«David Lynch: The Art Life» - La belleza del abismo

El pasado siempre colorea las ideas, incluso las nuevas.

No hay otra forma de narrar a Lynch que no sea en un sueño. Entonces, lo onírico se hace presente en el documental de los directores Jon Nguyen y Olivia Neergaar-Holm, desde todos los aspectos técnicos. Hay una coherencia artística en el mensaje y en las formas narrativas que convierten a David Lynch: The Art Life, en una película indispensable para los lyncheanos y para los que no lo son, para descubrir, o redescubrir las obsesiones y los pensamientos recurrentes de un genio de las artes.

Desde la banda sonora -David Lynch y Dean Hurley- hasta la mezcla de sonido que emula los climas agonizantes de la obra cinematográfica de Lynch, hasta la propia voz en off, que narra, desde un "yo” muy íntimo, su vida. No sus películas, no sus cuadros, no su música. Su vida. Su infancia, adolescencia y los comienzos en la vida universitaria, los avatares por encontrar un lugar que le devolviera de alguna manera, la misma pasión que él estaba buscando imprimirle a la vida.

Sin embargo, lo visual se completa con un Lynch en acción. Partiendo de una contemplación inicial, que no es más que la contemplación de un hombre que crea, sus cuadros inundan la escena, mientras él los construye, los arma, echa mano de la materialidad a su alrededor y le impregna vida en obras que van tomando formas vivas y envolventes.

La realización del documental llevó tres años y una veintena de entrevistas con el hombre culpable de un estilo provocador e icónico ya en la cinematografía mundial. El foco está puesto en la génesis. En el comienzo de todo, en la capacidad de Lynch de encontrar arte en todos lados; en las texturas de un insecto, en las sombras que genera la luz sobre un rincón, en pedazos de comida pudriéndose en el sótano de su casa. Y también palabrea la necesidad del arte como mensaje y como diálogo con los demás.

Con un inteligente guion y material de archivo exquisito, David Lynch: The Art Life despliega la percepción del mundo de un hombre que piensa el mundo desde el arte. Sus búsquedas, sus pasiones, su definición de felicidad, y por supuesto, sus miedos más profundos "animarse a mirar detrás del muro”. Si querés descubrir cómo nace en su cabeza la icónica escena de Dorothy Vallens desnuda en el Porsche de la casa de Jeffrey Beaumont, si querés entender cómo fue la génesis de Eraserhead, en esas locaciones que parecen salidas de una pesadilla, entonces tenés que ver David Lynch: The Art Life. O soñarla. Que es casi lo mismo.

Agustina Salvador


 

 

Proyecciones: 
Jue 24, 19.50 - CIN 2
Vie 25, 14.10 - CIN 2
Sab 26, 22.40 - CIN 2

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