Competencia Latinoamericana

Mención especial - «La telenovela errante»

El nombre de Raúl Ruiz no precisa demasiada presentación. Veintisiete años después de haber sido rodada, y codirigida por Ruiz y su viuda y directora Valeria Sarmiento, la actriz Chamila Rodríguez, el montajista Galut Alarcón y la propia Sarmiento rescatan La telenovela errante, una hilarante y mordaz mirada sobre la emergente sociedad post-Pinochet y una muestra más de la originalidad, la lucidez y la irreverencia propias del más grande de los directores chilenos.     
 
“La realidad chilena no existe, más bien es un conjunto de teleseries”. La definición de Ruíz funciona como punto de partida e hilo conductor de una película provocativa y maldita, llena de sarcasmo y estructurada por momentos a la deriva del capricho surrealista y la intuición despiadada. 

Como con toda obra inconclusa y póstuma, las especulaciones y los interrogantes resultan inevitables -¿cuál hubiese sido el corte final que le hubiera dado Ruíz a esas casi cuatro horas de material fílmico?-, pero en este caso el rescate, además de mostrar los dotes de Valeria Sarmiento como directora y montajista, deja la grata sensación de acceder al encuentro, una vez más, de la cosmovisión de este notable director-autor. En la afectación de esta puesta en escena telenovelesca, el cliché es observado bajo la matriz del delirio y las situaciones absurdas.
 

 
 
Surgida en el contexto de un taller de actuación y con un elenco formado en gran parte por actores de televisión, la puerilidad se da la mano con la coyuntura chilena de la vuelta democrática -el retorno de los exiliados, la sátira de una izquierda pacata, el oportunismo político- y con una cotidianeidad formateada según las leyes de las “latas” televisivas.

La telenovela errante retoma ciertos postulados teóricos contemporáneos a su realización respecto del poder y la tiranía del mundo televisivo –la realidad como simulacro, la representación como cristalización de un mundo acrítico, el recurso a la metaficción- que nos recuerdan que Ruiz fue no sólo un notable director sino también un agudo pensador de la imagen.

Gustavo Toba

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