«Quería mostrar a la banda sin caer en la mirada nostálgica»

Cien caminos es la segunda parte de este documental sobre Suárez -la primera, Entre dos luces, se presentó en la 31º edición del Festival- en el que Fernando Blanco, director y fanático seguidor de la banda, recopila imágenes como quien construye un álbum familiar: una cámara silenciosa que acompaña al grupo en sus presentaciones en vivo, sus ratos de ocio, sus fugaces convivencias de hotel y sus devaneos urbanos entre ciudades.  

 
 
Al igual que Entre dos luces, Cien caminos muestra una proximidad muy genuina de la cámara con la banda. Hay una atmósfera de found footage rondando en lo que uno ve ¿Cómo fue la recolección y selección del material?

En el caso de esta segunda parte, hay otra mirada que es, en su mayoría, la mirada de Pablo Córdoba, hermano de Gonzalo Córdoba, guitarrista de Suárez. Él se fue de gira por España junto a ellos y documentó toda la gira. Aparte de ese registro, hay mucho material filmado por fans, más lo que filmamos con nuestro de fans y amigos en el Festival Internacional de Cine de Mar del Plata, en el Konex y en Chile. Otra de las diferencias con la primera parte es que, en este caso, teníamos más del doble de material y en varios formatos de video y fílmico.
 
 
 

Lejos del formato clásico de documental, la película prescinde de incorporar testimonios y voces por fuera de la dinámica de la banda. Hay en cambio un registro de lo contingente, como una captura de los modos de pasar el tiempo de una banda en gira ¿Qué te interesó de ese modo de documentar?

Mis documentales favoritos son los de los hermanos Mayles, D.A. Pennebacker y, más contemporáneos, los de David Markey. En estos, más que una narrativa lineal de hechos históricos, relatos en off o entrevistas, la cámara es testigo de momentos aislados que exigen un tipo de participación más profunda del espectador. Me gusta la situación de que se genere una deriva que hace que la película pase a ser más sensorial que cerebral.

Muchos documentales sobre bandas de rock se ocupan de construir una visión épica del grupo. En Cien caminos, en cambio, no hay ningún lugar para la mirada heroica ¿Cómo eludiste esa tentación con una banda de culto como Suárez?


Veo todos los documentales sobre rock, o de música en general, y siempre veo la misma estructura de trazo grueso, con la escena emotiva, la escena deprimente, el final agridulce. Si no fuera tan melómano, me revolverían el estómago. No me gustan las películas pretenciosas. Para mí, lo importante es mostrar a una banda que existió hace 20 años sin caer en ningún tipo de mirada nostálgica al respecto. Eso no quiere decir que sea carente de sensibilidad, sólo que eso se da naturalmente. No me gusta el efectismo de manual.

Desde tu mirada, ¿cuál fue la particularidad que trajo Suárez en el contexto de los años ’90?

Suárez para mí fue la banda más interesante en muchos sentidos, no sólo el musical. Había una búsqueda artística genuina. Tienen algo que a veces se escapa en otros artistas, que es preocuparse por el concepto de la obra. Cada disco tiene su peculiaridad, su sonido, su estética. Cada show era diferente. Y aparte tenían una actitud bastante más bajo perfil que el resto de sus contemporáneos. Son uno de los primeros en autogestionarse y no esperar los tiempos o las situaciones “adecuadas” para producir. Y por sobre todas las cosas, tienen hermosas y perennes canciones.


Gustavo Toba

 

Proyecciones
Hoy, mar 21, 22.30, ALD 2
Mié 22, 19.50, ALD 2
Jue 23, 14.30, ALD 2

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