#Homenaje

Al maestro, con cariño

El querido y emblemático José Martínez Suárez, presidente del Festival, tendrá su más que merecido homenaje con la edición de una colección de DVDs con todas sus películas y la cuidada publicación de una larga entrevista, de la que aquí compartimos un fragmento.

 

 

 

El día miércoles 14 de noviembre se celebrará en el Museo MAR un merecidísimo homenaje al realizador audiovisual y actual presidente del Festival Internacional de Cine de Mar del Plata José Martínez Suárez, quien supo cosechar a lo largo de los años el reconocimiento de sus pares, así como de artistas de distinta talla, y, sobre todo, del público argentino. 

 

Para reconocer su valiosa trayectoria, el INCAA auspicia la publicación de lujo de Fotogramas de la memoria, una caja que incluye por un lado la colección de todas las películas de Martínez Suárez en formato DVD -allí están La Mary, Dar la cara y Los muchachos de antes no usaban arsénico, entre otras-, y un cuidado volumen, a cargo de Rafael Valles, llamado Encuentros con José Martínez Suárez. Organizado bajo la forma de una larga entrevista realizada en estrecha cercanía, el libro revisita minuciosamente la trayectoria vital, artística e intelectual de Martínez Suárez, que se ensancha cada vez más a medida que pasamos las páginas. Aquí compartimos un fragmento dedicado a su rol como espectador y luego director del Festival. ¡Que lo disfruten!

 

 

José, espectador

…“¡Paren la proyección! ¡Paren la proyección!”. “¡Callate! ¡Silencio! ¡Saquen a ese loco!”, gritaba la gente sin entender nada. “¡Están pasando el segundo acto!”, seguí gritando. Entonces vino una acomodadora a preguntar qué pasaba. Le expliqué que estaban pasando el segundo acto. “¿Cómo lo sabe?”, preguntó la chica. “¡Porque soy el productor de la película!”, tratando de encontrar un justificativo, mientras la película seguía pasando. Por suerte ese día llovía, y yo llevaba un impermeable que tenía en el brazo. Me subí al escenario y empecé a agitar el impermeable en la oscuridad, mientras seguía pasando la película. “¡Corte! ¡Corte!”, le gritaba al proyeccionista, hasta que el operador abrió la ventanilla para saber qué pasaba. “¡Está pasando el segundo acto!”, yo seguía gritando desde el escenario. “¡Pero acá la lata dice primero!”, gritó el proyeccionista. “¡Pero el primero es el segundo!”, grité yo. Después se arregló todo, y Gustavo Taretto me agradecía, desconcertado: “Yo no sabía qué se hacía en estos casos”. “Yo tampoco, pero lo hice porque había que hacerlo”. Imagínese, una película de esas características,  de esa naturaleza, que había costado un esfuerzo tremendo, ¡y pasarla en una sala importante, con todo al revés!

 

Eso trae una idea clara de lo intenso que era para usted vivir, como espectador, el Festival Internacional de Cine de Mar del Plata.

Yo era un espectador insaciable. En diez días de festival solía ver treinta y dos o treinta y tres películas. Veía cortos, escuchaba conferencias, debates. El festival para mí era el circo más lindo del mundo (en el buen sentido de la palabra, de espectáculo, de lo divertido y novedoso). Era divertido, sobre todo, por encontrarme de golpe con tanta gente, pues como ya no existían los Laboratorio Alex y yo ya no concurría tanto al Cineclub Núcleo, me encontraba con veinte amigos por día. También era un verdadero placer escuchar los comentarios de personalidades extranjeras de primerísima calidad, desde Errol Flynn hasta Mary Pickford, pasando por Toshiro Mifune, Pier Paolo Pasolini, María Callas, Mario Monicelli, Cesare Zavattini. Creo que debe haber venido el ochenta por ciento del estrellato mundial. 

 

Mirando la historia del Festival, se ven tanto esos momentos significativos como etapas difíciles a lo largo de su trayectoria; por ejemplo, las veces en que el Festival fue a Brasil o dejó de existir. ¿Cómo fue para usted ser testigo de esos altibajos de la historia del Festival?

