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3 preguntas a Clarisa Navas

La directora de Hoy partido a las 3 nos habla de Las Mil y Una, su nueva película, que integra la Competencia Internacional.
3 preguntas a Clarisa Navas

Tu pasado como jugadora de básquet se une al presente de Sofía Cabrera (Iris en la película). ¿Cuánto de autobiográfico hay en las historias y los personajes?
Creo que la ficción permite siempre una distancia prudente; hay una dimensión ética que para mí tiene que ver con la prudencia. Para poder acercarse a historias tan personales y que todas esas sensibilidades pasen por el cuerpo singular y así devengan en un nosotrxs plural que toque a otrxs, hay un juego de distancias y cercanías que se tiene que dar. Sobre todo porque en Las Mil y Una cada actore que aparece tiene alguna experiencia de vida muy cercana a ese mundo, y para crear un cine que “empotencie” también a quienes lo hacen. Para ir a lo simple del básquet, siempre jugué contra Sofía, la actriz que interpreta a Iris, y durante años no hubo siesta que no fuéramos a tirar a esa misma canchita que aparece en la película.


De la inmensa riqueza de interacciones que hay en la película, es singular –y en muchos casos opuesto– el trato que tienen tus protagonistas con sus padres. ¿Cuál fue la búsqueda en este aspecto?
Las dinámicas con las familias siempre son universos muy particulares y me interesaba construir esa idea de cómo en un mismo barrio conviven tantos mundos paralelos. Muchas veces, cuando hablamos o miramos con categorías (clase, género, etcétera), tendemos a uniformizar mucho: se uniformizan los barrios, las periferias, los centros… Y esas dinámicas con los padres para mí van mucho más allá de estas categorías, son modos únicos de relación que se dan de forma muy diversa. En el caso del barrio Las Mil hay desde una madre que entiende como puede a sus hijos, sin teoría pero con mucho amor, hasta la madre de Renata, que es sorda –aunque Renata dice que el chisme igual le llega–, y el padre de Iris, al que nunca se lo ve pero existe (pregunta detrás de una puerta si ella está bien).


¿Trabajaste con un guion preciso o la interacción con el elenco terminó de darle forma a la película?
Hubo un guion muy preciso, pero lo suficientemente poroso para ir modificándose hasta el día antes de la primera jornada de rodaje. A mí me gusta que los guiones se vayan impregnando de todo lo que sucede en esos meses previos en los que nos dedicamos a ensayar o a construir tramas afectivas que luego llevan a pensar también imágenes y sonidos justos para todo eso que sucede. Creo que los guiones que escribo se van convirtiendo en una especie de diarios, y llegan al rodaje llenos de gestos y fuerzas (del elenco y de todas esas interacciones) que nos recuerdan hacia dónde ir cuando todo se vuelve una locura con tan poco tiempo. En el caso de esta película fueron tres semanas, entonces ahí no hay forma de improvisar; es tan poco tiempo que hay que tener muy claro el camino hacia donde vamos.