«La idea era que el cine mudo volviera a las audiencias»

Se presentó al público el tercer libro editado por el Festival, "El caballo de hierro”. La ocasión reunión a dos profesionales de la restauración del cine mudo, quienes charlaron sobre las maravillas del cine mudo, y sobre la proeza de rescatar esas obras maestras que se encuentran en extinción. 

Fernando Martín Peña -director artístico del Festival- dio comienzo al encuentro en el que se presentó la impecable edición del libro "El caballo de hierro”. "En realidad es un folleto, un programa de mano. Pero lo atractivo es que es una reproducción facsimilar de la película de John Ford, de 1924”. 

El largometraje de Ford fue proyectado recientemente en esta edición del Festival, con música en vivo ejecutada por la Orquesta Sinfónica de Mar del Plata. La publicación incluye la traducción completa –que respeta el diseño original-, con fotos e ilustraciones, y un texto agregado que detalla cuestiones de rodaje y datos históricos, y que complementa la intención publicitaria del folleto original.
 
En el Salón Taberna del Torreón del Monje, Peña dialogó con el historiador Patrick Stanbury, y con Rob Byrne –director del San Francisco Silent Film Festival-, encargados de restaurar y proyectar films de directores de la talla de D. W. Griffith, Rex Ingram, Yasujiro Ozu, y otras obras de Ford. 

Stanbury y Byrne trabajan, además, en encontrar el clima ideal para las películas silentes que proyectan en San Francisco, en el cual uno de los factores más importantes es la experiencia de tener músicos en vivo. 

Lo definen como Live cinema, que es la combinación entre la proyección de imágenes y la música en vivo compuesta exclusivamente para la función. "Es una conjunción entre ópera, cine y teatro”, agrega Stanbury. "Nunca se sabe qué puede suceder. Es una experiencia única, nunca hay dos funciones iguales”. 

Byrne cuenta que el Festival de cine mudo de San Francisco comenzó como un sólo evento, y que lo que más querían era buscar un buen auditorio, un proyector de calidad, y una orquesta que musicalice la velada. "Queríamos ver si teníamos audiencia para el cine mudo. Nos sorprendimos gratamente; hoy el festival se extendió a 4 días, y agregamos eventos especiales”. 

La programación del festival busca abarcar la era total del período silente, los primeros 30 años de la cinematografía. La orquestación en vivo genera una sensación orgánica indisociable. "El cine y la música son como el maridaje entre el vino y la comida. Hay que saber elegirlos adecuadamente para que el resultado sea excepcional”. Para esta dupla de compañeros de trabajo, la parte musical es tan importante como la misma película. 

La selección realizada por Stanbury y Byrne para el festival consta de un proceso simultáneo: eligen las películas y la música casi al mismo tiempo, porque deben ver qué músicos encajan a la perfección con determinada producción. Desde un ensamble hasta una orquesta, las posibilidades existen en función del resultado adecuado. 


En materia de restauración -el otro trabajo que mantienen en paralelo- manifiestan que es un trabajo intenso y difícil de sostener.  Obras como Sherlock Holmes -filmada en 1916- o Behind the door -proyectada en la vigente edición del Festival- fueron recuperadas y restauradas con el máximo de calidad. "Decidimos que debíamos trabajar, expandirnos y mostrar películas que estuvieron perdidas por 100 años”, explica Byrne. "La idea del festival era que el cine mudo volviera a las audiencias”

Uno de sus trabajos más gratificantes fue el de la preparación y proyección de Napoleón, de Abel Gance. "Tuvimos numerosos desafíos. Problemas con los derechos, costos altísimos por la duración, y todo lo relacionado con los requerimientos técnicos”, explica Stanbury. La proyección final duró 8 horas -con tres proyectores simultáneos de 35 mm.- y contó con una orquesta de 55 músicos. Terminó en una ovación espectacular. 
"Si nos decían cuánto implicaba hacer este tipo de trabajos, no lo hubiésemos hecho. Pero escalamos esta montaña, hicimos cumbre, y fue magnífico”,  recuerda Stanbury. 

Ezequiel Vega

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