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3 preguntas a Camilo Restrepo

Conversamos con el director de Los conductos, una de las películas que integran la Competencia Latinoamericana.
3 preguntas a Camilo Restrepo

¿Cómo fue el diálogo con Pinky a la hora de planear la historia y la manera en que sería contada? ¿Él solo intervino en el argumento o también aportó ideas en otros aspectos de la película?
Comenzamos con un ejercicio de memoria en el que Pinky me transmitía su experiencia en la secta religiosa y me hablaba de su deseo de venganza. De ahí surgieron los textos de su voz en la película. Luego hablamos de la manera en que su personaje viviría después de haber matado al líder religioso. Lo que imaginábamos se parecía a la situación que Pinky vivía realmente durante los años de la preparación de la película: drogadicción, trabajos en fábricas clandestinas, ocupación de locales abandonados para dormir… Descubrimos así que el porvenir ideal que Pinky había creído poder alcanzar tras su venganza no le deparaba mayores perspectivas de vida que las actuales. Un futuro mejor quedaba por inventar. Ese futuro no está en la película, pues en aquel momento ninguno de los dos fuimos capaces de imaginarlo. En su lugar, decidí incluir un trasfondo histórico en el que otros personajes permitirían reflexionar sobre la confusión de los valores morales en una sociedad en la que es difícil discernir entre el bien y el mal, y la mentira y la manipulación sirven para subyugar a jóvenes como Pinky.


En algunas entrevistas has mencionado tu formación proveniente de las bellas artes. ¿Qué influencias de estas disciplinas podrías identificar en Los conductos?
Durante muchos años estudié pintura. Para mí, la pintura no es únicamente un medio de representación, sino, ante todo, un campo en el que se manifiestan las cualidades plásticas de los materiales. Cómo entran en relación esos materiales es una pregunta que me formulo antes de interrogarme sobre aquello que representan. En mi práctica cinematográfica, intento conservar esa idea de expresión material por encima de la función representativa de la película. Quiero decir que intento resaltar la materialidad de la luz, del color, de las formas, del soporte de filmación, del sonido, de la palabra, de la duración y de la presencia humana, sin subordinar su uso a las necesidades narrativas de la historia. En Los conductos existe entonces una tendencia que podríamos llamar abstracta, evidente en los momentos en los que los colores y las formas se asocian libremente. Pensemos, por ejemplo, en la escena en que un hueco de bala se convierte en un tanque de gasolina, o cuando la luna se transforma en la farola de una moto.

¿Podría existir una secuela para esta historia? ¿Cómo la imaginás?
La historia de Los conductos podría resumirse con las últimas frases del poema de Gonzalo Arango al final de la película: “¿No habrá manera de que Colombia, en vez de matar a sus hijos, los haga dignos de vivir? Si Colombia no puede responder a esta pregunta, entonces profetizo una desgracia: Desquite resucitará, y la tierra se volverá a regar de sangre, dolor y lágrimas”.