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Isaki Lacuesta: 3 preguntas

Entre dos aguas es el reencuentro de Isaki Lacuesta con los personajes que retrató más de una década atrás en la hermosa La leyenda del tiempo. La película –que se llevó la Concha de Oro en el Festival de San Sebastián– es un juego fascinante sobre la relación entre realidad y la ficción.

 

 

 

¿Cuáles fueron las razones que te llevaron a retomar las vidas de los personajes de La leyenda del tiempo una década más tarde?

En La leyenda del tiempo rodamos a Isra y Cheíto pasando de ser niños a adolescentes, y ahora era el momento de seguir retratando su vida como adultos. Una de las posibilidades del cine que más me interesan es el retrato. De hecho, me extraña que no se hable del retrato más a menudo como un género cinematográfico, a semejanza de lo que sí ocurre en la pintura. Cuando empecé a pensar en La leyenda del tiempo, la imaginé como un primer intento de plasmar emociones, algo que antes no había hecho. Me hacía listas: nunca he filmado el deseo; nunca he filmado el miedo; sí he filmado a alguien mintiendo pero lo hice sin darme cuenta; no he filmado la tristeza, etc. Me acordaba de los repertorios de emociones que hicieron artistas como Hokusai o Meseserschmidt, el escultor. Y eso se me mezclaba con las ganas de filmar a lo largo del tiempo a alguien afín, por quien sintiera cariño y aprecio. El cine es una disciplina artística especialmente buena para plasmar el paso del tiempo, tal y como nos enseñó Truffaut con Léaud, pero también John Ford con John Wayne. Así que desde el principio tuve la fantasía de rodar a los hermanos Isra y Cheíto a lo largo de los años.

 

Las historias de los personajes son fuertes, pero también es clave su relación con el contexto y el ambiente al que pertenecen. ¿Cuánto de la realidad de los actores atraviesa la construcción de los personajes?

La película es un retrato de Isra y Cheíto, y de forma indisociable, de cómo es vivir en el barrio de la Casería en la Isla de León, San Fernando (Cádiz). Hemos partido de situaciones que ellos han vivido en primera persona y que ahora interpretan a través de una puesta en situación, y de recreaciones con puesta en escena, y de otras situaciones que no han vivido pero que forman parte de su imaginario más íntimo, de sus miedos, anhelos y esperanzas. En este sentido, un caso muy claro es el de la cárcel: Isra no ha estado nunca en la cárcel, pero ese miedo le ronda muy de cerca. La película empieza con dos líneas: una, con Cheíto como militar, cuando regresa a San Fernando después de una misión en África con la Armada Española, cosa que le había ocurrido realmente y que él interpreta como si ocurriera en presente con ciertas variaciones; y dos, con Isra saliendo de la cárcel, cosa que por suerte no ha ocurrido nunca y que es ficción. Como en todo retrato, hay un trabajo de condensación. Lo que interpretan Isra y Cheíto a veces son cosas que les han ocurrido a sus compañeros y familiares del barrio, o situaciones que ellos imaginan que podrían ocurrirles. Es el caso de la fantasía de Isra, tan frecuente en el barrio, de convertirse en traficante.

 

 

¿Es una posibilidad que dentro de muchos años vuelvas sobre la vida de los mismos personajes? 

La mitad de de mi cabeza sigue soñando con seguir filmando a Isra y Cheíto a lo largo de los años hasta que nos vayamos muriendo y la otra mitad preferiría salir corriendo y no meternos más en estos líos, porque no ha sido precisamente como si hubiéramos tenido una gran demanda de este tipo de películas. De hecho, acabo de recibir un mensaje de Isra diciéndome que tenemos que hacer pronto la tercera, pero creo que él, Cheíto y yo cambiamos de opinión a cada rato sobre este tema. En fin: si respondo lo que pienso en este momento exacto es que sí me gustaría.

 

 

Entre dos aguas
De Isaki Lacuesta
España, 2018
135’ / DCP / Color

 

 

Funciones

JU 15 - 9:00 - AUD 

JU 15 - 22:15 - AUD

VI 16 - 14:30 - AUD

 

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