Mejor Largometraje Argentino - «El aprendiz», de Tomás De Leone

En su ópera prima, Tomás De Leone elige retratar una historia construida desde el interior de su personaje, hacia el afuera profundo de un pueblo indiferente. Pablo, el protagonista, trabaja de aprendiz en una cocina, lugar que funciona como único refugio de sus sueños. Con un entorno familiar complejo y sus amigos que deciden ganarse la vida de manera non sancta, Pablo se debate entre la aceptación de su destino y el miedo a sus deseos. Con brillantes y sutiles actuaciones, El aprendiz despliega una insondable observación sobre las vacilaciones que cruzan la mente antes del inevitable salto al vacío.

¿Cómo fue tu acercamiento al tema de la película?

Empecé a escribir el guion con la misma perspectiva del mundo que tiene el personaje del film. Mucho deseo, muchas ganas, pero imposibilidad de poner todo eso en acción, de dar ese paso inicial. Por ese entonces viajé a Quequén -donde transcurre la película- y al ver esos escenarios, que combinan lo agreste y lo industrial, me pareció que había encontrado el marco de la película. La historia nació con esas primeras impresiones que tuve ahí. Un pueblo ventoso, portuario y algo despoblado. Tuve una conexión inmediata, porque esas imágenes escenificaban una sensación que yo llevaba conmigo. Cuando tuve el espacio, lo demás fue comenzar a seguir al personaje principal y el vagabundeo que tiene. Y digo vagabundeo, no por el hecho de caminar sin rumbo, sino por su falta de hoja de ruta.

Tu película trabaja sobre una violencia latente, los conflictos personales de un protagonista en busca de su identidad, y los desajustes a los que se enfrenta, ¿qué elementos tuviste en cuenta a la hora de la escritura del guion para lograrlo?

Quería es que los diálogos no fuesen una verbalización de lo que le pasa a los personajes. Quería evitar esos atajos. Que la narración en sí misma contase lo que les pasa. Es por eso que hay una serie de situaciones en la película que pueden parecer cotidianas, comunes y silvestres, pero que son atravesadas por la violencia, pero en forma asordinada. De hecho, creo que la película es un drama asordinado. Los personajes hacen un gran consumo de energía para reprimir lo que está sucediendo. Y el personaje principal, Pablo, está metido en esa lógica. Hasta que aparece Mercedes -Malena Sánchez- y propone otro modo. Otro modo de estar y de vincularse con el mundo. Y eso es muy subversivo para Pablo. Elegir el modo en que nos relacionamos con los demás es un ejercicio de compromiso muy grande con uno mismo. Yo creo que Pablo transita ese camino, el de entregarse a sí mismo para poder darse a los demás, que no es otra cosa que un ejercicio de autoafirmación.

Los climas son asfixiantes, pero están construidos sobre una máxima minimalista, con pocos, pero elocuentes diálogos. ¿Cómo fue esa búsqueda y qué decisiones técnicas tomaste para acompañar esta máxima?

El trabajo con lo que entendemos por Climas, aparece cuando elegimos construir el relato cinematográfico despojándonos de lo más explicativo de los diálogos. La mitad de las frases del film se las robé a mis amigos de la adolescencia. Ese hablar sin nunca decir del todo el sentido completo de aquello a lo que nos referimos. Se puede entender como diálogo elusivo, pero no lo es. Es un diálogo muy fuerte, muy expresivo y que en general es un elemento cohesionador y coercitivo de los grupos. Una vez que estos diálogos están presentes, la película tiene que potenciar ejes estéticos para seguir construyendo en este sentido: hago sentir al espectador, pero tal vez le retaceo información. El film tiene una narrativa bastante clásica, pero lo que buscaba era que estos climas fuesen el trampolín del argumento, y no meramente la sonorización, o el encuadre de la acción.

¿Cómo fue la experiencia del rodaje de tu ópera prima?

Sufrida y positiva, como no puede ser de otro modo.

¿De qué manera trabajaste con los actores para lograr interpretaciones tan realistas?

Desde el casting ya sabía que no se puede trabajar con actores de una sola manera. Así como uno no se relaciona del mismo modo con todos sus amigos. Hay actores que piden mucha información, hay actores que crecen con la retoma, hay actores que sólo necesitan ser guiados. Una vez más creo que dirigir es saber cuándo aceptar las cosas como vienen y cuando plantarse, decir así, no. Si el actor es inteligente se da cuenta muy rápido que sólo estás ahí para mejorar su desempeño.

A. S.

 


 

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