Competencia Latinoamericana

Mejor largometraje ex aequo - «Baronesa» y «Cocote»

Andreia y Leidiane son vecinas en una favela en Belo Horizonte. Con una cámara que escapa la condescendencia y los estereotipos, Antunez muestra la cotidianeidad de sus personajes como quien habita y conversa con ellos. Con una notable actuación de Andreia Pereira de Sousa, Baronesa consigue acercarse desde un universo marcado por las mujeres a la frecuentada problemática de la desigualdad social a través de una asombrosa e intimista mirada personal.  
 
¿Cómo surge la idea de filmar Baronesa?

Hay un nombre de mujer en todo colectivo que parte hacia las zonas alejadas del centro de Belo Horizonte. En el centro de la ciudad se ven nombres impresos en los colectivos. Jaqueline, Juliana, Regina, Katia, Lindéia, Bethânia, Cristina, entre muchos otros. La curiosidad que despiertan estos barrios con nombres de mujer hizo que surgiera la idea de investigar un poco más. Mediante el estudio del transporte público de Belo Horizonte, logramos catalogar unos veinte barrios con nombres femeninos. Seleccionamos algunos y colocamos avisos en la calle y repartimos folletos buscando personas dispuestas a ser entrevistadas, aunque sin mucho éxito, excepto por el caso del barrio Juliana, en el que habíamos pegado un afiche junto a una peluquería. El primer encuentro fue con la estilista Pamela, que nos dio la bienvenida y nos llevó a conocer el barrio y a algunos vecinos. La peluquería, un lugar típicamente habitado por mujeres, guarda la angustia que sienten ante el tedio de la rutina, pero también sirve para que se pongan al día y se despojen de las ataduras sociales. Tras años de acudir a la peluquería de Pamela, una clienta llamó mi atención: Andreia entró un día, me miró a través del espejo y luego se fue. Desde entonces, la busqué por toda Vila Mariquinha. Andreia. Consintió en filmar la película con una condición: que me mudara a la favela y fuera su vecina. Acepté. Cuando finalmente me mudé, explotó una guerra y eso cambió por completo la dirección de la película.
 
 
 
 Las actuaciones están muy logradas ¿Cómo fue la experiencia del rodaje y el trabajo con los actores?

El casting duró años. No tomarse el tiempo para elegir a los actores es uno de los errores más graves que se pueden cometer en el cine. Además, ensayamos mucho. Grabamos las escenas una y otra vez, durante meses. Nos juntábamos a tomar una cerveza y a hablar de la vida y de la película. La inmersión fue fundamental para el proceso. Hubo algo de suerte, también.
 
Hay en la película un peculiar tratamiento de la violencia, que aparece siempre presente pero fuera de campo, referida pero no mostrada ¿Esa idea estuvo desde un principio?

No. Era una película sobre ser mujer en la periferia. Por supuesto que la violencia está siempre presente, porque no es fácil ser mujer en Brasil, en especial, en la favela. Una pregunta que siempre está conmigo es: ¿adónde va la violencia? El deseo de encontrarle una explicación a la violencia cíclica siempre está.

La película aborda de un modo no convencional un tema siempre problemático y sensible que es la representación de los sectores más olvidados por la política ¿Cómo fue la recepción de la película en este sentido?

Este ha sido un año de obstáculos y retrocesos. A diario tenemos que luchar por derechos básicos que nos han sido robados en un abrir y cerrar de ojos. La etapa oscura que atraviesa nuestro país es una amenaza que crece día a día para todos como individuos. La película habla de eso todo el tiempo, a pesar de que se filmó antes del golpe. Por desgracia, estamos frente a una sociedad apática, anestesiada. La mayor reacción del público ha sido aquella en relación al feminismo: somos mujeres frente a las cámaras y detrás de ellas, algo que no se ve mucho en Brasil.

¿En qué proyecto estás trabajando actualmente?

Estoy trabajando en un nuevo largometraje llamado Hit and Go Copacabana. Trata sobre dos amigas, Paulinha y Priscila, que emprenden un viaje a Río de Janeiro. En ese viaje una de ellas se encuentra con un viejo amor, lo que va a hacer cambiar la relación entre ellas. 
 
Gustavo Toba
 
 
 
 
Luego de Santa Teresa y otras historias, vuelve al Festival con Cocote, su primera película de ficción, aunque como él mismo dice, “todo es ficción”. Esta vez sigue de cerca a un personaje que irrumpe en la cotidianeidad de una República Dominicana hambrienta por entender la suerte de su realidad. Encarnado en Alberto, el protagonista que vuelve a su pueblo para el entierro de su padre, el foco disruptivo y narrativo es la pesquisa de las palabras de la gente, que vive el día a día de una situación apremiante de injusticias sociales. “Basta de silencios, la gente quiere hablar”.  

