«Liebig» - Ecos de un pasado

Sensible e inteligente. El documental de Christian Ercolano, Liebig, nos transporta al pasado. Deja de lado la nostalgia gris y echa mano de la memoria de los protagonistas como recurso narrativo poderoso.

"¿Qué se escondía detrás de esa estructura derruida y abandonada?”. Esa fue la pregunta inicial que comenzó con la aventura de la realización del documental, por el año 2007. Un pueblo erigido a partir de una fábrica de extracto de carne, fundada en Entre Ríos a comienzos del siglo XX. En la década del ’70, como muchas otras empresas, cierra sus puertas. "La idea original del documental fue narrar a través de una historia colectiva fabril, un estado de detenimiento en un pasado glorioso. El estado actual e inalterado de Liebig nos generaba muchos interrogantes”, comenta Christian Ercolano.

Uno de los fuertes del documental es la elección de las declaraciones y los personajes que se presentan en pantalla. Ercolano logra perfilar claramente a sus entrevistados y explotar sus potencialidades en pos de un guion ameno y sin artificios. "Lo más interesante que encontramos en nuestra investigación fueron los pobladores de Liebig”, asegura su director. Y agrega: "La mayoría de ellos eran personas mayores que habían trabajado en la fábrica y que con gran predisposición nos narraban idílicamente lo que había sido el pueblo. En sus palabras y en su mirada podíamos entender que una parte de ellos todavía permanecía anclados a esos recuerdos felices”.

"El desafío que nos planteamos con los guionistas Gustavo Intrieri y Germán Loza, era elegir los mejores elementos para contar ese estado de pasividad, y hacerlo atractivo visual y narrativamente, mientras descifrábamos qué fue lo que había pasado en ese lugar tan próspero para terminar como un pueblo casi fantasma”. Resulta muy interesante el punto de vista que desarrollan para narrar las historias de los pobladores – en la actualidad, el pueblo cuenta con menos de 700 habitantes- como enorme metáfora de una Argentina que, en algún punto de la historia, dejó a pequeñas poblaciones basadas en la industria, a su propia suerte.

Además, en la película se logra una nostalgia positiva, a partir de la mirada a las vidas que se construyeron a partir de la "destrucción” de su cotidianeidad alrededor de la fábrica Liebig. A la hora de explicar las decisiones técnicas, Christian Ercolano asegura que "fue muy importante el registro sonoro de los testimonios, muchas veces en modo off the record, realizado por Santiago Crivelli”. Y agrega que en la búsqueda del nivel de verdad "con Alejandro Reynoso, cámara y DF, se eligió un registro no invasivo, ni controlado de las acciones de los personajes, pero sí riguroso en su registro fotográfico”.

El resultado es una película profunda que refleja una concienzuda investigación y una sensibilidad en el manejo de la observación documental. "La intención fue darle mayor naturalidad a los testimonios para utilizarlos en el montaje. A partir de ideas formales, técnicas, narrativas, sumadas a la investigación histórica, nos encontramos con muchísimas horas de material sumamente interesante. Todo este proceso de producción nos llevó casi dos años y medio de trabajo”, explica su director.

A la hora de hablar de su equipo de trabajo destaca la tarea de sus productores ejecutivos, Nuria Arnaud y Rodolfo Weisskirch, y el montaje, a cargo de Juan Pablo Docampo, y el sonido en postproducción de Gino Gelsi, en la creación de climas y espacios sonoros. "Lo más complejo en esta instancia, fue darle la estructura coral y en paralelo, hacer interesante la narración de la ilusión pasada y la inacción del presente”. Y agrega: "Partimos desde el inicio con la idea de contarlo a través de las voces de los personajes. Si bien era un trabajo riguroso y exhaustivo sabíamos que una voice over de un narradorextradiegético iba en contra de lo que queríamos hacer”. Por eso fueron alternando "el pasado glorioso, contado con secuencias de montaje fotográfico o fílmico, y la pasividad nostálgica del presente y de este modo hacer avanzar la narración a través de la mirada de los personajes”.

La ópera prima de Christian Ercolano promete una concepción distinta a la hora de contar el pasado, sin tristeza y sin golpes bajos. Pura observación de un presente que se desarrolla, y continúa, más allá de cierres de fábricas y olvidos políticos. "Desde mi lugar de realizador, la mejor experiencia fue haber podido captar la esencia de los protagonistas en esos momentos que se dan solo una vez, y no vuelven a repetirse”.

Agustina Salvador


 

 

 
Proyecciones:
Hoy, sáb 26, 20.30 - AMB 3
Dom 27, 12.10 - AMB 3

 

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