Entrevista con Patrick Stanbury - Un arte mayor

Uno de los responsables de Photoplay Productions, la compañía detrás de algunas de las restauraciones más importantes del cine mudo, Patrick Stanbury volvió al Festival con dos buenas noticias bajo el brazo: las copias nuevas de El caballo de hierro y de Gente de cine, la película de King Vidor sobre el quehacer cinematográfico que comienza a proyectarse hoy con música en vivo, con una partitura compuesta especialmente por Carl Davis, que será interpretada por la Orquesta Sinfónica de Mar del Plata bajo dirección del maestro Diego Lurbe. Un evento que justifica por sí mismo el Festival.

¿Cómo se involucraron con Photoplay en la restauración de estas dos películas?

Photoplay es una compañía que tiene raíces que se remontan a fines de los setentas. Mi colega Kevin Brownlow y su socio de entonces, David Gill, produjeron una serie llamada Hollywood, que fue una historia de trece horas sobre el cine mudo estadounidense producida para la televisión británica. El éxito de esa serie llevó a una serie de restauraciones de películas mudas que fueron proyectadas en el festival de cine de Londres y luego televisadas, en algunos casos con música compuesta especialmente para la ocasión, y Gente de cine fue una de las primeras en ser restauradas. Fue preparada en 1982, y había estado disponible por mucho en versiones incompletas. La Metro Goldwyn Mayer la tenía en sus archivos, en una versión de 1928 con la música grabada en discos y con algunas secuencias faltantes. Kevin tuvo acceso a una copia que tenía esas secuencias, por lo cual era posible agregarlas al material que teníamos de la MGM y armar una versión completa. Algunas secuencias de la película ya habían sido usadas en Hollywood, con música de Carl Davis, y a él mismo se le pidió que compusiera la banda sonora.

El caballo de hierro se hizo doce años después, en la misma serie de restauraciones para la televisión, y por ese entonces junto a Kevin y David ya habíamos formado Photoplay en 1990. El canal para el cual habíamos estado trabajando había dejado de transmitir, y desde ese punto el canal 4 comenzó a comisionar nuestras restauraciones. En 1993 habíamos restaurado Wings, un drama de aviación en la Primera Guerra Mundial, y desde el canal nos dijeron de ofrecer algún western para el año siguiente. Teníamos que decidirnos entre The Covered Wagon, una película de la Paramount de 1923, o El caballo de hierro, que es la que elegimos, y fue una decisión muy sabia. Es una gran película, y era algo negada, no era exhibida tan seguido. Fue hecha por Fox, por lo cual debimos asegurarnos primero de que nos dieran los derechos de televisación, y después nos comunicamos con el departamento que maneja su archivo. Hay dos versiones de la película: una destinada al mercado norteamericano y otra para el mercado extranjero. Fox tenía esta última versión, y nos dijeron que no existía una copia de la versión americana en buenas condiciones, lo cual descubrimos después que no era cierto, pero teníamos plazos muy cortos y aceptamos trabajar en la versión europea cuando era la única disponible. Dramáticamente no hay disparidades entre ambas, pero la única diferencia notable es que la versión americana está dedicada a Abraham Lincoln, y la extranjera a George Stevenson, el pionero ferroviario. Recibimos un negativo en blanco y negro e hicimos una versión coloreada con tinta, de acuerdo con nuestro criterio, porque no teníamos notas o indicaciones originales, pero que le da a la película un aspecto más reminiscente a las fotos originales del período de la guerra civil, y el posterior, y por lo tanto le agrega un sentimiento de autenticidad.

 

Muchas audiencias no reconocen suficientemente el período mudo de Ford. ¿Qué aspectos clásicos de su filmografía pueden encontrarse en El caballo de hierro?

Creo que hay varios. La sensación de que uno está viendo la Historia. Pequeños momentos, como las breves escenas con Lincoln, o la gente trabajando en el ferrocarril, están filmadas de una manera en que se parecen a fotos de la época. No digo que estén basadas en esas fotos, ni lo creo, pero se siente que son como esas imágenes. Creo que este es un aspecto que Ford levantó de Griffith, que en El nacimiento de una nación intentaba recrear escenas de la historia, aclarándolo incluso en los títulos, y Ford nunca lo decía, pero uno siente que, por ejemplo, la escena final del encuentro de los ferrocarriles y la fotografía general de los trabajadores parece ser montada para asemejarse a la imagen original. No es tanto fidelidad a los hechos, sino hacerte sentir que estás ahí.

Cuando pensamos en Ford pensamos mayormente en sus westerns, figuras en un paisaje, pero hay mucho en El caballo de hierro que adelanta lo que veríamos, como indios en la cresta de una colina, alguien cabalgando a la distancia en un desierto, y eso es como el aroma de Ford. Y por supuesto el humor irlandés. Él estaba obsesionado con los irlandeses, y los personajes de la película, "los tres mosqueteros” como se llaman a sí mismos, tienen muchos aspectos de personajes posteriores de Ford. Y hay una poesía en la película. Un escritor norteamericano llamaba a Ford "el Shakespeare estadounidense”, y creo que eso es irse muy lejos, pero él ciertamente ayuda a mantener vivo el mito estadounidense.

