#QuiénEsQuién

Marcelo Alderete

Dicen de él que es una de las personas que más sabe de cine oriental –y del cine todo– en el país. También es uno de los programadores de este Festival, del que tiene una mirada integral. 

 

 

 

“Después de muchos años de trabajar en esto –un oficio del siglo XX como decía G. Caín–, puedo decir que hay dos tipos de programadores. Por un lado, el de los que de chicos vieron cine porque era lo que más les gustaba y su mundo se reducía a eso, y por esas vueltas de la vida ver cine se transformó en una profesión –más allá de lo que hayan estudiado o de sus trabajos previos–. Y es una suerte que les haya pasado, porque en la mayoría de los casos suelen ser gente inútil para la vida en general. Este sería el sector cinéfilo. Los otros, son los que llegaron a través de algún tipo de estudio relacionado con la cultura y que vieron que el cine, y los festivales en particular, eran una forma de pertenecer a ese mundo de la cultura y el arte. Para decirlo de una manera un poco más directa, unos están conectados al cine de un modo emocional y los otros de una forma más intelectual. Cada uno de esos grupos tiene sus cosas buenas y sus cosas malas. Y hay gente que, de alguna manera extraña, pertenece a ambos bandos. Obviamente no voy a decir a cuál pertenezco yo”. 

 

Así se presenta Marcelo Alderete, programador y crítico que entre 1999 y 2009 trabajó en BAFICI. También colaboró como programador invitado en MALBA Cine, la Sala Lugones del Teatro General San Martín, el MACBA (Museo de Arte Contemporáneo de Buenos Aires) y ANTOFADOCS (Festival Internacional de Cine Antofagasta, Chile). Además escribe en la revista Haciendo Cine y en el sitio web Encerrados Afuera. Alguien que, para realizar su tarea, “defiende” una película porque ve que “sus realizadores utilizan el cine como lo que es: un lenguaje y no una simple herramienta, u oficio, para contar historias de manera más o menos correctas”. 

 

Para esta edición del Festival, elige calificar la participación de Jean-Pierre Léaud como algo histórico. Y lo fundamenta sobradamente: “su figura como actor marca el comienzo de la Nouvelle Vague con Los 400 golpes (1959) y también el certificado de defunción de ese movimiento con La maman et la putain (1973). Es un actor que representa la modernidad del cine. Basta revisar su filmografía para darse cuenta de su importancia en la historia. Ya no quedan personajes así. Godard, Anna Karina y no muchos más…”.

 

 

 

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