El Festival fue creado por la Asociación de Cronistas Cinematográficos de la Argentina, con la cual nunca vamos a estar lo suficientemente agradecidos, por haber llevado ese primer festival con el apoyo del gobierno. Anteriormente se había hecho otro –organizado por la Secretaría de Prensa y Difusión–, que después continuó realizando la Asociación de Cronistas. ¿Pero qué es lo que pasaba? Los cronistas seguían siendo los mismos, pero los gobiernos cambiaban, así que había algunos gobiernos que estaban más  de acuerdo que otros en que se gastara un determinado dinero para el Festival. Sobre todo, usted sabe que es muy difícil que la cultura rinda beneficios económicos, rinde otro tipo de beneficios que no pueden ponerse en una balanza o llevarse a un banco para depositar. Es un beneficio que tiene más valor, pero que no se ve, se desconoce o se niega. Llegó un momento en que no había más dinero y se suspendió el Festival por mucho tiempo. Hasta que se reinauguró cuando asumió como su presidente Julio Márbiz, quien se metió en “camisa de once varas”, porque una cosa es poner en marcha la locomotora que acaba de detenerse hace un año, y otra es poner en marcha una que se detuvo diez o quince años atrás. Además, se hizo muy difícil la cuestión con la gente en Europa, pues allá, para ir de un festival a otro, se tardaban cuarenta y cinco minutos. Y para venir para acá se tardaban dieciséis horas, y cuatro horas más, con destino a una ciudad balnearia que no sabían cómo se llamaba, a cuatrocientos kilómetros al sur de la capital del país. El Festival se hizo una vez en Brasil, tratando de emular lo que hacen Moscú y Karlovy Vary: un año en una ciudad y otro año en la otra. Después, hubo otra edición que se llevó a cabo en Buenos Aires, que no anduvo bien, en el Teatro General San Martín. Luego, regresó a Mar del Plata y desapareció desapareció, hasta que Márbiz pudo moverse, consiguió el dinero suficiente, y el Festival volvió. Aquella edición del retorno fue un festival que tuvo que abrirse con las dos puertas y todas las luces encendidas, porque era cuestión de vivir o volver a morir. Se gastó dinero, pero trajeron a todas las estrellas. A partir de allí se fue desarrollando el Festival, que actualmente es de una gran competencia en el mundo, pues se dice que hay alrededor de tres mil quinientos festivales anuales –casi unos diez festivales diarios–, algunos grandes, otros pequeños, algunos buenos, otros malos.

 

No solo como presidente del Festival sino también como espectador, ¿cuáles invitados lo marcaron más en estos años?

Hay dos que me gustaron mucho. Me gustó mucho la charla que hicimos con el actor Tommy Lee Jones, y la que tuvimos con el director Bruce Beresford, por video conferencia, él en Nueva York y nosotros en Mar del Plata. Ambas fueron muy buenas. El realizador ruso Victor Kossakovsky dio una buena charla, el español Javier Fesser dio una charla exquisita, divertidísima. Otra muy buena fue la del catalán José Luis Borau.

 

¿Qué momentos lo marcaron en el Festival en estos años como presidente?

Aunque usted no lo crea, me acuerdo de un momento que tuvo lugar varios meses después del Festival. Nosotros lo abrimos con una película de Kathryn Bigelow llamada The Hurt Locker (2008). Fue una noche que se nos fue de las manos, porque llegó la presidenta de la República, y eso motivó que hubiera charlas, discursos. Además, esa noche había una cena importante en el Hotel Provincial, a cien metros del auditorio. Yo siempre suelo sentarme muy adelante en el cine, en la fila dos o tres. Y aquella vez también lo hice. Cuando terminó The Hurt Locker, miré para atrás y advertí que gran parte del público había abandonado la sala (¡se fueron a comer…!). Seis meses después, The Hurt Locker ganó el Oscar a la mejor dirección y a la mejor película. Y me acordé de aquella gente que estaba mirando a la futura ganadora del Oscar, ¡pero eligió salir a comerse un sándwich o degustar un canapé!

 

¿Qué legado espera dejar como presidente en la historia del Festival de Cine de Mar del Plata?

Quisiera que, cuando el público recuerde las buenas películas que vio en su vida, muchas de ellas sean las que se exhibieron en el Festival.

 

 

Homenaje a José Martínez Suárez: miércoles 14 de noviembre a las 17 horas en el Museo Mar.

 

Extracto del libro Fotogramas de la memoria. Encuentros con José Martínez Suárez, de Rafael Valles, editado por el INCAA.

 

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