El último malón, un siglo después

Una de las pocas películas mudas argentinas que aún se conservan será exhibida en el Festival a cien años de su estreno, ofreciendo un registro único y atípico sobre los indios mocovíes, y el levantamiento que -según los medios de la época- protagonizaron.

 

 

 

Toda cita con una película muda argentina es una situación tristemente inusual, teniendo en cuenta que el 90% del cine silente nacional se perdió. Y las pocas producciones que sobrevivieron permiten no solo asomarse al registro de una época y sus costumbres, sino que también dan cuenta de las innovaciones que nuestro cine introdujo desde sus inicios. El último malón de Alcides Greca, estrenada hace cien años, es un gran ejemplo de ello.

 

Para recrear lo que los medios en 1904 caracterizaron como un levantamiento de los mocovíes, atacando a los habitantes del pueblo de San Javier, Greca recurrió a distintos recursos muy atípicos para la época: la película se rodó en aquel mismo pueblo, narró la historia desde el punto de vista indígena y su elenco contó con una sola actriz profesional -Rosa Paiquí- entre la presencia de muchos habitantes de San Javier y mocovíes sobrevivientes, volviendo dieciocho años después a sus roles durante los hechos narrados. Así, el director incursiona de manera anticipada en el cine etnográfico, borra constantemente los límites entre ficción y documental y a su vez evidencia su propio papel: los mocovíes están reconstruyendo su historia bajo las órdenes y el guion de un hombre blanco, y la película está atravesada por esa tensión entre describir las injusticias que sufren los mocovíes, y su propia mirada civilizatoria.

 

La historia de la preservación de esta película se remonta al año 1956, cuando el director Fernando Birri la proyectó en la Escuela de Cine Documental de Santa Fe, en una copia en 35 milímetros donada por la familia de Greca. A partir de esa copia, el técnico Fernando Vigévano realizó una reducción a 16 milímetros, para su proyección en el Cine Club Rosario. Esta última copia es la que conserva el Museo del Cine Pablo Ducrós Hicken de Buenos Aires, y de la que se realizaron dos digitalizaciones: la primera fue en 2009 para Mosaico Criollo, primera antología del cine mudo argentino, editada por el Museo junto al Instituto Nacional de Cine y Artes Audiovisuales, y coordinada por Paula Félix-Didier -directora del Museo- y Fernando Martín Peña.

 

La segunda es la que podrá presenciar el público en Mar del Plata, con una calidad superior gracias a las nuevas tecnologías disponibles: la copia en 16 milímetros fue escaneada en calidad 4K en los laboratorios Leche, y la restauración digital fue realizada por Florencia Giacomini, Andrés Levinson y Carolina Cappa del Museo del Cine. Cuando la artista Maia Koenig musicalice una nueva proyección de la película, un siglo después de su estreno original, los espectadores podrán conocer la historia con sus propios ojos.

 

 

 

Función

MI 14 - 19:30 - PAS 2

 

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