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3 preguntas a Claudia Carreño

Conversamos con la directora de Cartas de una fanática de Whistler a un fanático de Conrad, que integra la Competencia Estados Alterados.
3 preguntas a Claudia Carreño

¿Qué te llevó a realizar esta película? ¿El material de Valparaíso registrado se grabó especialmente o es algo que ya tenías?
Varias cosas que confluyeron misteriosamente, pero en un sentido amplio podría decir que fue la curiosidad. El proceso de investigación fue el que impulsó la película. En algún momento alguien me preguntó por qué mejor no hacer un libro con mi investigación, pero esa nunca fue una opción. Había algo que quería decir que en un libro, aunque tuviera ilustraciones, al menos yo no iba a ser capaz de transmitir. No sé bien qué es ese “algo”, pero creo que tiene que ver con la posibilidad de cuestionar la mirada y la imagen misma, contraponer contextos en una composición, el contexto de las pinturas que estaba mirando y el de nuestro presente, ambos umbrales. Tal vez el sentimiento de habitar el umbral de un período y el anacronismo, un derrotero más para hablar tanto del lenguaje como del amor a los oficios, fueron mis intereses para hacer esta película. Las imágenes fueron registradas para el film, las fui grabando durante el montaje (escritura), respondiendo a búsquedas que emergieron en ese proceso.


La película está claramente pensada desde el montaje de todas estas imágenes en diferentes texturas y soportes, los cuadros mismos de Whistler y artículos de diarios. ¿Cómo encaraste la película desde el montaje?
Este es el primer largometraje que monto sola. En este proceso descubrí que el montaje me gusta tanto como pintar –tal vez más–, y me son muy similares. Desde ese descubrimiento, encarar el montaje de esta película fue como pintarla, un trabajo de mucha composición. Si bien la investigación fue una etapa muy importante, llegó un momento en que tenía tanta información que no podía seguir sin encarar el montaje, amenazaba el riesgo del terrible bloqueo de la tela en blanco. Tuve la suerte de ir a un laboratorio donde me pidieron un pequeño montaje. Pero el que presenté era tan malo que Mariano Llinás me pidió que hiciera otro, y fue ahí, luego del esfuerzo que hice para presentar algo mejor, cuando vi “algo”, un asomo de película (este montaje está incluido en Cartas). Desde ese momento no paré, seguí montado a partir de las imágenes que fui capturando y de otras que me fui apropiando, buscando que dialogaran con mi investigación y con mis emociones.


La película incluye imágenes en video analógico de un viaje accidentado a la Antártida. ¿Qué te llevó a incluirlas en la película?
Como plantea de forma tan bella Mary Jiménez en Del verbo amar, las películas nunca son como uno las pensó. Antes de encarar el montaje pensé esta película de otra forma, yo quería grabar a una amiga arriba de un barco y que ella estuviera investigando a Whistler. Como ya sabemos, esto no ocurrió. Nunca obtuve fondos para financiar eso, evaluaban muy bien el proyecto, pero no me los daban. En la espera de los fondos fui imaginando el viaje que nunca hice, fue cobrando sentido la idea del “viaje de la víspera del viaje”. El cuadro Harmony in Blue and Silver: Trouville condensa para mí esta idea. El asunto es que estaba en eso, replanteándome la película, cuando mi padre me pidió digitalizar su video de la Antártida, un video que vi varias veces a regañadientes cuando era chica. Al verlo de adulta, me di cuenta de que parte de mi fantasía del viaje que nunca hice se sujetaba en imágenes-recuerdos de este video, que además esta vez me pareció hermosísimo, alucinantemente pictórico, y la historia del rescate es maravillosa: ahí estaba Conrad. Supe que no era necesario viajar.