 

Uno de los aspectos más interesantes de Gente de cine es la cantidad de estrellas y personalidades de aquella época que tienen cameos o apariciones breves, aunque muchas no deben ser reconocidas actualmente. ¿Podría nombrar algunas de esas apariciones?

Hay un buen número de gente para elegir. John Gilbert, que fue por un breve tiempo la mayor estrella masculina en el cine, y su lugar fue posteriormente tomado por Clark Gable, pero a fines de los veintes Gilbert era enorme. Hoy está realmente olvidado, no llenaría un cine. Chaplin, por ejemplo, casi me lo olvido porque hace de sí mismo, y el gag ahí es que Marion Davies no lo reconoce. Si hoy si lo viera aún sería reconocible, es quizá la única figura totalmente reconocible de ese período y es gracias a su personaje, porque es una imagen de esa época. Pero aquí, claro, está fuera de personaje, así que ¿quién demonios es él? Podría ser cualquiera. Después está la gran escena del almuerzo en el estudio, en la que hay varias personas que luego serían completamente olvidadas, pero voy a destacar a dos: Douglas Fairbanks y William S. Hart. Para Hart, una gran estrella de westerns, su carrera había terminado por ese entonces y es conmovedor que haya sido incluido en esa escena porque ya no era una presencia que vendiera entradas. Pero Fairbanks era, después de Chaplin, la mayor estrella del planeta, y para mí una de las más importantes figuras de la historia de Hollywood, pero la audiencia promedio de hoy no lo reconocería.

El film es una maravillosa evocación de aquel período, afectuoso y preciso. Y no preciso en el sentido de ser casi documental, sino de dar una sensación real de lo que era hacer películas cuando todas las reglas aún estaban siendo escritas, cuando el cine no estaba restringido por el sonido, y era una aventura. Cuán maravilloso habría sido formar parte de eso.

 

¿Por qué las proyecciones como las que presenta Photoplay son todavía relevantes? Más allá de la naturaleza inusual del evento, las películas que se exhiben parecen hazañas en comparación a las comodidades digitales que existen actualmente.

La gran demostración que puede hacerse es que el cine mudo era un arte. No era un paso previo al cine sonoro, fue en su propia dirección y en un corto período creó un arte mayor que después se perdió. Y creo que es cierto que cuando realizamos presentaciones podemos hacerlas de la manera más sofisticada que podía pensarse en la década del veinte. El cine perdió mucho en las últimas dos o tres décadas: la idea de ver una película en un cine grande, con mil o más personas, compartiendo un evento, y no simplemente entrar a una caja de zapatos con un balde de pochoclo. Era un viaje al cine, un evento especial. Y estas son las películas-evento por excelencia, es una cosa comunitaria.

 

¿Cuáles serían sus tres cines favoritos de todos en los que Photoplay presentó películas?

Voy a sorprenderte con uno. El primero sería el Civic Theatre en Auckland, Nueva Zelanda, es un magnífico palacio de películas de la década del 20, decorado como si fuera un templo javanés, con una iluminación muy elaborada, esculturas, elefantes y tigres en las paredes, y el interior del auditorio tiene un techo que parece un domo, que es un cielo con estrellas, hermosamente atmosférico, y que cuando funciona su sistema las estrellas se mueven a través del cielo. Proyectamos muchas películas, y una función muy conmovedora fue la de El ladrón de Bagdag, porque se integró mucho en la mística oriental y exótica. Otro sería el Paramount Theatre en Oakland, que está apenas cruzando la bahía de San Francisco. Ese es otro edificio original de los, 20, de estilo art-deco, con un gran hall de entrada hermosamente decorado y 3 mil asientos. Allí pasamos Napoleón cuatro veces y fue colosal, una gran experiencia. Y el tercero estaría acá nomás, es el teatro Colón de Mar del Plata. No es un teatro muy grande, pero tiene un sonido hermoso y es genial para mostrar estas películas, porque el gran problema que uno tiene en estas funciones son las luces de la orquesta metiéndose en la pantalla, y eso puede dañar a la película o directamente arruinar una función. Esto no parece ser un problema con este teatro, porque la orquesta está ubicada en el suelo y no sobre el escenario. Está visible, pero su luz no interfiere con la pantalla. Cuando el año pasamos Los cuatro jinetes del apocalipsis la imagen era la mejor que vi de esa película siendo proyectada con una orquesta en vivo, y eso solamente puede sumar al efecto de la película, porque la reacción del público fue asombrosa.

 

Gente de cine

HOY, 20.30 I COL

DO 27, 20.30 I COL

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