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3 preguntas a Ben Rivers

Hablamos con el director de Look Then Below, película que integra la Competencia Estados Alterados del Festival.
3 preguntas a Ben Rivers

Esta trilogía de películas tiene dos elementos fuertes que las construyen: las asombrosas vistas de las localizaciones y los lugares ficticios a los que las transportan las historias de Mark von Schlegell. ¿Buscan los lugares apropiados para las historias o ambos crean las historias basándose en las ubicaciones?
Varía entre las tres películas, pero en general los lugares son lo primero y, durante el rodaje, comienzo a imaginar una narrativa muy tosca. Luego le llevo estos pensamientos a Mark y comenzamos el proceso de construir la narrativa y la estructura. En Slow Action no le dije dónde estaba filmando, así que le di los ingredientes para las narrativas, pero no sabía nada sobre los lugares: hay cuatro islas y por eso escribió cuatro historias libremente, que luego cambié un poco para que encajaran en diferentes lugares. Cuando filmé Biosphere 2 en Arizona, no sabía que iba a ser una continuación de Slow Action. Mientras estaba allí, imaginé el escenario de una última mujer en la Tierra y le pedí a Mark que volviéramos a trabajar juntos, y así surgió Urth. Para Look Then Below, me encargaron hacer una película en mi condado natal de Somerset, que tiene unas cuevas hermosas. Quería sumergirme en ellas e imaginar una futura raza de seres que se han convertido en pensamientos puros que son comunicados en canciones. ¡Era hora de pedirle a Mark que completara la trilogía!
 

Esta película parece influenciada por elementos y obras que van mucho más allá del cine. ¿Hay libros, música y pintura detrás de las imágenes que creaste?
Al comienzo de nuestro proceso, Mark y yo siempre comenzamos intercambiando libros que creemos que deberíamos leer; por ejemplo, The Coming Race, de Edward Bulwer-Lytton, o Viaje al centro de la Tierra, de Julio Verne. Esta última tiene grabados de Edouard Riou que envié junto con otras imágenes de referencia a Georgi Stamenov, quien creó las imágenes CG. También miré muchas pinturas de cuevas, particularmente de fines del siglo XIX, que es de donde provienen la mayoría de nuestras referencias literarias, una época en la que a los escritores les encantaba imaginar lugares desconocidos en la Tierra. También había cuevas de hielo reales en las que no podía filmar, así que las recreé en el congelador de mi heladera. La música también juega un papel importante. Christina Vantzou pensaba de forma integral cómo crear el paisaje sonoro para las cuevas y organizar las voces del coro que se comunican desde las rocas fosforescentes. Siempre escucho mucha música cuando pienso en películas y también cuando estoy editando, lo que afecta el ritmo y la sensación general. Para esta película escuché mucho la música de Christina, así como a otros artistas que usan zumbido y voz, como Kali Malone, Sarah Davachi y Aine O’Dwyer.

 
¿Creés que los encierros y el distanciamiento social están agregando una nueva capa a la experiencia de ver esta película u otras que dirigiste? La sensación de evocar o imaginar otro mundo parece ahora más habitual…
Posiblemente. Esta película parece bastante apropiada para que estemos atrapados en nuestras propias cuevas en casa, pero nada supera a la cueva social del cine. En la película imaginé a un grupo de humanos viviendo bajo la tierra, que evolucionan por milenios hasta el punto en que ya no tienen cuerpos, pero sigue siendo en gran medida un colectivo. La idea de “distanciamiento social”, y la forma en que ese término se ha adoptado tan fácilmente en todo el mundo, es muy desconcertante. Supongo que prefiero no pensar en cómo se han beneficiado mis películas.