. Nací en la casa que fue “El Estudio de Arte Nativo de Los Hermanos Abalos”. Se llamaba el Club de la Llave, previo al Achalay. Dejaban la llave en la confitería de la esquina, cada uno subía y podía tomar un vermouth, tocar chacareras en el piano con Adolfo, aprender leyendas de Santiago con mi abuelo Roberto, los ritmos en el bombo con Vitillo, las danzas con Machingo, los acordes en guitarra con Machaco. Los Abalos enseñaron a bailar a generaciones y difundían el folclore como ellos lo entendían, en una ciudad como la Buenos Aires de los años ´40 donde esa música casi no se conocía. En el 2005, fuimos a escuchar a Vitillo cuando recién empezaba su carrera solista. Al ver su energía y vitalidad, me convencí de lo necesario que era contar su historia.
 

La historia del grupo está muy ligada al cine. De hecho, alcanzan popularidad en 1942 al aparecer en La Guerra Gaucha, de Lucas Demare, interpretando su Carnavalito quebradeño ¿Qué creen que va a encontrar esta vez el público en este registro cinematográfico?  

La historia de Los Abalos está muy ligada al cine, y también a este Festival, porque fueron invitados a tocar en vivo en la primera edición, en los años ´50. Para nosotros, presentar la película en este contexto no deja de ser bastante curioso, sobre todo contando con la presencia de “Vitillo”. Él nos lleva de un lado al otro con su bombo leguero. Esperamos que se siga hablando del grupo. Que se resignifique su música, que sigan sonando sus canciones, que lleguen a las nuevas generaciones. Nos interesa transmitir la textura sonora que Los Abalos conocieron en el monte santiagueño, anterior al boom de los ´60, cuando el folclore era casi contracultural en Buenos Aires. Ellos lo difundieron como un mantra por todo el mundo.

¿Cómo fue acercarse a una figura como “Vitillo” desde una mirada a la vez familiar y documental?

Es difícil trazar el límite entre lo uno y lo otro. Intenté moverme en ese lugar difuso. Entre el cariño que sostuvo este proyecto a lo largo de los años y la distancia necesaria para trascender lo familiar, buscando anclarme siempre en Vitillo y su mirada, porque en realidad a él lo conocí profundamente a través del proyecto. Es muy fácil estar a su lado. Es generoso, dinámico, tiene una memoria prodigiosa y se anima a todo, se abre a las experiencias nuevas. En la película buscamos mostrar su faceta más humana, su vitalidad, su alegría de vivir. Vitillo es como un niño y se mueve como tal. Para él es tan importante grabar su audición de radio como ser el protagonista del videoclip de Roger Waters. La misma pasión, la misma entrega en cada paso. Nuestra idea no era contar una biografía o hacer un documental de entrevistas. Veíamos en él un gran potencial para la acción. Así fuimos construyendo su retrato. Desde el hoy, hacia atrás. Y atrás siempre están sus cuatro hermanos, Machingo, Adolfo, Roberto y Machaco.

En la película se ven algunos encuentros con figuras que uno no relacionaría con el mundo del folclore. “Vitillo” tocando el bombo junto con Roger Waters, o improvisando una tonada con Jimmy Rip, un guitarrista de blues ¿Cómo sintieron esos cruces musicales?     

Si bien Los Abalos están encuadrados en un estilo tradicional,  nos entusiasmaba explorar una propuesta musical más lúdica y experimental. “Vitillo” nos contó en encuentros caseros que, tocando en Karachi, Pakistàn, en el Harlem o en Japón, se sintió muy hermanado. Que todo está unido.  Que la música es una. Tanto en el disco como en la película buscamos experimentar esta idea. Nuestro disparador fue preguntarnos qué pasa con la música como lenguaje, más allá de los géneros. Los cruces musicales, de alguna forma, no hacen más que mostrarnos que hay algo universal.  Lo que pasó con Jimmy Rip fue encantador. Ellos empezaron a tocar como si se conocieran. La vidala y el blues están en total sintonía. Es el mismo paisaje. El mismo espìritu.  

La película está dentro de un proyecto multimedia que incluye una serie televisiva y la grabación de un disco ¿Cómo fue el trabajo de selección del material para esos distintos formatos?

Nuestro motor inicial fue difundir la música de Los Abalos. Fuimos encontrando distintas facetas de la historia del grupo que podían volcarse en cada formato. Por eso siempre lo pensamos como un proyecto multimedia integral, donde no se agota con la película, si bien se culmina una larga y ardua etapa. La música conformó El Disco de Oro-Folclore de 1940. El disco era lo más obvio en cuanto a formato, pero tenía algo de innovador para la historia del grupo, ya que Los Abalos, como grupo, nunca tocaron con artistas de otros géneros. Tanto las versiones del repertorio de Los Abalos y los fonogramas originales componen este disco doble, producido por mi primo, Juan Gigena Abalos, que tuvo repercusiones maravillosas. Todas esas sesiones de grabación y las nuevas puertas que se iban abriendo quedaron registradas, y así nacieron los microdocumentales, donde contamos el origen de diez canciones emblemáticas de Los Abalos. Fuimos encontrando la trama, el dibujo, la forma, muy cercana a la idea original.   
 
Gustavo Toba 
 
Proyecciones
Hoy, mie 22, 12.10 AMB3
Jue 23, 20.00 AMB3

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