#CompetenciaInternacional

ALEJANDRO FADEL: 3 PREGUNTAS

Muere, monstruo, muere es una exploración brutal sobre la psiquis, la locura y el miedo. ¿Film de terror? ¿Thriller venenoso? ¿Drama romántico? Cine en estado puro.

 

 

 

 

La película combina elementos del cine de terror más explícito con otros más contemplativos y ambiguos. ¿Cómo se fue dando ese balance? ¿Se fue convirtiendo al género puro, con monstruo incluido, a medida que ibas desarrollando la película, o desde un comienzo pensabas entrar en ese terreno?

Es cierto que no me suelen surgir los argumentos de manera acabada, y tengo que buscar una serie de imágenes y sonidos que den cuenta de una historia. Trabajo durante la escritura de manera algo desorganizada, con elementos que se van sumando, u olvidando o transformándose, y que de alguna manera intentan de a poquito hacerse un lugar en el argumento. Creo que esta combinación se da porque las ideas de los dos largometrajes que hice hasta el momento parten de procedimientos documentales, aunque luego la ficción se apodere de la propuesta de registro distante. Sin embargo, intuyo e intento que ese primer tipo de acercamiento a lo real quede flotando ahí abajo y dé sustento y ambigüedad a la narración. La ficción es como una tela para filmar paisajes, rostros y modos de habla, desarrollar personajes y temas, sugerir ideas, compartir el invierno con un grupo de personas, atravesar una experiencia. En esta tensión entre elementos más cercanos al azar y la ficción pura del género, creo que la película puede ofrecer algo novedoso. Por otro lado, si bien puedo sentirme honrado de pensar que la película forma parte de la hermosa tradición del cine de terror, tampoco puedo dejar de pensar que he dado la espalda a ciertos esquemas narrativos, rítmicos, sonoros y demás, que ponen a la película en un lugar de incertidumbre. Creo que estas pequeñas traiciones son las que permiten que los géneros que amamos sigan vivos. Y en ese sentido el terror es el mejor ejemplo, porque siempre será un género de vanguardia, porque rara vez se cristaliza, porque en la paradoja de la fantasía y la imaginación su relación con el mundo y la política es inevitable: porque el mundo cambia, y con él las sociedades y los miedos. En un mundo dominado por imágenes codificadas, el terror busca en la invención nuevas imágenes que sacudan al espectador, que lo incomoden, lo cuestionen. En ese sentido, el monstruo terminó de darle forma a la película: mediante el artificio llegamos a aquello a lo que el lenguaje no puede acceder. Por último, es en lo personal mi elemento lúdico, mi pequeño homenaje a aquella primera cinefilia que me formó y que aún admiro y disfruto. 

 

Hay un trabajo muy cuidadoso con la banda de sonido, que se vuelve un elemento principal, hipnótico e inmersivo, a la hora generar de climas. ¿Cómo trabajaste esa búsqueda?

Creo que no puedo hablar del sonido de la película sin hablar de Santiago Fumagalli. Fue él quien me fue proponiendo distintas maneras de construir la atmósfera sonora. Así como hicimos con la imagen, intentamos también con el sonido alejarnos del naturalismo para construir una banda sonora barroca pero precisa, expresionista, en la que distintos elementos jugaran en el plano pero sobre todo fuera de él, para hacer que la película propusiera una experiencia física, emocional, más allá de su narrativa. De la misma manera que con la construcción analógica del monstruo, realizamos juntos un trabajo creativo, en el sentido más infantil de la palabra, y generamos nosotros mismos, los dos en el estudio, distintos sonidos orgánicos que dieran forma al elemento sobrenatural. Cercanos, también, a la tradición de la artesanía, del juego. Sabíamos que el trabajo sobre el silencio y el contraste entre esta atmósfera sonora y los momentos de calma iban a proponer distintas emociones. Sucede algo similar con nuestras elecciones musicales, que combinan elementos abstractos con melodías suaves y una grandísima canción pop de Sergio Denis. Esta combinación de elementos contradictorios nos permitía reflejar algo de la complejidad de los personajes y de las relaciones entre ellos. El cine permite que dos ideas en apariencia lejanas se junten y convivan en la armonía de la forma. 

 

 

 

La película sugiere la existencia de un “mal” pero no da precisiones ni resuelve fácilmente sus enunciados; más bien se maneja en un terreno de misterio y ambigüedad que confirma el riesgo y la ambición de la propuesta. Como espectador, ¿preferís ese tipo de películas? ¿Tomaste algunos referentes puntuales en este sentido?

Creo que los tiempos actuales nos dan la posibilidad de pensar sobre la idea de “sentido” o “entendimiento” y el lugar que ocupa el cine dentro de él. Intuyo que ese lugar de certeza lo ha venido a ocupar la televisión, y así, una vez más, ha sido otro arte el que ha liberado al cine de su lugar de obligación narrativa. Y sí, prefiero ese tipo de películas que abren el abanico de posibilidades dramáticas, estéticas, formales. Prefiero lo nuevo a lo bueno, como dice el gran escritor de pequeñitas novelas. Y seguir haciendo películas para la gran pantalla, contra la melancolía y la queja, y con la insistencia de que el cine es un evento en el que el tiempo no le pertenece a uno sino a las imágenes y a los sonidos, donde uno es esclavo y no amo. Y en el que ese misterio de aquello que no comprendemos, como en los sueños, puede modificarnos de manera profunda, verdadera. Me gustan esos cineastas que dejan de lado el problema de la claridad y van en busca de lo inasible. Pienso en dos cineastas que, sin trabajar dentro de los marcos del género, anhelaban y, mejor, encontraban un acercamiento a aquello que no se puede nombrar. Pienso en Robert Bresson y su búsqueda de lo sagrado mediante el acercamiento preciso a la superficie de las cosas y en Buñuel, que mediante la distancia, el humor y el absurdo pone al mundo que conocemos, y a nuestras certezas, patas para arriba. Es nuestro modelo político y cultural el que nos exige comprender para poder seguir adelante y no dejar de ser seres sociales, pensantes, funcionales: productivos. Y ahí llegamos a Carpenter, el cineasta que dentro del género y la industria hizo del cine de terror un arma política. Y al que, claro, cada vez le cuesta más filmar.

 

 

Muere, monstruo, muere 

Argentina - Francia - Chile, 2018 / 109’ / DCP / Color

 

 

Funciones:

VI 16 - 9:00 - AUD 

VI 16 - 19:45 - AUD

SA 17 - 14:45 - AMB 1

NEWSLETTER

Recibe todas las noticias del festival