Vanessa Redgrave - La grandeza de vivir

Soy una naufraga, lo he perdido todo, excepto por un peine, un monedero, la credencial, una carta de mi esposo y un libro. Regresé al final de la sala, no podía recordar qué se había salvado del naufragio. Nadie me dio el siguiente objeto que podía necesitar. Imponente, de pie frente al auditorio, Vanessa Redgrave desplegó una pequeña performance, evocando uno de sus primeros papeles en el mundo de la actuación: “Déjenme que les regale este recuerdo para un momento inolvidable”.
 
A sala llena y con un auditorio cálido  y ávido de escuchar la palabra de una de las actrices más emblemáticas de la cinematografía mundial, comenzó el encuentro de Vanessa Redgrave con el público.
 
“La bienvenida que han brindado demuestra que la maravillosa persona que está a mi derecha no necesita ninguna presentación”, dijo a modo de puntapié inicial el director artístico del Festival, Peter Scarlet. Y preguntó: ¿Cómo fue tu anterior visita a la Argentina?
“En mi primer viaje vine a filmar una película sobre los desaparecidos y durante el rodaje tuve la oportunidad de conocer  a las Madres de Plaza de Mayo”, confesó Vanessa sobre la filmación de Un muro de silencio -Lita Stantic, 1993. Y la sala se volvió a colmar de aplausos.
 
Y es que Vanessa Redgrave, además de ser un sello del cine mundial, tiene una historia y un presente de activismo que conmueve y marca sus decisiones tanto profesionales como personales.: “Poder escuchar las historias de las víctimas, de los familiares, sus testimonios, es muy importante”. Y sentenció: “El tiempo cambia muy rápido y quizás la gente se olvida de transmitirle a sus hijos que es la democracia y que tan importante es”.  
 
Esa mujer de ojos azules y mirada infinita no ha dejado de actuar desde hace más de 60 años. No ha dejado de ganar premios: el Globo de Oro en infinidad de oportunidades, el Premio Emmy, seis veces nominada al Oscar, uno ganado por su actuación en Julia (Fred Zinnermann, 1977), dos veces galardonada en Cannes y en otros múltiples festivales. Arthur Miller y Tennessee Williams la denominaron “la mejor actriz de nuestros tiempos”. Y sin embargo todavía le quedaba un desafío, ponerse en el rol de directora para poder transmitir su activismo, su lucha por las igualdades y potenciar su voz de denuncia.
 
“Estoy aquí por mi actuación y porque Carlo Nero y yo decidimos poner todos nuestros recursos económicos para contar la historia de los refugiados que se ahogan en el mar mediterráneo y adriático tratando de escapar”, comentó Redgrave sobre Sea Sorrow, su ópera prima como directora. 
“No creo que el dolor se vaya nunca. Si es verdad que después de un tiempo te acercás a la gente. Pero al comienzo cuando se me acercaban y me decían ‘lo lamento tanto’ lo único que quería hacer era salir corriendo”, sentenció. La vida de Vanessa estuvo signada por tragedias familiares, que lejos de frenar su camino la alentaron a un activismo social que lo ha sabido expresar desde el lado más visceral, el costado artístico.
 
Su primera película como realizadora, Sea Sorrow, nace de un grito sordo, de una realidad muchas veces naturalizada, y en los ámbitos políticos, negada. Su génesis fue la foto de Alan Kurdi, aquel niño inmigrante muerto en las orillas del mar. Un mar ajeno y despiadado. Una noticia que duró sólo unos días. De la furia nació una película sensible que narra con su cadenciosa e inconfundible voz la crisis actual de la inmigración y sus causas: la persecución, el hambre y los conflictos armados. A través de  imágenes de archivo y anécdotas de su infancia durante la Segunda Guerra Mundial, Sea Sorrow propone una mirada histórica y cercana a la historia como resultado de los desafíos del presente.
 
 
 
Sobre su extensa carrera confesó que “haber trabajado con Antonioni fue uno de los grandes regalos de la vida”, y agregó que uno de los papeles de los que se siente más orgullosa es el que realizó en la película de su hijo Carlo Nero, The Fever -2004-. “Es la historia relatada por una mujer quien descubre en un viaje a un país muy lejano que es parte de una sociedad absolutamente corrupta”, explicó Redgrave sobre la historia escrita por el escritor y actor norteamericano Wallace Shawn.
 
En las 140 películas que transitó como actriz, Vanessa equilibró sus participaciones entre grandes producciones, clásicos de época, películas mainstream, además por supuesto de sus inolvidables interpretaciones en teatro. Desde la increíble Jane en Blow-up, a Max en Misión imposible, de la Guenevere en Camelot, a ponerse en la piel de Isadora Duncan en Isadora, supo imprimirle a cada una de sus actuaciones su propia impronta y consagrarse como una de las actrices británicas más reconocidas en el mundo.
 
“Comencé a actuar cuando tenía cuatro años. Lo hacíamos para recaudar fondos para la marina mercante. Yo no sabía leer y tuve que aprender las palabras. Déjenme que les regale este recuerdo para un momento inolvidable”.  Soy una naufraga, lo he perdido todo, excepto por un peine, un monedero, la credencial, una carta de mi esposo y un libro. Regresé al final de la sala, no podía recordar qué se había salvado del naufragio. Nadie me dio el siguiente objeto que podía necesitar. Pero confesó como terminó esa primera incursión. “El muchachito paró la obra y dijo: ‘Damas y caballeros, Empecemos todo nuevo. Vanessa lo ha arruinado todo’”.
 
La charla fue una cita con la sensibilidad y la aguda mirada de una mujer que se ha reinventado a través de los años. Una de las invitadas de lujo de esta edición. Vanessa Redgrave presentará su película como directora, Sea Sorrow. Además, este año el Festival proyecta la versión restaurada de Blow-up -la entrañable película de Michelangelo Antonioni-, en la que brilla en una de sus interpretaciones más recordadas.
 
Agustina Salvador

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