¿Cómo surge la idea de tu primera película de ficción?

Cada proyecto que hago desarrolla un mundo, y allí surgen sus propias ideas políticas y estéticas. Cocote, si bien continúa con mi búsqueda de pensar la representación y retarla de una u otra forma hacia nuevas manifestaciones, no podía tomar otro camino más que el de contar su historia como lo hace. Creo que Cocote es el resultado de exponernos como entidad cultural, política y estética entre ellos y yo. República Dominicana tiene sus formas de lidiar con las historias y sus hechos. Pensar la violencia en mi país tenía que venir con su propio imaginario, uno muy especial, caótico y lleno de historias interrumpidas.

En Cocote hay una impronta y una marca documentalista por la cercanía a los personajes ¿Cómo trabajaste ese aspecto de tu película?

Creo que tengo una forma de trabajo de caras distintas. La gente siempre me habla o se enoja con mi trabajo por la mezcla de colores y formatos. Esto que hablas del documental -que también tiene que ver con una película que no determina un punto estético definido; que tiene formas muy distintas de trabajar la puesta escena, con tomas muy cuidadas y otras veces tomas muy feas-, tiene que ver directamente con mi divorcio respecto de las posturas cómodas que tiene actualmente ese cine latinoamericano que tan poco me estimula. A pesar de que el Caribe ha querido eliminar su narrativa en relación a las grandes historias continentales, esta es una zona de resistencia que siempre ha luchado y donde todas estas ideas de raza, imperio y capitalismo como las conocemos comenzaron aquí. Por eso esta película no tiene blanco y negro: colores, distintos formatos, documental y ficción. Esa es su lengua, mulata y caribeña, y es la que yo hablo, y ya no sé qué es eso de documental y ficción. Para mi es cine…. mi cine.
 

Cocote se interna en las entrañas de las injusticias humanas y en la búsqueda de respuestas en la religión. ¿Qué elementos tuviste en cuenta desde el guion para construir a tu personaje principal, hilo conductor de una indagación personal pero a la vez universal?

Estaba representando personas poca representadas, incluyéndome a mí mismo. Lo único que tenía presente todo el tiempo era el respeto y la posibilidad de hablar estas cuestiones que nos afectan como país. Y que para los distintos sectores que aquí expresan su idea de mundo Cocote fuera su plataforma, y que ellos decidieran si era a través de risas, llantos, gritando, bailando, pero nunca en silencio. Basta del silencio, la gente quiere hablar, y aquí se quiere hablar, y eso era lo que siempre tenía en mente desde el día que comencé este proyecto.

En Santa Teresa y otras historias te centrabas en México. Cocote retrata tu país. Pero las dos hablan de una violencia latente, producto de injusticias históricas ¿Creés que ambas producciones dialogan en este y otros puntos?

Totalmente. Creo que ambas películas tendrán distintas formas de expresión, pero de una u otra forma hablan de las mismas carencias. Es que se nos ha querido separar y las élites que sólo han perpetuado un estado colonialista han hecho muy bien su trabajo. Cuando Cocote se enseñe en Mar del Plata, la gente verá esta realidad tan lejos... Al preguntarme esto, al menos me da la esperanza de que dentro de este microuniverso que soy yo como artista, podemos encontrar similitudes -porque las tenemos- en países que parecerían ajenos y que comparten una realidad histórica. Lo importante en  la idea de comunidad es la tolerancia y la solidaridad, y el simple hecho de expresar las realidades de cada uno de nosotros es importante para un diálogo en el futuro,  y que se puedan traducir en nuestros sistemas jurídicos. Que pueda existir un poco más de tolerancia entre los países es lo menos a lo que la cultura puede aspirar. Me contenta que eso pueda ser un posible.

Con Santa Teresa y otras historias ganaste la Competencia Latinoamericana en el 30° Festival. En el 31° fuiste Jurado. ¿Cuáles son tus expectativas acerca de la presentación de Cocote en un Festival que ya te resulta muy cercano?

Tengo entendido que cuando Santa Teresa se presentó, la gente se iba de las salas. Algunos críticos dudaban sobre si eso era cine. Obvio que dentro de mi realidad, donde vivo con lo mínimo, el dinero representa un respiro; pero para decirte la verdad, mi verdadero anhelo este año es poder ir y defender Cocote; enfrentarme con un país donde tengo muchos amigos pero que a la vez considero muy peligroso culturalmente, que desde su headquarter es un Buenos Aires que juega a ser Latinoamérica o Europa, dependiendo de con quién hable.
 
 
Agustina Salvador
 

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