La familia

«En Caracas hemos cruzado el umbral de violencia»

Gustavo Rondón Córdova presenta su película en la Competencia Latinoamericana
 
La violencia arrasa de maneras imperceptibles. Además de lo evidente, los lazos afectivos también entran en esa vorágine de cambios radicales. Gustavo Rondón Córdova elige ese foco narrativo para ahondar en aquellos rasgos de las injusticias sociales que nos alcanzan a todos. Padre e hijo, protagonistas de La familia, deben escapar del barrio donde viven luego de un incidente callejero. La deshumanización y la naturalización del terror palpitan en cada toma en una Caracas ardiente, que asoma casi como un personaje más en una película en la que no se echa mano de obviedades para resaltar lo urgente.
 
 
¿Por qué elegiste para tu ópera prima contar esta relación padre-hijo contextualizada en la violencia?

Desde mis cortometrajes venía explorando el tema de las relaciones familiares, de los conflictos que suceden con esos vínculos que no elegimos y que en muchas ocasiones se quiebran o se deterioran por motivos no tan claros, no tan conscientes. La familia es una exploración de esos vínculos, pero sumando un personaje que me interesaba mirar y narrar: la ciudad donde crecí y vivo, Caracas. Ese lugar que con su circunstancia actual invade la vida íntima y nos impone una cotidianidad que deshumaniza. Quizás la característica que más identifica a este lugar, a este momento, es la violencia, una esparcida en cada relación humana, en cada interacción entre ciudadanos y espacio. Elegí trabajar una historia íntima de dos personajes que están separados, entre otras cosas, por la violencia que los circunda, y a través de esta misma, se verán forzados a conocerse de vuelta, a generar, quizás, una nueva posibilidad, una existencia distinta.



 

¿Qué elementos tuviste en cuenta desde el guion para lograr narrar la violencia latente sin caer en exageraciones ni golpes bajos?

La violencia que vivimos acá, de alguna manera, la hemos ido normalizando. Cada vez nos alarma menos, nos impresiona menos. Así es que a través de investigar, de experiencias propias y ajenas, de pasar mucho tiempo en locaciones similares o en las de filmación, fui nutriendo el guion de esa atmósfera áspera, pero tratándola de narrar desde adentro, no desde una mirada distante y prejuiciada; entendiendo que los habitantes de esta ciudad hemos cruzado nuestro propio umbral y que hemos aprendido a escondernos de la violencia, pero al mismo tiempo a convivir con ella, y sobre todo, a no intelectualizarla. Desde esa posición escribía, siempre concentrándome en los dos personajes principales: uno –el padre-, que no pertenece pero tiene pocas opciones de escapar a su contexto y su circunstancia; y el otro –el hijo-, que se ha criado en un ambiente que de alguna manera lo siente suyo, con el que se identifica, y busca escalar las posiciones sociales que este le impone. Es a partir de dejar salir las carencias afectivas, a su manera, que ellos consiguen mirar o sentir una posibilidad distinta para sus vidas.

Si bien tu película no está centralizada en la situación social de Venezuela, esta subyace y emerge en cada escena. ¿Cómo trabajaste para desnaturalizar este entramado y centrarte en la construcción de dos personajes y sus relaciones familiares?

Desde el principio pensé la película como una especie de cono con la boca pequeña abajo. Mi idea era iniciar con un contexto enorme, populoso, seductor de a ratos y atemorizante de a otros, muy vivo, e ir encerrando a los personajes hasta dejarlos solos, uno frente al otro, desnudos de lo material, para forzarlos a mirarse de vuelta. Es así como me planteé que veríamos esta situación social desde el punto de vista de ellos, y desde su mirada y también desde lo concreto y no desde lo intelectual. En ese sentido, el intento fue narrar el hecho desde cómo lo viven y lo enfrentan los personajes y no cómo es leído desde afuera. Cuál es el efecto sobre ellos, su lectura de su circunstancia, desde sus cuerpos.  
 
Un párrafo aparte merecen las interpretaciones, principalmente la de Reggie Reyes. ¿Cómo fue el trabajo de dirección de actores?

En el caso de Reggie y los niños, el trabajo comenzó desde un taller de preparación que diseñamos para que los chicos estuvieran con nosotros conociéndose. En ese momento no teníamos seleccionado el protagónico. A partir de unas pruebas de cámara, llegamos a Reggie. Fue magnético, al ver su cuerpo y su mirada frente a la cámara no tuve dudas. Y el resto del equipo sintió lo mismo. Los demás chicos del taller aparecen en la primera escena de la película. Queríamos que todos vivieran la experiencia de hacer una película. Con respecto a Giovanny, el padre, es un actor formado en teatro. La idea era traer la realidad y la textura de Reggie y la técnica y fuerza interpretativa de Giovanny. No se conocían y lo mantuvimos así hasta el inicio del rodaje, que lo diseñamos para que fuera cronológico. Entonces, el distanciamiento emocional y físico que sucede en la película ocurría detrás de cámara, y con el trabajo diario fueron acercándose y, sobre todo, aprendiendo y nutriéndose el uno del otro. Nunca les di el guion, y eso implicó un trabajo de mucha observación de mi parte como director, y de construir con lo que vivían y sentían en el momento.

Hay un tratamiento muy interesante desde lo técnico para mantener esa cercanía con los personajes, que logra un resultado tan intimista. ¿Cómo trabajaste ese aspecto de tu película?

Hicimos un equipo muy íntimo entre el fotógrafo, que operaba la cámara, sus asistentes, los sonidistas, el director de arte, los actores. Esta idea la entendieron y alimentaron muy bien los productores y el resto del equipo. La magnitud de un equipo de cine no tan grande pero siempre numeroso se mantenía a veces a distancia para generar ese clima de confianza entre los actores y nosotros. Llegaba con las escenas del día reescritas a partir de analizar las rodadas el día anterior y construíamos las situaciones con mucho ensayo y, sobre todo, con mucha atención en lo que sentíamos ante lo que ocurría frente a nosotros y ante la cámara. Fue un proceso creativo intenso, exigente, y en el que nos involucramos como equipo bastante bien. Eso creó un ambiente de mucha confianza y que nos permitía trabajar muy de cerca, muy compenetrados, y expresar esa experiencia a través del encuadre, del ritmo, de las sensaciones. Y eso ayudó muchísimo a los actores a vivir y sudar a los personajes.
 
Agustina Salvador
 
Proyecciones
Hoy, jue 23, 15.10, CIN 1
Hoy, jue 23, 22.00, CIN 1
Vie 24, 12.30, CIN 1

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