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Argentinos x 2

LA MIRADA VERDADERA

De todas las películas nacionales producidas en 2017, Al desierto e Invisible fueron las seleccionadas para representar al país en la Competencia Internacional de este año. Coinciden sus directores, Ulises Rosell y Pablo Giorgelli, en un cine de ficción con una impronta documental. Un cine sensible con una cámara cercana que advierte la lógica de que la mejor representación está sustentada en la verdad.
 

Al desierto relata la aventura de dos personajes dispares en los maravillosos y solitarios paisajes del sur patagónico. Un raid en el que el descubrimiento del otro se presenta forzado y las inclemencias del entorno los enfrenta con los límites de su propio autoconocimiento.

Invisible despliega la historia de Ely, una adolescente de 17 años que transita su vida como si fuese ajena a la mirada de los otros. Invisible es la protagonista a los ojos del mundo y también lo es el conflicto que se avecina. Con
una familia ausente, una madre depresiva y un Estado que se reconoce impotente, Ely intentará sortear el mutismo que la rodea.

Para comprender la génesis de estas dos obras que enriquecen la Competencia, acá están las palabras de los hacedores:

¿Por qué decidieron contar estas historias?

Ulises Rosell: Suele ser una combinación de factores. Comenzó como un proyecto de época. Era una historia de cautivas situada en la llanura pampeana, en las épocas de la frontera del Indio. Luego conocí Comodoro Rivadavia, esa ciudad petrolera y desangelada que, pese a todas las advertencias, me resultó fascinante por la agresividad con la que se manifiesta la naturaleza, y también por la gente que fui conociendo, que potenciaba ese empuje inicial y que me transmitían el entusiasmo de sumarse y ayudar a darle forma al proyecto.

Pablo Giorgelli: Nunca tengo tan claro cómo es que llega una historia hasta mí. Parte del origen tal vez haya tenido que ver con el interés que tuve y tengo por la cuestión de los vínculos familiares, la paternidad y la maternidad. Cuando el personaje principal se me revela como adolescente y como mujer, eso me transporta de algún modo a mi propia adolescencia, y entonces empecé a mirar la película desde ahí. Eso empezó a definir a casi todos los personajes, el universo, el punto de vista, el tono, la forma, los espacios en los que transcurre Invisible y, claro, el alma de la película. Para mí hacer una película es atravesar un proceso en el que voy descubriendo poco a poco cómo debe ser esa película que intuyo pero aún no conozco, y lo que fui encontrando es que esta película tenía que ser así: simple, directa, sin subrayados, sin trucos y, sobre todo, sin distracciones narrativas ni formales.
 




 
 
¿Cómo definirían la película?

Ulises Rosell: Es el tipo de propuesta que a mí me hacen meterme en una sala de cine por una cuestión de climas, escenarios, silencios, etc. Creo que hay un género de películas de desierto. Todos entendemos previamente hacia dónde se dirigen y qué podríamos esperar en términos sensoriales. Más allá del escenario en común, trabajan el conflicto por la supervivencia, el enfrentamiento del hombre con la naturaleza, el despojo de los orígenes. Si bien es un contexto ideal para películas de acción (desde los westerns a historias de persecución o "cacería humana"), me interesan las que aprovechan ese entorno para explorar personajes. Acá el conflicto es íntimo, con la historia personal y el pasado de cada uno. La estructura general es un viaje iniciático, una road movie, pero también un thriller. Hay una desaparición, una pareja de prófugos y una investigación. Y un secreto del que cada uno saldrá con su propia versión y que es esencial.
 
 




 
 
Pablo Giorgelli: Invisible es un retrato: el retrato de Ely, una adolescente de 17 años que queda embarazada y debe tomar una decisión. La película cuenta el proceso interior que ella transita durante esos días de su vida, y está contada exclusivamente desde el punto de vista del personaje. Es ella quien nos cuenta su historia. Es una película paciente, íntima, que se apoya en lo sensorial y que no juzga a su personaje sino que lo observa y lo acompaña; una película en la que mi trabajo como director debía pasar lo más desapercibido posible, aunque claramente se trata de una construcción, un artificio, una ficción. 
 

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